La manera más tonta de ganar una apuesta

 

Apuestas tontas

Apuestas tontas

Este país es de traca. Hace nada, ya lo habrán leído, se personaron los representantes de UPyD en el Extremadura ante un notario, y depositaron un acta con los nombres de los ganadores de las oposiciones que se acaban de convocar en el Parlamento. Se presentaron cuatrocientas personas para cuatro plazas, y cuando han terminado las oposiciones, los de UpyD han ido al notario a abrir el sobre, ¡y los acertaron todos!. Con ocho meses de antelación. Eso es ojo, ¿eh?

O los de UPyD son unos prodigios del futurismo o las oposiciones estaban amañadas y los sabía todo el mundo, ¿verdad?

Pues a mí me ha pasado algo parecido, y se lo cuento.

Cuando estaban los de Podemos a punto de sacar su programa económico, se lanzaban múltiples conjeturas sobre el nivel de renta que los cerebros de ese partido considerarían elevado. Si, según ellos, los ricos son los que tienen que pagar más y hacer un mayor esfuerzo, hay que saber a partir de qué ingresos es uno rico, ¿no?

Discutiendo en el bar con unos amigos sobre esto, unos decían que se era rico ganando a partir de doscientos mil euros al año, y otros que a partir de treinta mil. Yo lo vi claro: para los de Podemos, rico iba a ser el que ganase un duro más que ellos. Como para cualquiera que le preguntes en  este país de mediocres y cainitas. ¿Y a qué se dedican los fundadores de Podemos?, pensé: a dar clase en la Universidad.

Pues estaba tirado: cogí el teléfono, llamé a una amiga que da clase en la Universidad y le pregunté cuanto ganaba, de media, un profesor universitario con cinco o seis trienios. Me dijo que entre cuarenta y cuarenta y cinco mil euros brutos al año, más o menos.

¿Y cual fue el tope que fijaron los de Podemos para ser rico? Cincuenta mil euros. ¡Bingo!

Vienen a decir que son la nueva política, y al final echan las mismas cuentas que el cabrón destripaterrones de toda la vida. Rico es el otro,. Rico es el que tiene más que yo. Ese que pague. Ese que se joda. Pero yo no…

¿A que es eso?

En este país es imposible perder una apuesta si puedes usar la variable envidia y la variable mala leche.

Imposible, oigan.

 

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Por qué influyen las encuestas

Encuesta arriba

Encuesta arriba

Hablemos claro: las encuestas sólo influyen a los bobos, que son, por lo general, los que tratan de averiguar qué es lo que opinan los demás para llegar a saber de ese modo lo que opinan ellos mismos. Estamos, por tanto, ante gente que ni tiene opinión propia ni el más mínimo criterio para llegar a formarla o defenderla y que espera a saber lo que otros pían para ellos cacarearlo.

Dicho esto, lo cierto es que se generan decenas de encuestas y que se invierte mucho dinero en crearlas, cocinarlas y manipularlas, de lo que cabe deducir que el número de los bobos influenciables es muy alto, o la confianza en ellos de quienes manejan los dineros es muy elevada.

¿Pero por qué influyen las encuestas? ¿Por qué saber el voto de los demás puede cambiar el de uno mismo? ¿Cual es la raíz de esa estupidez?

La respuesta pasa, en general, por el deseo de pertenencia al grupo vencedor, aunque no tenga nada que ver contigo y aunque te acabe dando por el saco. Por eso mismo, por ejemplo, muchos británicos receptores de ayudas públicas acaban de votar a un partido partidario de suprimir esas ayudas. Por eso, por ejemplo, hay tantos pobres que votan a la derecha: para poder decir que están con el grupo ganador.

¿No conocéis a nadie que ensalce la inteligencia para, a través de ese mecanismo, parecer él mismo inteligente? ¿No conocéis a nadie que alabe a los ricos para, de esa manera, parecer él rico? Es la misma historia.

Es la misma historia del tonto del pueblo envolviéndose en los colores del campeón de liga.

Para ganar por una vez. Para ser alguien, aunque sea una tarde. Para ganar una batalla, aunque sea contra su propia madre difunta. Para conseguir, en resumen, librarse de la idea de que es un pringado y llegar a convencerse, con el tiempo y dos orujos, que fueron los demás los que pensaron como él.

¿Qué no hay nadie tan bruto?

A millares: por eso las encuestas suman, siguen y no aciertan. Pero funcionan.

 

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Lecturas para candidatos que te desprecian

el-esclavo-y-la-princesa          No es un secreto para nadie que los candidatos de todos los partidos contratan asesores de imagen y toman clases de dicción y otras artes escenográficas a fin de convencer mejor al electorado. No es malo. No es malo en sí, o no sería catastrófico si el fin continuase siendo vender un programa, pero cuando los programas se desdibujan en favor de la imagen y las ideas van desapareciendo para convertirse en vaguedades del tipo “vamos a tratar de mejorar la situación de los parados y aumentar la rentabilidad de los empresarios”, sin decir cómo, ni a través de qué mecanismos van a lograr semejantes maravillas, uno se pregunta si el teatro no habrá pasado a ser un fin en sí mismo en lugar de un medio.

Dicen los que saben que esta nueva tendencia obedece a que el político debe dar en todo momento una imagen positiva de sí mismo y de su programa, y que la gente desconfía de todo aquello que no entiende. Por tanto, como es posible que cualquier idea esté al alcance de algunos, pero no de todos, hay que sustituirla por lo que esté al alcance del máximo número de potenciales votantes. O sea, lo primario, porque todo el mundo oye o ve, aunque no todo el mundo entiende.

Dicen también los entendidos que un buen discurso es aquel que cierra de antemano todas las objeciones y los razonamientos en contra, y que para ello no hay mejor sistema que construir un discurso absolutamente liso, sin relieve ni fisuras a los que puedan agarrarse los ganchos de las objeciones. O dicho de otro modo: para que no te lleven la contraria, lo mejor es decir cosas evidentes a las que nadie pueda oponerse.  Otra cosa sería si explicases tus procedimientos, pero, ¿quién te va a llevar la contraria si dices que quieres que los trabajadores vivan mejor y los empresarios ganen más? Ese es el truco: queremos paz, salud, trabajo y prosperidad para todos. Y que venga el guapo que se oponga.

Por tanto, tomen nota para no picar en semejante cebo: en los meses que vienen por delante vamos a escuchar montañas de obviedades, una tras otra, a las que no tendremos nada que decir. Nos bombardearán con sartas de tonterías, a veces a media voz, a veces a grito pelado, diciendo que el mundo tiene que ser un lugar mejor porque están trabajando en ello.

No nos dirán qué hacen ni cómo piensan lograrlo, pero lo repetirán una y otra vez, y muy convencidos.

¿Y saben por qué? Porque antes los políticos leían a Napoleón, a Julio César o a Maquiavelo para aprender de sus ideas o sus trucos. Ahora, en cambio, se han dado cuenta de que sólo necesitan leer el flautista de Hamelín.

Y les funciona.

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Ciudadanos no es la marca blanca del PP: es el cupón de descuento

ciudadanosYo te votaría, Rivera, sólo pro ser joven y catalán, a ver si así le da un infarto a unos cuantos y dejan de joder ya de una vez. Te votaría sólo por ese rumor que que dice que sabes inglés, y que si alguna vez nos representas en alguna parte vamos a dejar de hacer el cateto ridículo de llevar un traductor a las charlas informales de después de las reuniones oficiales. Te votaría sólo por ver rabiar a los del PP al quedarse sin los bares de las piscinas, las cafeterías de los hospitales, la renovación de las farolas, las obras de las aceras,y tantos otros abrevaderos que reparten entre los suyos como si fuese derecho divino desde tiempos del rey que rabió.

Por todo eso te votaría, Rivera, y lo sigo intentando, te lo juro, pero es que miro tus listas y tengo la impresión de que Ciudadanos no es la marca blanca del PP, como dicen algunos, sino un cupón de descuento con el que comprar dos por uno: te quedas con dos de los que nunca consiguieron entrar en las listas del PP (aunque lo intentaron con todas sus fuerzas) y te quitas a uno de los que sí lo consiguieron).

Si Darwin tenía razón y de algún modo sobreviven los mejores, votar a tu partido es contraevolutivo, porque has conseguido reunir en unas listas a todos los perdedores de la derecha, buena parte de sus resentidos, casi todos sus visionarios y un buen porcentaje de sus alpinistas. Y lo mismo sucede con el programa: ¿Hablas en alguna parte de reducir la administración pública o “eso ni se toca”? ¿Y qué nos dices de los impuestos, que nos vas a subir el IVA? ¿Y qué otro impuesto nos subes, para ser un liberal de pacotilla? Anda hombre…

Lo siento pero al PP ya no lo compro: ni en dos por uno ni en Tetrabrik. O alguien me ofrece una nueva fórmula que resulte creíble, o el crecepelo que tratáis de colocarnos lo vis a probar con el gato del profesor Bacterio. O alguien me ofrece una cara nueva, o la idea de cambiarme a los de siempre por los que siempre quisieron llegar pero no llegaban, no me resulta atractiva.

Mi plan B es largarme, no votaros a vosotros. Al menos mientras no cambiéis un poco…

Tiempo al tiempo.

Javier Pérez

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Gobierno de matones

Todo dientes

Todo dientes

Me la sudan los de Podemos. Eso vaya por delante.

Y aún así, lo que está haciendo el Gobierno con su vigilancia preventiva, su Estado de terror y su utilización de los instrumentos del Estado para atacar a los dirigentes de este partido me parece mucho más repugnante que cualquier irregularidad que les puedan encontrar en sus cuentas, o en las de sus abuelos, que seguro que y también están bajo la lupa.

Lo que no puedo pasar pro alto es que hayan publicado a lista Falciani, con miles de posibles defraudadores en Suiza (con casi 18.000 millones en juego), y casi toda la prensa dedicara sus portadas  a si Monedero tenía doscientos mil euros de más no sé dónde, por miedo a que el Gobierno les retire la publicidad institucional. ¿Es casual? No lo creo. Es sólo una prueba más de que vivimos en un país donde el Gobierno controla los medios de comunicación, como en cualquier subsidiaria de la Banana Fruit Company.

En esta país, de memoria tan corta, hay que decir de vez en cuando que no nos olvidamos. No nos olvidamos de que echaron a Pedro J. por elemento incómodo para el Gobierno, que echaron en poco tiempo al director de El País, y de la Vanguardia, que amenazan a las televisiones privadas con el regreso de la publicidad a la pública y que sólo la revista Interviú se ha atrevido a entrevistar a Bárcenas.

No nos olvidamos de que tratan de asustarmos con una dictadura bolivariana (quizás con razón) mientras ellos practican una dictadura de rancho y cortijo, con bofetada y escupitajo en la cara al que no se pliegue a sus caprichos.

Utilizar a Hacienda como policía política es propio de miserables. Las investigaciones preventivas son propias de canallas. Y filtrar todo lo anterior, además,es propio de hijos de puta.

De vez en cuando hay que decirlo.

Si estos son los que se dicen liberales, ¿qué coño serán los totalitarios?

 

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Los que te ayudan a no cumplir promesas indeseables

Un juego de incentivos

Un juego de incentivos

Se trata de un tema bastante complejo y poco conocido, pero la reciente victoria de Syriza en Grecia pone el viejo tema de actualidad: cuando ganas unas elecciones, necesitas a quien te ayude a cumplir una parte de tu programa y necesitas también quién te ayude a no cumplir otra parte, con los mínimos costes, de modo que tengas a quién echarle la culpa.

Al final, la idea central reside en ese principio químico según el cual una mezcla no tiene por qué mantener la naturaleza básica de ninguno de sus componentes y acaba comportándose como una sustancia distinta.

El Nuevo primer ministro griego tiene muy claras cuales son sus prioridades: una posición fuerte para renegociar la deuda y la liberación de su país de las garras extranjeras, vestidas en esta ocasión de Troika, También tiene muy claro qué parte de su programa no puede ni quiere cumplir, por ser incompartible con el resto de sus propuestas e incluso con el sentido común: abrir completamente las fronteras y ofrecer barra libre de servicios sociales a todo extranjero que ponga sus pies en el país.

Así las cosas, es inútil buscar explicaciones ideológicas al extraño pacto entre la izquierdista Syriza y el ultraconservador ANEL: se trata de un acuerdo de intereses. Si Syriza quiere mejorar las condiciones de vida de los griegos tiene que administrar muy bien los escasos recursos del país y no se puede permitir aumentar el denominador de la división permitiendo la entrada en el país a cientos de miles de nuevos pobres. Si ANEL quiere salir de la irrelevancia, tiene que poder ofrecer algo a sus electores, y tanto le da pactar con la izquierda como con cualquier otro, siempre que pueda ver cumplida una parte fundamental de su programa.

El pacto es natural: Syriza necesita alguien a quien cargar el mochuelo de su marcha atrás en política de inmigración y ANEL necesita a alguien que le ayude a colocarse en el centro del escenario. Si además coinciden, como es el caso, en la necesidad e recuperar de un modo u otro la soberanía nacional, no hay dificultades reales para el acuerdo.

El único problema es que la fusión entre socialistas reales y nacionaliistas reales tiene un nombre muy feo. Pero ni siquiera ese peligro parece acechar el nacimiento de la nueva coalición, porque ese nombre, tan desagradable, está copado por otras siglas con las que cuidadosamente nadie quiere negociar.

Así las cosas, todos contentos.

Cuestión de incentivos.

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Inflación y mentirosos con el culo al aire

Procedimiento operativo para el cálculo del IPC

Procedimiento operativo para el cálculo del IPC

A estas alturas todos sabemos ya que los datos que facilitan las instituciones financieras, empezando por el PIB, son más falsos que un euro de mimbre, pero hay casos en que la falsificación de datos económicos alcanza proporciones de esperpento.

Y la prensa económica, que más que salmón parece cuando quiere prensa besugo, ni lo menciona ni se pregunta qué demonios está sucediendo aquí.

Estos días hemos leído todos que el IPC ha bajado un 1% en 2014 debido a la bajada de los precios de los combustibles. Vale. Nos dicen que no es una situación de deflación propiamente dicha, porque se debe a este hecho coyuntural que aliviará nuestras carteras. Bueno.

Pero oigan… ¿A nadie se le ha ocurrido pensar que si el IPC baja un punto entero por la caída de un 15% del precio de la gasolina, debería haber subido veinte puntos los años pasados, cuando la gasolina subió un 150%?

¿Qué pasa aquí? ¿que cuando la gasolina baja tenemos un IPC negativo y cuando la gasolina se dispara no hay aumento de IPC? ¿No será que entre el 2000 y el 2007 nos engañaron como a zopencos para evitar subir salarios y pensiones y de ahí, de ese punto exacto, proviene nuestra bien percibida sensación de pobreza?

¿No será que mintieron como verdaderos canallas y ahora esperan que no nos acordemos? ¿De dónde sacan estos datos del IPC o de dónde puñetas los sacaron entonces?

Y que no nos hablen de metodologías ni chorradas: los combustibles, toda la vida de dios, han afectado al nivel general de precios, porque su precio se repercute en todo lo que se consume y todo lo que se transporta. ¿Qué pasó entonces cuando la gasolina pasó de 90 pesetas a a 1,5€? ¿Qué hicieron con aquella subida de IPC?

Ya lo ven: es inútil tratar de encontrar argumentos lógicos que justifiquen ese engaño. La única explicación plausible es que estamos en manos de mentirosos, de demagogos y de trileros.

Y luego se quejarán de no sé qué populismos. Venga ya…

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Desventajas de ser perro

Cada cual que vote a quien le dé la gana

Cada cual que vote a quien le dé la gana

A  veces pienso que no confundimos las cosas, sino que simplemente hacemos malabarismos con nuestras propias ideas, a sabiendas de que nos tomamos el pelo a nosotros mismos por no aburrirnos como avutardas.

A esa conclusión he llegado tras leer por ahí, docenas de veces, que el gobierno alemán chantajea a los griegos con la política del miedo para que no voten a Syriza.

Porque nos e trata de eso. Se trata de decirle a la gente que su libertad, que es suya y sólo suya, no afecta a la libertad de los demás, y que lo que tú votes no me compromete a mí.

Se trata de hacer comprender a los ciudadanos que toda decisión tomada libremente tiene unas consecuencias, lo mismo que la elección de la persona con la que te casas, el trabajo que aceptas  o el coche que compras.

¿Quieres un diésel? Genial, pero contamina más, tiene menos aceleración y el motor parece más duradero. ¿Quieres vivir en un pueblo en vez de en una gran ciudad? Más tranquilidad, vida más sana, menos servicios, menos oportunidades….

¿Qué tiene de raro?

¿Quieres votar a Syriza? Pues vótales, pero ten en cuenta que eso supone que no me puedes llamar a mí para pedir prestado, igual que has tenido que dejar de llamar a ese amigo al que no le cae bien tu novia.

La libertad siempre es un ejercicio a dos bandas: la libertad de tomar decisiones de  quien la ejerce y la libertad de los demás de aceptar esas decisiones, o no aceptarlas., o borrar tu número de la agenda, porque no le apetece ir a visitarte a un pueblo en casa Cristo.

Cada cual que vote a quien le dé la gana, pero que sepa que eso tiene consecuencias. Unas buenas y otras malas. Es cuestión de sopesar y, como adultos, decidir lo que te conviene.

Lo que no es de recibo es pedir a terceros que lo acepten porque sí y que no reaccionen de ninguna manera, como si eso fuera un modo de coartar tu libertad.

Si mueves la cola, caricia. Si gruñes, palo. Ser perro es lo que tiene

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EL HÉROE Y EL ARTISTA SIEMPRE VAN JUNTOS

Blues...

Una rosa por ambos

Cuando una idea es defendida con la vida, la idea toma la forma del gesto que la defiende y el heroísmo y el arte se confunden en una misma cosa. Extraños seres, los héroes y los artistas. Nacieron prácticamente al mismo tiempo. El arte nació con la épica y ambos recorrieron juntos por muchos años la bárba­ra geografía de la historia.

El héroe y el artista tienen un factor común que los diferencia de los demás. No les es primordial el ser queridos, les es primordial el ser “gustados”. Les es más importante gustar que ser amados. Están de novios con la vida, no se casan con la vida. Son frívolos, seducto­res, maquillados por la misma grandeza que ellos generan. Cuesta admitir esto porque, en cierta forma, es admitir que estos coquetos seres que apuestan a la “gustabilidad” sobre la “queribilidad”, estos superficiales persona­jes, son los que generan las más sublimes realizaciones del ser humano.

Gente rara, los héroes y los artistas. Tienen algo de alquimistas que transforman la parte más mediocre de ellos mismos en la parte más valiosa de la especie. Quiero hablar de San Martín, ese héroe que ni el Billiken ni las directoras de escuelas consiguieron destruir. Quiero mirarlo a través del cristal del arte y no el de la historia. Del desván de mi memoria extraigo una carta que Vicuña Makenna ad­quirió del cura Cecilio Tagle en Lima. La carta es de una mujer que firma Pepa, “una manola de alegre vida”, aventura Vicuña Makenna, dirigida a un español en el Perú. Está fechada en 1821 y ella aconseja a su destinatario que si cae prisionero recurra a San Martín. La carta abunda en detalles íntimos que su auto­ra y ese atractivo teniente San Martín mantu­vieron en la ciudad de Cádiz.

El cuerpo desnudo del Libertador (que ya ostentaba sobre su hombro la cicatriz que un sable francés le dibujó en la batalla de Albuera) con el cuerpo, que presumo también desnudo de Pepa compartiendo sábanas y caricias en una misma cama, están descriptos en forma admirable. Sólo una mujer puede recordar detalles de un coito a más de diez años; pero el hombre capaz de instalarse tan firmemente en una memoria, evidentemente desplegó una creatividad amorosa difícil de superar para la mayoría e imposible para el autor de estas líneas.

Fue la lectura de esta carta la que me hizo observar por primera vez a San Martín bajo la óptica de la creatividad. Poco tiempo después, leyendo las memorias del General Paz, tomé conciencia de que nuestra independencia ha­bía nacido de una obra de arte, de una puesta en escena teatral concebida por ese artista llamado San Martín.

A los siete años abandonó el país con su familia y desde los trece no dejó de guerrear contra moros, ingleses y franceses. Volvió a los treinta y tres y en poco tiempo comprendió que la influencia Napoleónica que practica­ban los mejores ejércitos del mundo, también había llegado al Río de la Plata. Napoleón había dicho: “La infantería es la reina de las batallas” y todos los grandes estrategas lo habían aceptado. En realidad, lo era y lo sigue siendo. Es la infantería la que tiene que avan­zar y ocupar un objetivo. La caballería, la artillería, los ingenieros o lo que fuera, le abren el camino, le ablandan las defensas, pero hasta que los infantes no ocupen el terre­no, no se puede hablar de victoria.

En la Argentina de 1812, estos conceptos se habían arraigado y la caballería era práctica­mente un cuerpo auxiliar necesario para trans­portar la infantería, útil para la exploración, o para cubrir los flancos de los verdaderos com­batientes. Además, existía un problema fun­damental: no había en el mundo peores “equitadores” que los argentinos.

La equitación es el arte de ayudar al caballo, no al jinete. Y ese concepto en un país en donde el gaucho que viajaba con tropilla no tenía más que mudar su recado de un caballo agotado a uno fresco para continuar su mar­cha, no podía interesar demasiado. Por otra parte, contrariamente a lo que se cree, el argentino no siente ningún amor por el caballo. Como suele suceder, la abundancia es incompatible con el amor. Sólo en las provin­cias muy pobres, la escasez de caballos los hace más queridos.

San Martín comprendió que tenía que con­vertir a la caballería en un arma fundamental. Cuando quiso lograrlo apelando a su autori­dad, fracasó completamente. Cuenta el Gene­ral Paz en sus memorias, haber visto “a valerosos soldados llorar de vergüenza y a un veterano oficial decir avergonzado: ‘Han convertido mi batallón en un escuadrón de lanceros’.”

San Martín tomó conciencia de que tenía que convencer a todo un pueblo de algo casi imposible. Otro general, muchos años más tarde, solía decir: “Mandar es persuadir”; pero San Martín no era Perón. Carecía de facilidad de palabra y de los medios de comunicación de este siglo. Se vio obligado entonces a recu­rrir al lenguaje del arte. Tenía que incorporar un sentimiento en sus compatriotas. Tenía que transmitir un estado de ánimo, no en la inteligencia del cerebro, sino en la inteligencia del corazón.

Nada más deshonesto que un artista. En el arte como en los juegos, los deportes y las guerras, el engaño es fundamental para lograr un objetivo. La mentira en estos casos es aceptada, forma parte de nuestra verdad, es admitida por nuestra cultura, pero el arte exige además una mentira suplementaria; exi­ge que no se note la mentira. Cuando un escritor quiere decir algo para él fundamental, se guarda muy bien de decirlo, pues necesita que sea el lector el que lo piense, que recree su pensamiento. Para engañarlo, apela a cual­quier elemento de distracción, como la belle­za, la originalidad, el talento, el asombro o lo que sea.

San Martín empezó por la belleza. Se dice que él mismo diseñó el uniforme de los granaderos. Las tijeras de los sastres fueron los primeros aceros que se cruzaron por la independencia. Combinó los colores, eligió los botones, las charreteras, el correaje, las botas, hasta el inusual tamaño de las espuelas. Después seleccionó los caballos. La alzada del caballo criollo era en esa época casi quince centímetros más baja que la del caballo criollo actual. Consiguió los caballos más altos, pues todavía Buenos Aires recordaba con admira­ción el caballo que el General Beresford montaba cuando desfiló al frente de las tropas inglesas por las calles de la ciudad conquistada.

Recién después se ocupó de los hombres. Los escogió uno a uno y los eligió por su belleza física. Eran altos, de mirada firme, elegantes y majestuosos. Tal vez pensó que si el coraje embellece a los hombres, por qué la belleza no puede generar coraje. No se equivocó; como suele suceder, las máscaras se iban a convertir en caras. El hombre es más lo que quiere ser que lo que es. Cada uno de esos granaderos se compenetró en el personaje que su jefe había forjado en sus memorias de futuro, esas memorias que parecían recordar sucesos que todavía no habían sucedido.

Un día sucedió. A la media tarde del 28 de enero, del misterioso cuartel del Retiro, con los nervios de un estreno, ciento veinte granaderos con San Martín al frente, monta­dos en sus caballos de guerra, partieron hacia el norte. Al amanecer de ese mismo día ya habían partido los caballerizos con los caba­llos de marcha, los pucheros, los cocineros, las cargas de alimentos, el grupo de sanidad, los oscuros hombres de los cuerpos auxiliares que, como los utileros de los teatros, perma­necieron invisibles para el gran público y para más de un historiador. Los granaderos cruza­ron la ciudad. Detrás de su jefe iban los lanceros con pistola al arzón, los demás con sable y carabina. Al llegar a Olivos cambiaron los caballos y montaron los de marcha. Recién cinco días más tarde los volvieron a ensillar, tras los muros del convento de San Lorenzo. En el teatro de las operaciones, la Argentina levantaba el telón de su historia.

Cuando San Martín ordenó cargar, los ciento veinte actores repitieron lo que tantas veces habían ensayado. Las moharras de las lanzas abandonaron la verticalidad, los sables salieron de las vainas y el trompa de órdenes vació el aire de sus pulmones en el clarín. Sobre el campo, las huellas de los cascos dejaron los primeros trazos que el artista había programado.

Las espuelas de los hombres apuraban esa cita con ellos mismos, cada uno quería ser el primero en encontrarse. En ser aquello que tenían que “ser porque sino no serían nada”.

Militarmente, la victoria que obtuvieron no tuvo importancia. Individualmente, sí. La mas­turbación continuó. Tras su Jefe cruzaron los Andes y siguieron interpretando el mismo pa­pel hasta la última batalla en el Alto Perú.

En 1826, de esos ciento veinte granaderos sólo siete quedaban vivos. Volvieron a Buenos Aires. La función tenía que continuar.

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Cuando en vez de los corruptos se suicidan los fiscales

Forges siempre lo ve un poco más claro

Forges siempre lo ve un poco más claro

En Japón se suicidan los corruptos, por la inmensa vergüenza de que los pillen, pero aquí, ya veis…

Acabo de enterarme de que ha aparecido muerto en su casas el fiscal de la Audiencia de Lugo, el que llevaba en sus manos el caso Pokemón, además de otros de bastante repercusión en los medios, como el caso Carioca o el caso Campeón.

Sé de sobra que el corazón humano es un pozo insondable y desconozco por completo las razones que han llevado a este señor a un acto tan extremo. En todo caso mis condolencias a la familia, y mi absoluto respeto para su decisión. Quien se juega lo suyo y con lo suyo paga, cumple siempre.

Sin embargo, no puedo menos que preguntarme qué pasa en un país donde los delincuentes siguen saliendo por la tele, siguen ocupando durante mucho tiempo sus cargos o son contratados por otra instancia pública un poquito más opaca, y los fiscales que loa acusan acaban desesperados, reventados de trabajar y entregándose a la desesperación.

¿En qué clase de sociedad vivimos para que socialmente sea más liviano ser un chorizo que dedicarse a perseguirlos? Ya no hablamos del viejo bandolero con trabuco y su halo romántico, sino de prongosos personajes que nos roban a todos: pero la indiferencia se mantiene. Hay cabreo, sí, pero un cabreo impostado, sin quye se convierta en apoyo a los que se juegan su posición social o mucho más por echarles mano. ¿Por qué no hay una estatua en cada pueblo dedicada a los miembros del UDEF,o a los guardias de la UCO, que salen más en el Telediario que Cristiano Ronaldo? Cumplen con su trabajo, dirán algunos. Sí, claro, y también cumplirían trabajando sus jornadas justas y persiguiendo a cuatro robamelones, como hacen otros cuerpos de seguridad que no voy a mencionar, y que tienen mayor sueldo que ellos. ¿O es que alguien sabe de algún papel contra Pujol que hayan encontrado los Mossos, por poner un ejemplo?

La corrupción es más visible arriba, pero  los corruptos y los impostores siguen cobrando magníficas exclusivas de los medios, como en El secuestro del candidato, probablementre la novela más feroz que se ha escrito sobre lo que pasa en España y que, precisamente por eso fue castigada con latigazos de silencio.

Los corruptos están en la calle, las televisiones los hacen ricos, el dinero no aparece y los fiscales se suicidan. Si leyeseis este resumen de la situación hablando de otro país, ¿qué demonios pensaríais?

 

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