Estreñimiento político

rodillas-altas-contra-estrenimiento--644x450Hablemos claro: Rajoy vive estreñido, porque hasta el cagar prefiere dejarlo para mañana. Confiaba en que todo se arreglara solo, en que la bonanza económica de otras tierras se transmitiese por ósmosis a España, y ahora se encuentra con que poniendo las elecciones el último día posible las semanas se le hacen largas, entre caídas bursátiles, amenazas financieras y descalabros políticos.

A los mercados, en el fondo, les da igual lo que salga en las elecciones de Cataluña. Lo que realmente pone nerviosos a los inversores internacionales, esos que ponen una crucecita junto a la palabra España para invertir o no, es que no haya un Gobierno capaz de tomar decisiones ni se espere que aparezca uno para la próxima legislatura, gane quien gane.

Lo que realmente convierte a España en un país de riesgo es la incapacidad para afrontar ningún problema, ni siquiera haciéndolo mal. ¿Hay que cambiar de modelo productivo? Pues esperamos a que resucite el ladrillo. ¿Hay que generar trabajo con mayor valor añadido? Pues nos felicitamos de  que el turismo de playa aumente, a costa del magreb, para emplear más camareros. ¿Hay que competir con China, y a ser posible en calidad y no en precios? Pues esperamos a que China se hunda sol.

¿Y si no hay dinero? Pues nos endeudamos, porque subir impuestos cabrea a mucha gente y bajar servicios cabrea también a mucha gente.

A lo mejor la democracia es el arte de gobernar cabreando a los menos posibles, pero hacerlo teniendo a todo el mundo contento no es gobernar, es hacer el primo, es profundizar en la injusticia dejándolo todo como está: en manos de cuatro amigos que defienden su corral mientras los de fuera no saben si apoyar a los refugiados, pedir su expulsión o emigrar ellos mismos.

Y en esas estamos…

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El problema hay que arreglarlo allí (esa tontería)

Presos palestinos

Cada vez que oigo que el problema de las migraciones masivas hay que resolverlo en los países de origen me echo la mano a la cabeza. Si no fuese porque se trata de una frase hueca, de un vulgar intento por poner la solución más lejos y evitar preguntas incómodas (como los que empezaban los cuentos diciendo que fue hace mucho tiempo y en un país lejano), pensaría que los que lo dicen lo hacen a mala fe.

Yo no sé si esta gente se da cuenta de lo que en realidad  propone…

¿Arreglar el problema allí? ¿Y eso qué significa? ¿Imponerles nuestras leyes? ¿Imponerles nuestras costumbres? ¿Cómo vamos a areglarlo, por ejemplo, sin una legislación que obligue a respetar a la mujer, que es el 51 % de la población, nada menos? ¿Cómo vamos a generar desarrollo en países con un difuso derecho  la propiedad?

¿Se dan cuenta de que lo planteado supone considerarlos menores de edad o algo similar? Vamos allí, revisamos sus leyes y su modo de vida y les decimos: esto es bueno, esto es malo, esto no se hace, nene, caca…

Cualquiera que fuese a otro país en esas condiciones sería tachado inmediatamente de colonialista o imperialista. ¿O es que se refieren a conceder pequeñas limosnas para construir una escuela o excavar un pozo? No lo creo…

Ahora que hemos visto lo que pasa cuando desaparecen sus dictadores, ¿pretendemos cambiar de un plumazo su sistema social, aunque sea tribal? ¿Pretendemos erradicar su corrupción si ni siquiera podemos hacerlo con la nuestra? ¿Somos tan soberbios que pretendemos arrogarnos el derecho a acabar con la soberanía de los demás y tutelarlos?

Yo ya no sé si es buenismo, estupidez o mala leche. No sé…

 

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Pacto y puñalada: la democracia en acción

Viriato en Zamora

Viriato en Zamora

Les mintieron a los tipos aquellos que entregaron a Viriato: Roma pagó traidores toda su puñetera vida, y siempre los pagó muy bien; lo que no paga Roma es idiotas.

Lo que pasa es que la frase quedaba bonita y se perpetuó a fuerza de repetirla, porque era una pena que la verdad estropease tanta hermosa sonoridad. “Roma vende hasta a su madre” también sonaba bien, también tenía ocho sílabas, y también encajaba en algunas coplas, pero la rima con “adre” siempre es más ingrata que con “ores”.
Y en esas seguimos aún, repitiendo frases necias, porque deben de rimar con algo que aún no hemos descubierto, o porque son frases que caben en un camión publicitario. Seguimos escuchando cosas como “respetar la voluntad popular”, que no puede ser ni más insensato, ni más falso, ni más revestido con sedas de hipocresía. El pueblo puede tener instintos o deseos, pero casi nunca se le conoció cosa que se pareciese a voluntad. Y cuando se le conoció, peor.
Seguimos escuchando cosas como “buscamos un pacto para una ciudad mejor”, cuando todo el problema, el real, estriba en que tú quieres la concejalía de urbanismo, que es donde está la pasta, y yo sólo te quiero dar la de cultura, que es donde están los tíos pesados dando conferencias. Lo de la ciudad mejor es para facilitar las rimas en “or”, siempre muy amables.
Escuchamos todavía cosas como “estamos tratando de aunar voluntades” y al oírlo nos queda la misma cara que al ver en el hospital a los cinco sobrinos del solterón rico. Que sí, que están allí para rezar por la pronta recuperación de su tío. ¿Quién iba a pensar otra cosa?
A ver si ahora, con l cosa de la informática y las nuevas tecnologías cambian las necesidades de los que acuñan todas estas frases y por casualidad, aunque sea pro casualidad, aparece alguna que tenga algo de cierto.
Yo sugiero “Game Over”. ¿Qué les parece?

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El día de la úlcera

La cueva de Alí Babá...

Nada nos quitará el ardor

Me temo que demasiada gente ha puesto demasiadas esperanzas en las elecciones de este domingo.

Me temo que demasiada gente, de pronto, como becerros primaverales, han olvidado sus experiencias y han empezado a creer en promesas electorales, cantos de regeneración y otras milongas porteñas.

Lo que está claro, sin embargo, es que después de las elecciones hay medio año, con verano de por medio, para hacer el paripé, unas elecciones generales y luego nada menos que cuatro años sin más elecciones: cuatro años de puñetera, lisa y radiante impunidad para los políticos.

¿No habíais caído? Por eso ocultan como locos sus futuros pactos: porque en cuanto pasen las generales de Noviembre podrán hacer y deshacer a su antojo, sin miedo y sin vergüenza, sin elecciones que les interrumpan salvo alguna cosilla suelta, como las gallegas o las vascas.

Y entonces, tras las generales, cuando por fin puedan constituir los ayuntamientos y las Autonomías como les dé la gana, o reajustar las ficciones actuales con las correspondientes mociones de censura, entonces sí, entonces podrán ya contratar a quien les dé la puta gana para parques y jardines, podrán decidir quién arregla las aceras y quién se queda con el bar de las piscinas, que es lo que realmente le interesa a los militantes de base.

Ese será el día de la úlcera: cuando comprendamos que tienen cuatro años para multiplicar los cargos, cuatro años para demostrarnos que una coalición significa multiplicar las pagas y las sillas, en vez de repartirlas, cuatro años para que la niña de Mengano trabaje en la Diputación y el chaval de Zutano le quite la plaza al tuyo, gran idiota, que aún creías otra cosa.

No digas luego que no te avisaron…

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La manera más tonta de ganar una apuesta

 

Apuestas tontas

Apuestas tontas

Este país es de traca. Hace nada, ya lo habrán leído, se personaron los representantes de UPyD en el Extremadura ante un notario, y depositaron un acta con los nombres de los ganadores de las oposiciones que se acaban de convocar en el Parlamento. Se presentaron cuatrocientas personas para cuatro plazas, y cuando han terminado las oposiciones, los de UpyD han ido al notario a abrir el sobre, ¡y los acertaron todos!. Con ocho meses de antelación. Eso es ojo, ¿eh?

O los de UPyD son unos prodigios del futurismo o las oposiciones estaban amañadas y los sabía todo el mundo, ¿verdad?

Pues a mí me ha pasado algo parecido, y se lo cuento.

Cuando estaban los de Podemos a punto de sacar su programa económico, se lanzaban múltiples conjeturas sobre el nivel de renta que los cerebros de ese partido considerarían elevado. Si, según ellos, los ricos son los que tienen que pagar más y hacer un mayor esfuerzo, hay que saber a partir de qué ingresos es uno rico, ¿no?

Discutiendo en el bar con unos amigos sobre esto, unos decían que se era rico ganando a partir de doscientos mil euros al año, y otros que a partir de treinta mil. Yo lo vi claro: para los de Podemos, rico iba a ser el que ganase un duro más que ellos. Como para cualquiera que le preguntes en  este país de mediocres y cainitas. ¿Y a qué se dedican los fundadores de Podemos?, pensé: a dar clase en la Universidad.

Pues estaba tirado: cogí el teléfono, llamé a una amiga que da clase en la Universidad y le pregunté cuanto ganaba, de media, un profesor universitario con cinco o seis trienios. Me dijo que entre cuarenta y cuarenta y cinco mil euros brutos al año, más o menos.

¿Y cual fue el tope que fijaron los de Podemos para ser rico? Cincuenta mil euros. ¡Bingo!

Vienen a decir que son la nueva política, y al final echan las mismas cuentas que el cabrón destripaterrones de toda la vida. Rico es el otro,. Rico es el que tiene más que yo. Ese que pague. Ese que se joda. Pero yo no…

¿A que es eso?

En este país es imposible perder una apuesta si puedes usar la variable envidia y la variable mala leche.

Imposible, oigan.

 

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Por qué influyen las encuestas

Encuesta arriba

Encuesta arriba

Hablemos claro: las encuestas sólo influyen a los bobos, que son, por lo general, los que tratan de averiguar qué es lo que opinan los demás para llegar a saber de ese modo lo que opinan ellos mismos. Estamos, por tanto, ante gente que ni tiene opinión propia ni el más mínimo criterio para llegar a formarla o defenderla y que espera a saber lo que otros pían para ellos cacarearlo.

Dicho esto, lo cierto es que se generan decenas de encuestas y que se invierte mucho dinero en crearlas, cocinarlas y manipularlas, de lo que cabe deducir que el número de los bobos influenciables es muy alto, o la confianza en ellos de quienes manejan los dineros es muy elevada.

¿Pero por qué influyen las encuestas? ¿Por qué saber el voto de los demás puede cambiar el de uno mismo? ¿Cual es la raíz de esa estupidez?

La respuesta pasa, en general, por el deseo de pertenencia al grupo vencedor, aunque no tenga nada que ver contigo y aunque te acabe dando por el saco. Por eso mismo, por ejemplo, muchos británicos receptores de ayudas públicas acaban de votar a un partido partidario de suprimir esas ayudas. Por eso, por ejemplo, hay tantos pobres que votan a la derecha: para poder decir que están con el grupo ganador.

¿No conocéis a nadie que ensalce la inteligencia para, a través de ese mecanismo, parecer él mismo inteligente? ¿No conocéis a nadie que alabe a los ricos para, de esa manera, parecer él rico? Es la misma historia.

Es la misma historia del tonto del pueblo envolviéndose en los colores del campeón de liga.

Para ganar por una vez. Para ser alguien, aunque sea una tarde. Para ganar una batalla, aunque sea contra su propia madre difunta. Para conseguir, en resumen, librarse de la idea de que es un pringado y llegar a convencerse, con el tiempo y dos orujos, que fueron los demás los que pensaron como él.

¿Qué no hay nadie tan bruto?

A millares: por eso las encuestas suman, siguen y no aciertan. Pero funcionan.

 

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Lecturas para candidatos que te desprecian

el-esclavo-y-la-princesa          No es un secreto para nadie que los candidatos de todos los partidos contratan asesores de imagen y toman clases de dicción y otras artes escenográficas a fin de convencer mejor al electorado. No es malo. No es malo en sí, o no sería catastrófico si el fin continuase siendo vender un programa, pero cuando los programas se desdibujan en favor de la imagen y las ideas van desapareciendo para convertirse en vaguedades del tipo “vamos a tratar de mejorar la situación de los parados y aumentar la rentabilidad de los empresarios”, sin decir cómo, ni a través de qué mecanismos van a lograr semejantes maravillas, uno se pregunta si el teatro no habrá pasado a ser un fin en sí mismo en lugar de un medio.

Dicen los que saben que esta nueva tendencia obedece a que el político debe dar en todo momento una imagen positiva de sí mismo y de su programa, y que la gente desconfía de todo aquello que no entiende. Por tanto, como es posible que cualquier idea esté al alcance de algunos, pero no de todos, hay que sustituirla por lo que esté al alcance del máximo número de potenciales votantes. O sea, lo primario, porque todo el mundo oye o ve, aunque no todo el mundo entiende.

Dicen también los entendidos que un buen discurso es aquel que cierra de antemano todas las objeciones y los razonamientos en contra, y que para ello no hay mejor sistema que construir un discurso absolutamente liso, sin relieve ni fisuras a los que puedan agarrarse los ganchos de las objeciones. O dicho de otro modo: para que no te lleven la contraria, lo mejor es decir cosas evidentes a las que nadie pueda oponerse.  Otra cosa sería si explicases tus procedimientos, pero, ¿quién te va a llevar la contraria si dices que quieres que los trabajadores vivan mejor y los empresarios ganen más? Ese es el truco: queremos paz, salud, trabajo y prosperidad para todos. Y que venga el guapo que se oponga.

Por tanto, tomen nota para no picar en semejante cebo: en los meses que vienen por delante vamos a escuchar montañas de obviedades, una tras otra, a las que no tendremos nada que decir. Nos bombardearán con sartas de tonterías, a veces a media voz, a veces a grito pelado, diciendo que el mundo tiene que ser un lugar mejor porque están trabajando en ello.

No nos dirán qué hacen ni cómo piensan lograrlo, pero lo repetirán una y otra vez, y muy convencidos.

¿Y saben por qué? Porque antes los políticos leían a Napoleón, a Julio César o a Maquiavelo para aprender de sus ideas o sus trucos. Ahora, en cambio, se han dado cuenta de que sólo necesitan leer el flautista de Hamelín.

Y les funciona.

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Ciudadanos no es la marca blanca del PP: es el cupón de descuento

ciudadanosYo te votaría, Rivera, sólo pro ser joven y catalán, a ver si así le da un infarto a unos cuantos y dejan de joder ya de una vez. Te votaría sólo por ese rumor que que dice que sabes inglés, y que si alguna vez nos representas en alguna parte vamos a dejar de hacer el cateto ridículo de llevar un traductor a las charlas informales de después de las reuniones oficiales. Te votaría sólo por ver rabiar a los del PP al quedarse sin los bares de las piscinas, las cafeterías de los hospitales, la renovación de las farolas, las obras de las aceras,y tantos otros abrevaderos que reparten entre los suyos como si fuese derecho divino desde tiempos del rey que rabió.

Por todo eso te votaría, Rivera, y lo sigo intentando, te lo juro, pero es que miro tus listas y tengo la impresión de que Ciudadanos no es la marca blanca del PP, como dicen algunos, sino un cupón de descuento con el que comprar dos por uno: te quedas con dos de los que nunca consiguieron entrar en las listas del PP (aunque lo intentaron con todas sus fuerzas) y te quitas a uno de los que sí lo consiguieron).

Si Darwin tenía razón y de algún modo sobreviven los mejores, votar a tu partido es contraevolutivo, porque has conseguido reunir en unas listas a todos los perdedores de la derecha, buena parte de sus resentidos, casi todos sus visionarios y un buen porcentaje de sus alpinistas. Y lo mismo sucede con el programa: ¿Hablas en alguna parte de reducir la administración pública o “eso ni se toca”? ¿Y qué nos dices de los impuestos, que nos vas a subir el IVA? ¿Y qué otro impuesto nos subes, para ser un liberal de pacotilla? Anda hombre…

Lo siento pero al PP ya no lo compro: ni en dos por uno ni en Tetrabrik. O alguien me ofrece una nueva fórmula que resulte creíble, o el crecepelo que tratáis de colocarnos lo vis a probar con el gato del profesor Bacterio. O alguien me ofrece una cara nueva, o la idea de cambiarme a los de siempre por los que siempre quisieron llegar pero no llegaban, no me resulta atractiva.

Mi plan B es largarme, no votaros a vosotros. Al menos mientras no cambiéis un poco…

Tiempo al tiempo.

Javier Pérez

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Gobierno de matones

Todo dientes

Todo dientes

Me la sudan los de Podemos. Eso vaya por delante.

Y aún así, lo que está haciendo el Gobierno con su vigilancia preventiva, su Estado de terror y su utilización de los instrumentos del Estado para atacar a los dirigentes de este partido me parece mucho más repugnante que cualquier irregularidad que les puedan encontrar en sus cuentas, o en las de sus abuelos, que seguro que y también están bajo la lupa.

Lo que no puedo pasar pro alto es que hayan publicado a lista Falciani, con miles de posibles defraudadores en Suiza (con casi 18.000 millones en juego), y casi toda la prensa dedicara sus portadas  a si Monedero tenía doscientos mil euros de más no sé dónde, por miedo a que el Gobierno les retire la publicidad institucional. ¿Es casual? No lo creo. Es sólo una prueba más de que vivimos en un país donde el Gobierno controla los medios de comunicación, como en cualquier subsidiaria de la Banana Fruit Company.

En esta país, de memoria tan corta, hay que decir de vez en cuando que no nos olvidamos. No nos olvidamos de que echaron a Pedro J. por elemento incómodo para el Gobierno, que echaron en poco tiempo al director de El País, y de la Vanguardia, que amenazan a las televisiones privadas con el regreso de la publicidad a la pública y que sólo la revista Interviú se ha atrevido a entrevistar a Bárcenas.

No nos olvidamos de que tratan de asustarmos con una dictadura bolivariana (quizás con razón) mientras ellos practican una dictadura de rancho y cortijo, con bofetada y escupitajo en la cara al que no se pliegue a sus caprichos.

Utilizar a Hacienda como policía política es propio de miserables. Las investigaciones preventivas son propias de canallas. Y filtrar todo lo anterior, además,es propio de hijos de puta.

De vez en cuando hay que decirlo.

Si estos son los que se dicen liberales, ¿qué coño serán los totalitarios?

 

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Los que te ayudan a no cumplir promesas indeseables

Un juego de incentivos

Un juego de incentivos

Se trata de un tema bastante complejo y poco conocido, pero la reciente victoria de Syriza en Grecia pone el viejo tema de actualidad: cuando ganas unas elecciones, necesitas a quien te ayude a cumplir una parte de tu programa y necesitas también quién te ayude a no cumplir otra parte, con los mínimos costes, de modo que tengas a quién echarle la culpa.

Al final, la idea central reside en ese principio químico según el cual una mezcla no tiene por qué mantener la naturaleza básica de ninguno de sus componentes y acaba comportándose como una sustancia distinta.

El Nuevo primer ministro griego tiene muy claras cuales son sus prioridades: una posición fuerte para renegociar la deuda y la liberación de su país de las garras extranjeras, vestidas en esta ocasión de Troika, También tiene muy claro qué parte de su programa no puede ni quiere cumplir, por ser incompartible con el resto de sus propuestas e incluso con el sentido común: abrir completamente las fronteras y ofrecer barra libre de servicios sociales a todo extranjero que ponga sus pies en el país.

Así las cosas, es inútil buscar explicaciones ideológicas al extraño pacto entre la izquierdista Syriza y el ultraconservador ANEL: se trata de un acuerdo de intereses. Si Syriza quiere mejorar las condiciones de vida de los griegos tiene que administrar muy bien los escasos recursos del país y no se puede permitir aumentar el denominador de la división permitiendo la entrada en el país a cientos de miles de nuevos pobres. Si ANEL quiere salir de la irrelevancia, tiene que poder ofrecer algo a sus electores, y tanto le da pactar con la izquierda como con cualquier otro, siempre que pueda ver cumplida una parte fundamental de su programa.

El pacto es natural: Syriza necesita alguien a quien cargar el mochuelo de su marcha atrás en política de inmigración y ANEL necesita a alguien que le ayude a colocarse en el centro del escenario. Si además coinciden, como es el caso, en la necesidad e recuperar de un modo u otro la soberanía nacional, no hay dificultades reales para el acuerdo.

El único problema es que la fusión entre socialistas reales y nacionaliistas reales tiene un nombre muy feo. Pero ni siquiera ese peligro parece acechar el nacimiento de la nueva coalición, porque ese nombre, tan desagradable, está copado por otras siglas con las que cuidadosamente nadie quiere negociar.

Así las cosas, todos contentos.

Cuestión de incentivos.

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