El derecho a decidir… ¿El qué? Una trampa escondida

¿Qué coño es eso de los bytes?

Para semejante viaje…

De vez en cuando hay que regresar a los áridos días de la escuela en que estudiábamos gramática y nos peleábamos con aquello de los verbos transitivos e intransitivos. Nadie lo hubiese supuesto, pero resulta que aquellos temas se están convirtiendo en cuestión de actualidad y quizás fuese buena cosa echar mano a los apuntes o pedir prestado el libro de lengua a a un hijo o un sobrino. Y es que resulta que el verbo decidir es transitivo, o sea, que hay que decidir algo. Ese algo es el objeto o complemento directo, por cierto.

Cuando el líder de Podemos habla de que está a favor del derecho a decidir, viene a decir en el fondo que está a favor de celebrar el día de la Madre. La gran pregunta aquí es el objeto directo. ¿Derecho a decidir qué?

A continuación, si hacemos caso de sus reiteradas declaraciones, nos enteramos de que propone un proceso a la escocesa, en que ambas partes negocien los términos de un acuerdo y ese acuerdo se someta a votación. En principio parece muy bonito, ¿pero alguien podría concretar un poco? ¿Sobre qué términos se plantearía ese acuerdo? ¿Qué estaría dispuesta a ofrecer una u otra parte?

¿Se aclararía de algún modo la permanencia en el Euro o la Comunidad Europea? ¿Se pondrían de acuerdo en el reparto de la deuda pública o en el modo de pagar las pensiones a los que han estado cotizando? ¿Qué pasaría con la nacionalidad? ¿Cual sería el mínimo aceptable para dar por bueno el resultado? ¿la mitad más uno del censo? ¿Una mayoría cualificada? ¿ O la mayoría simple que en una comunidad de vecinos no basta ni para cambiar los buzones?

No seamos ilusos: si hasta las CUP han logrado el imposible metafísico de empatar exactamente en una votación interna en la que participan 3000 personas, ¿cómo demonios podemos pretender que se llegase a un acuerdo sobre semejante cantidad de temas enfrentados? El acuerdo que se debería decidir no llegaría nunca. No habría acuerdo de ningún tipo y al final estaríamos donde estamos: en que unos dicen que sí, por narices, y otros que no, por las mismas narices.

El derecho a decidir es una trampa. Una ilusión óptica. Un espejismo. Una chorrada.

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Pacto y puñalada: la democracia en acción

Viriato en Zamora

Viriato en Zamora

Les mintieron a los tipos aquellos que entregaron a Viriato: Roma pagó traidores toda su puñetera vida, y siempre los pagó muy bien; lo que no paga Roma es idiotas.

Lo que pasa es que la frase quedaba bonita y se perpetuó a fuerza de repetirla, porque era una pena que la verdad estropease tanta hermosa sonoridad. “Roma vende hasta a su madre” también sonaba bien, también tenía ocho sílabas, y también encajaba en algunas coplas, pero la rima con “adre” siempre es más ingrata que con “ores”.
Y en esas seguimos aún, repitiendo frases necias, porque deben de rimar con algo que aún no hemos descubierto, o porque son frases que caben en un camión publicitario. Seguimos escuchando cosas como “respetar la voluntad popular”, que no puede ser ni más insensato, ni más falso, ni más revestido con sedas de hipocresía. El pueblo puede tener instintos o deseos, pero casi nunca se le conoció cosa que se pareciese a voluntad. Y cuando se le conoció, peor.
Seguimos escuchando cosas como “buscamos un pacto para una ciudad mejor”, cuando todo el problema, el real, estriba en que tú quieres la concejalía de urbanismo, que es donde está la pasta, y yo sólo te quiero dar la de cultura, que es donde están los tíos pesados dando conferencias. Lo de la ciudad mejor es para facilitar las rimas en “or”, siempre muy amables.
Escuchamos todavía cosas como “estamos tratando de aunar voluntades” y al oírlo nos queda la misma cara que al ver en el hospital a los cinco sobrinos del solterón rico. Que sí, que están allí para rezar por la pronta recuperación de su tío. ¿Quién iba a pensar otra cosa?
A ver si ahora, con l cosa de la informática y las nuevas tecnologías cambian las necesidades de los que acuñan todas estas frases y por casualidad, aunque sea pro casualidad, aparece alguna que tenga algo de cierto.
Yo sugiero “Game Over”. ¿Qué les parece?

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El día de la úlcera

La cueva de Alí Babá...

Nada nos quitará el ardor

Me temo que demasiada gente ha puesto demasiadas esperanzas en las elecciones de este domingo.

Me temo que demasiada gente, de pronto, como becerros primaverales, han olvidado sus experiencias y han empezado a creer en promesas electorales, cantos de regeneración y otras milongas porteñas.

Lo que está claro, sin embargo, es que después de las elecciones hay medio año, con verano de por medio, para hacer el paripé, unas elecciones generales y luego nada menos que cuatro años sin más elecciones: cuatro años de puñetera, lisa y radiante impunidad para los políticos.

¿No habíais caído? Por eso ocultan como locos sus futuros pactos: porque en cuanto pasen las generales de Noviembre podrán hacer y deshacer a su antojo, sin miedo y sin vergüenza, sin elecciones que les interrumpan salvo alguna cosilla suelta, como las gallegas o las vascas.

Y entonces, tras las generales, cuando por fin puedan constituir los ayuntamientos y las Autonomías como les dé la gana, o reajustar las ficciones actuales con las correspondientes mociones de censura, entonces sí, entonces podrán ya contratar a quien les dé la puta gana para parques y jardines, podrán decidir quién arregla las aceras y quién se queda con el bar de las piscinas, que es lo que realmente le interesa a los militantes de base.

Ese será el día de la úlcera: cuando comprendamos que tienen cuatro años para multiplicar los cargos, cuatro años para demostrarnos que una coalición significa multiplicar las pagas y las sillas, en vez de repartirlas, cuatro años para que la niña de Mengano trabaje en la Diputación y el chaval de Zutano le quite la plaza al tuyo, gran idiota, que aún creías otra cosa.

No digas luego que no te avisaron…

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La manera más tonta de ganar una apuesta

 

Apuestas tontas

Apuestas tontas

Este país es de traca. Hace nada, ya lo habrán leído, se personaron los representantes de UPyD en el Extremadura ante un notario, y depositaron un acta con los nombres de los ganadores de las oposiciones que se acaban de convocar en el Parlamento. Se presentaron cuatrocientas personas para cuatro plazas, y cuando han terminado las oposiciones, los de UpyD han ido al notario a abrir el sobre, ¡y los acertaron todos!. Con ocho meses de antelación. Eso es ojo, ¿eh?

O los de UPyD son unos prodigios del futurismo o las oposiciones estaban amañadas y los sabía todo el mundo, ¿verdad?

Pues a mí me ha pasado algo parecido, y se lo cuento.

Cuando estaban los de Podemos a punto de sacar su programa económico, se lanzaban múltiples conjeturas sobre el nivel de renta que los cerebros de ese partido considerarían elevado. Si, según ellos, los ricos son los que tienen que pagar más y hacer un mayor esfuerzo, hay que saber a partir de qué ingresos es uno rico, ¿no?

Discutiendo en el bar con unos amigos sobre esto, unos decían que se era rico ganando a partir de doscientos mil euros al año, y otros que a partir de treinta mil. Yo lo vi claro: para los de Podemos, rico iba a ser el que ganase un duro más que ellos. Como para cualquiera que le preguntes en  este país de mediocres y cainitas. ¿Y a qué se dedican los fundadores de Podemos?, pensé: a dar clase en la Universidad.

Pues estaba tirado: cogí el teléfono, llamé a una amiga que da clase en la Universidad y le pregunté cuanto ganaba, de media, un profesor universitario con cinco o seis trienios. Me dijo que entre cuarenta y cuarenta y cinco mil euros brutos al año, más o menos.

¿Y cual fue el tope que fijaron los de Podemos para ser rico? Cincuenta mil euros. ¡Bingo!

Vienen a decir que son la nueva política, y al final echan las mismas cuentas que el cabrón destripaterrones de toda la vida. Rico es el otro,. Rico es el que tiene más que yo. Ese que pague. Ese que se joda. Pero yo no…

¿A que es eso?

En este país es imposible perder una apuesta si puedes usar la variable envidia y la variable mala leche.

Imposible, oigan.

 

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Lecturas para candidatos que te desprecian

el-esclavo-y-la-princesa          No es un secreto para nadie que los candidatos de todos los partidos contratan asesores de imagen y toman clases de dicción y otras artes escenográficas a fin de convencer mejor al electorado. No es malo. No es malo en sí, o no sería catastrófico si el fin continuase siendo vender un programa, pero cuando los programas se desdibujan en favor de la imagen y las ideas van desapareciendo para convertirse en vaguedades del tipo “vamos a tratar de mejorar la situación de los parados y aumentar la rentabilidad de los empresarios”, sin decir cómo, ni a través de qué mecanismos van a lograr semejantes maravillas, uno se pregunta si el teatro no habrá pasado a ser un fin en sí mismo en lugar de un medio.

Dicen los que saben que esta nueva tendencia obedece a que el político debe dar en todo momento una imagen positiva de sí mismo y de su programa, y que la gente desconfía de todo aquello que no entiende. Por tanto, como es posible que cualquier idea esté al alcance de algunos, pero no de todos, hay que sustituirla por lo que esté al alcance del máximo número de potenciales votantes. O sea, lo primario, porque todo el mundo oye o ve, aunque no todo el mundo entiende.

Dicen también los entendidos que un buen discurso es aquel que cierra de antemano todas las objeciones y los razonamientos en contra, y que para ello no hay mejor sistema que construir un discurso absolutamente liso, sin relieve ni fisuras a los que puedan agarrarse los ganchos de las objeciones. O dicho de otro modo: para que no te lleven la contraria, lo mejor es decir cosas evidentes a las que nadie pueda oponerse.  Otra cosa sería si explicases tus procedimientos, pero, ¿quién te va a llevar la contraria si dices que quieres que los trabajadores vivan mejor y los empresarios ganen más? Ese es el truco: queremos paz, salud, trabajo y prosperidad para todos. Y que venga el guapo que se oponga.

Por tanto, tomen nota para no picar en semejante cebo: en los meses que vienen por delante vamos a escuchar montañas de obviedades, una tras otra, a las que no tendremos nada que decir. Nos bombardearán con sartas de tonterías, a veces a media voz, a veces a grito pelado, diciendo que el mundo tiene que ser un lugar mejor porque están trabajando en ello.

No nos dirán qué hacen ni cómo piensan lograrlo, pero lo repetirán una y otra vez, y muy convencidos.

¿Y saben por qué? Porque antes los políticos leían a Napoleón, a Julio César o a Maquiavelo para aprender de sus ideas o sus trucos. Ahora, en cambio, se han dado cuenta de que sólo necesitan leer el flautista de Hamelín.

Y les funciona.

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Ciudadanos no es la marca blanca del PP: es el cupón de descuento

ciudadanosYo te votaría, Rivera, sólo pro ser joven y catalán, a ver si así le da un infarto a unos cuantos y dejan de joder ya de una vez. Te votaría sólo por ese rumor que que dice que sabes inglés, y que si alguna vez nos representas en alguna parte vamos a dejar de hacer el cateto ridículo de llevar un traductor a las charlas informales de después de las reuniones oficiales. Te votaría sólo por ver rabiar a los del PP al quedarse sin los bares de las piscinas, las cafeterías de los hospitales, la renovación de las farolas, las obras de las aceras,y tantos otros abrevaderos que reparten entre los suyos como si fuese derecho divino desde tiempos del rey que rabió.

Por todo eso te votaría, Rivera, y lo sigo intentando, te lo juro, pero es que miro tus listas y tengo la impresión de que Ciudadanos no es la marca blanca del PP, como dicen algunos, sino un cupón de descuento con el que comprar dos por uno: te quedas con dos de los que nunca consiguieron entrar en las listas del PP (aunque lo intentaron con todas sus fuerzas) y te quitas a uno de los que sí lo consiguieron).

Si Darwin tenía razón y de algún modo sobreviven los mejores, votar a tu partido es contraevolutivo, porque has conseguido reunir en unas listas a todos los perdedores de la derecha, buena parte de sus resentidos, casi todos sus visionarios y un buen porcentaje de sus alpinistas. Y lo mismo sucede con el programa: ¿Hablas en alguna parte de reducir la administración pública o “eso ni se toca”? ¿Y qué nos dices de los impuestos, que nos vas a subir el IVA? ¿Y qué otro impuesto nos subes, para ser un liberal de pacotilla? Anda hombre…

Lo siento pero al PP ya no lo compro: ni en dos por uno ni en Tetrabrik. O alguien me ofrece una nueva fórmula que resulte creíble, o el crecepelo que tratáis de colocarnos lo vis a probar con el gato del profesor Bacterio. O alguien me ofrece una cara nueva, o la idea de cambiarme a los de siempre por los que siempre quisieron llegar pero no llegaban, no me resulta atractiva.

Mi plan B es largarme, no votaros a vosotros. Al menos mientras no cambiéis un poco…

Tiempo al tiempo.

Javier Pérez

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Gobierno de matones

Todo dientes

Todo dientes

Me la sudan los de Podemos. Eso vaya por delante.

Y aún así, lo que está haciendo el Gobierno con su vigilancia preventiva, su Estado de terror y su utilización de los instrumentos del Estado para atacar a los dirigentes de este partido me parece mucho más repugnante que cualquier irregularidad que les puedan encontrar en sus cuentas, o en las de sus abuelos, que seguro que y también están bajo la lupa.

Lo que no puedo pasar pro alto es que hayan publicado a lista Falciani, con miles de posibles defraudadores en Suiza (con casi 18.000 millones en juego), y casi toda la prensa dedicara sus portadas  a si Monedero tenía doscientos mil euros de más no sé dónde, por miedo a que el Gobierno les retire la publicidad institucional. ¿Es casual? No lo creo. Es sólo una prueba más de que vivimos en un país donde el Gobierno controla los medios de comunicación, como en cualquier subsidiaria de la Banana Fruit Company.

En esta país, de memoria tan corta, hay que decir de vez en cuando que no nos olvidamos. No nos olvidamos de que echaron a Pedro J. por elemento incómodo para el Gobierno, que echaron en poco tiempo al director de El País, y de la Vanguardia, que amenazan a las televisiones privadas con el regreso de la publicidad a la pública y que sólo la revista Interviú se ha atrevido a entrevistar a Bárcenas.

No nos olvidamos de que tratan de asustarmos con una dictadura bolivariana (quizás con razón) mientras ellos practican una dictadura de rancho y cortijo, con bofetada y escupitajo en la cara al que no se pliegue a sus caprichos.

Utilizar a Hacienda como policía política es propio de miserables. Las investigaciones preventivas son propias de canallas. Y filtrar todo lo anterior, además,es propio de hijos de puta.

De vez en cuando hay que decirlo.

Si estos son los que se dicen liberales, ¿qué coño serán los totalitarios?

 

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Los que te ayudan a no cumplir promesas indeseables

Un juego de incentivos

Un juego de incentivos

Se trata de un tema bastante complejo y poco conocido, pero la reciente victoria de Syriza en Grecia pone el viejo tema de actualidad: cuando ganas unas elecciones, necesitas a quien te ayude a cumplir una parte de tu programa y necesitas también quién te ayude a no cumplir otra parte, con los mínimos costes, de modo que tengas a quién echarle la culpa.

Al final, la idea central reside en ese principio químico según el cual una mezcla no tiene por qué mantener la naturaleza básica de ninguno de sus componentes y acaba comportándose como una sustancia distinta.

El Nuevo primer ministro griego tiene muy claras cuales son sus prioridades: una posición fuerte para renegociar la deuda y la liberación de su país de las garras extranjeras, vestidas en esta ocasión de Troika, También tiene muy claro qué parte de su programa no puede ni quiere cumplir, por ser incompartible con el resto de sus propuestas e incluso con el sentido común: abrir completamente las fronteras y ofrecer barra libre de servicios sociales a todo extranjero que ponga sus pies en el país.

Así las cosas, es inútil buscar explicaciones ideológicas al extraño pacto entre la izquierdista Syriza y el ultraconservador ANEL: se trata de un acuerdo de intereses. Si Syriza quiere mejorar las condiciones de vida de los griegos tiene que administrar muy bien los escasos recursos del país y no se puede permitir aumentar el denominador de la división permitiendo la entrada en el país a cientos de miles de nuevos pobres. Si ANEL quiere salir de la irrelevancia, tiene que poder ofrecer algo a sus electores, y tanto le da pactar con la izquierda como con cualquier otro, siempre que pueda ver cumplida una parte fundamental de su programa.

El pacto es natural: Syriza necesita alguien a quien cargar el mochuelo de su marcha atrás en política de inmigración y ANEL necesita a alguien que le ayude a colocarse en el centro del escenario. Si además coinciden, como es el caso, en la necesidad e recuperar de un modo u otro la soberanía nacional, no hay dificultades reales para el acuerdo.

El único problema es que la fusión entre socialistas reales y nacionaliistas reales tiene un nombre muy feo. Pero ni siquiera ese peligro parece acechar el nacimiento de la nueva coalición, porque ese nombre, tan desagradable, está copado por otras siglas con las que cuidadosamente nadie quiere negociar.

Así las cosas, todos contentos.

Cuestión de incentivos.

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La nulidad de las elecciones plebiscitarias

brindis

Brindis al sol

Andan últimamente a vueltas con la posibilidad de que la independencia catalana se declare por la vía de unas elecciones plebiscitarias y creo que es el momento de analizar de cerca ese bicho, a ver cuántas patas tiene, y si salta o camina.

En primer lugar, hay que decir que unas elecciones plebiscitarias son aquellas en que al electorado se le pregunta sobre un tema y se considera vinculante su respuesta. De hecho, las diferencias entre plebiscito y referéndum son casi inexistentes.

La legislación española no permite elecciones plebiscitarias, al igual que la del resto de países occidentales. Las elecciones plebiscitarias, en general, son nulas por varias razones, además de la antedicha inexistencia de base jurídica:

-La decisión que se toma no tiene nada que ver con la pregunta que se hace. En el caso catalán, por ejemplo, supone preguntar al electorado qué partido político prefiere cuando en realidad se decide si se declara la independencia o no. Como cada partido ve la independencia de una manera distinta, y como en España está prohibido por la constitución el mandato imperativo (artículo 67), los diputados no pueden comprometerse a votar luego ese programa, ya que el acta de diputado es personal y no del Partido.

Convocar unas elecciones regionales y declarar la independencia es una maniobra tan golpista y marrullera como convocar unas elecciones municipales y declarar la República, aunque hoy en día esté muy feo decir tal cosa.  Viene a ser como pedir un baile y dar por hecho que te conceden un revolcón, hablando en otros términos.

– Las mayorías que se exigen no tienen nada que ver con las requeridas para un caso semejante. Cualquier referéndum de independencia exige mayoría cualificada, en unos casos de la mitad más uno de los votos y en otros de la mitad más uno de los censados, dependiendo de distintas circunstancias. En unas elecciones plebiscitarias bastaría con que los partidarios del SI obtuviesen mayoría absoluta, lo cual es posible con un 49% de los votantes, y aunque la participación sea del 50%, lo que arroja un 25% de los censados.

-El convocante no tiene derecho a tomar decisiones sobre un ámbito que no es el suyo. En mi comunidad de vecinos queremos cubrir las terrazas. Como el ayuntamiento no nos deja, en la siguiente asamblea nos declaramos independientes del ayuntamiento. ¿Tenemos esa clase de soberanía? Pues no. Ni aunque votemos por unanimidad. Pues eso mismo les sucede a los gobiernos regionales, que no tienen autoridad para convocar plebiscitos, y menos aún para tomar decisiones fuera de su competencia.

O dicho de otra manera: Si Artur Mas puede declarar la independencia, yo puedo dictar sentencias del Tribunal Supremo. Puestos a tomar resoluciones fuera de nuestras competencias, ¿qué diferencia hay?

El plebiscito, por tanto, es una opción tan legítima como los sanfermines, las fallas, y las competiciones de traineras. Como fiesta y folclore, está bien. Fuera de eso, y si se le quiere dar fuerza de ley, es una tomadura de pelo

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Pensáis como perdedores. Carta abierta de un comunista

Soy de izquierdas, como muchos de vosotros, y revolucionario, como decís serlo también muchos de vosotros. Trotskista, por más señas, si alguno sabe lo que realmente significa eso, o lo significó en su momento. Y lo cierto es que veo la deriva de la supuesta izquierda española y dais vergüenza: pensáis como perdedores. Toda vuestra militancia se resume en retirar símbolos franquistas, aplaudir a los que persiguen torturadores fascistas y, en general, escarbar en el pasado, como gallinas de corral que buscan gusanos en un montón de mierda.

Todo eso está muy bien en medio de la lucha, pero no después de ella. Atacando al que venció demostráis solamente resquemor por vuestra impotencia, cuando lo que la realidad exige es aprender de los que ganan, desear vencer, estudiar las razones por las que nos vencieron y enmendar nuestros errores.

Pensábais como perdedores ya durante aquella guerra y por eso hubo que eliminar a anarquistas y socialdemócratas, igual que hubo que combatirlos, con tanta y más saña que a los burgueses tras la revolución de Octubre. También a nosotros los trotskistas nos tocó el turno, es cierto, pero en el marco político de una lucha personal contra Stalin, y no por blandos, por fofos, por fríos, por apegados a la ética burguesa y cristiana del quién es el agresor, quién tiene la culpa, quién consiguió comprar más votos en unas elecciones que sabemos de sobra que no pueden ser limpias cuando todos los medios están de un sólo lado.

Olvidaos de una vez de la República. la República perdió porque no supo enfrentarse a los que sí sabían vencer y sí deseaban la victoria. ¿Qué es lo que deseáis? ¿Ser inmaculados o sacar adelante una verdadera revolución? ¿No os dais cuenta de que estáis en manos de los charlatanes que predican lo que es justo y lo que no, lo que es limpio y lo que no, lo que es ético y lo que no?

Escapáis de los curas para caer en manos de los blandos, de los viejos, de esos políticos seniles que pretenden ganar el futuro en los libros de historia y combatir en los cementerios. Maldecís a Franco como las viejas maldicen la lluvia: pensando en una cosa que viene de arriba y no se puede evitar. ¿Qué pretendéis?, ¿que los que le siguieron se avergüencen de su victoria? No seáis infantiles… ¡Aprended a vencerles y que se avergüencen de su derrota!

¿Acaso veis a los japoneses dando todo el día la murga porque lanzaron dos bombas atómicas sobre su población civil? En absoluto. Aprenden, trabajan, prosperan, y se sobreponen. Los que insisten en ello, curiosamente, son algunos de los que dicen ser de los nuestros, en teoría para atacar al imperialismo yankee, pero en realidad porque aman cualquier derrota, y la ensalzan, la cubren de flores, intentando así adornar la suya, aunque no sé muy bien si la pasada o la que prevén para el futuro.

No se puede hacer la revolución desde el victimismo. No podemos enseñar orgullo de clase a nuestros hijos desde el lloriqueo del perdedor. No podemos movilizar a los más jóvenes gritando “¡nos hicieron pupa!”. ¿Qué clase de gente pensáis que atraemos así?

Yo os lo diré: a los que aman a los perdedores porque son a su vez otros perdedores, a los que nos llevarán a una nueva derrota y una nueva esclavitud.

La única utilidad de mirar atrás es aprender de lo errores o tratar de repetir los aciertos. Lo demás, lo que estáis haciendo, es reaccionario, desmovilizador y a la postre criminal, porque sólo ayuda a fortalecer al adversario recordándole su condición de vencedor.

Con el corazón os lo digo: no necesitamos una pala para cavar más hondo en el pasado. Necesitamos un catalejo para mirar más adelante en el futuro.

 

Grabloben

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