160 millones de euros al día

Futura pagana…

Esa es la cifra que nos cuestan las importaciones de petróleo. Redondeando, vienen a ser 60.000 millones de euros al año.

Si cada año sacamos del país ese inmenso montón de dinero para dárselo a los países productores, ¿cómo podemos esperar que las cosas no vayan bien?

Hace diez años justos, en agosto de 2003, la cifra rondaba los 20.000 millones, o sea, una tercera parte de lo que pagamos hoy. Todos recordamos lo que eran las cosas hace diez años, o sea que no estoy hablando de tiempos del rey que rabió ni contando las historias del abuelo.

Entre tanto, y por mucho que nos contemos historias, el país se ha ido al carajo sin remisión. Y ha sido por muchas causas, por supuesto, incluyendo, y sin considerarlas menores, la rapacidad de nuestros políticos, la mala organización y el derroche del dinero de todos.

Pero aún contando con todo eso, ¿os dais cuenta de lo que supone pagar 40.000 millones más al año de cuenta petrolífera? Es un 4% del PIB, y eso aceptando como bueno el PIB oficial (que me troncho sólo de pensarlo). Es mucho más que todo el déficit que nos permite tener la Unión Europea. Es más de lo que suman los recortes que ha ideado el Gobierno para no conseguir otra cosa que apretarnos la soga.

Podemos seguir muy encolerizados todos con los políticos, los recortes o lo que nos parezca, porque siempre es más agradable echar la culpa a alguien con rostro, pero con semejante gasto en petróleo es imposible que levantemos cabeza.

Y por supuesto, lo de salirnos del Euro y pagar ese petróleo en una moneda recién devaluado, mejor ni pensarlo. Y quizás eso sea lo más grave: que la factura petrolífera no sólo nos ahoga, sino que además nos ata.

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Historia y razones de nuestro hundimiento. La estructura económica de la crisis.

¿Sabe un pez que su nariz está húmeda? Probablemente no. Sabe que nada en el agua, y  supone que es la única forma de vivir que existe.

Vivimos en un mundo económico. Los modelos económicos que se desarrollaron hace años se crearon con base en observaciones de cómo la economía parecía funcionar en aquel momento. Conforme pasa el tiempo, cada vez es más claro que los primeros economistas pasaron por alto algunas importantes conexiones . Quizás las más relevante de estas omisiones sea el papel de la energía y su conexión con la economía. 

Se necesita energía para hacer cualquier cosa, desde una pieza de acero a una hogaza de pan. Se necesita energía para el transporte de cualquier mercancía. Los seres humanos necesitan la energía en forma de alimentos para seguir viviendo. Por tanto, es evidente que la energía debe tener un lugar en los modelos económicos.

Por tanto, hay una serie de temas que considero prioritarios:

1. Los seres humanos han evolucionado para ser dependientes de la energía externa.

2. Los seres humanos complementan su propio suministro de energía con energía externa de diversos tipos. En general, cuanta más energía externa se utiliza, mayor es el control humano sobre el entorno.

3.Desde hace más de un millón de años los seres humanos han sido capaces de controlar el fuego, lo que ha conducido a nuestra especie a bucles de retroalimentación favorables, debido al aumento de la eficiencia en la producción de bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Estos bucles permiten el crecimiento continuo de la población y el crecimiento económico.

4. Ahora estamos llegando a los límites de estos bucles de retroalimentación. El resultado son ciclos de retroalimentación que están cambiando de evaluaciones favorables hacia un proceso de la contracción.

5. Parte de este cambio de ciclo se debe al coste de las fuentes de energía, tales como el petróleo. Un aumento en el precio del petróleo tiende a reducir los salarios de los trabajadores (a causa de los despidos), así como a reducir los ingresos discrecionales (debido al aumento de precio de los alimentos y los desplazamientos), contribuyendo a acentuar la tendencia a la contracción.

Todo esto es muy preocupante, ya que en el pasado, los bucles de retroalimentación adversos de este tipo parecen haber llevado al colapso de civilizaciones enteras.

Los distintos tipos de energía

El tipo más básico de la energía, al menos desde un punto de vista práctico, es la energía humana. Esta es la energía que a nosotros, como seres humanos, nos permite mover nuestros propios cuerpos y nos permite pensar. O dicho de otro modo: nuestra propia energía animal o biológica. 

Para poder utilizar la energía humana, los seres humanos necesitan comer alimentos acordes a su fisiología. La mayor parte de este alimento procede de plantas y animales que procesamos de alguna manera para este propósito. (Este proceso normalmente requiere algún tipo de energía.) 

Los seres humanos son capaces de aumentar nuestra propia energía con diversos tipos de energía externa. Una fuente muy antigua de  energía externa es la quema de madera y otra materia vegetal. Esta energía se utiliza para mantenerse caliente, cocción de alimentos, fabricación de herramientas más agudas o alejar a los depredadores. Otra fuente muy antigua de la energía externa es la de los perros, entrenados para ayudar en la caza o en la vigilancia, y la de animales de tiro, entrenados para ayudar con el arado y otras tareas.

Los seres humanos han aprendido a aprovechar otras  fuentes de energía, como el viento, el agua y la energía geotérmica. En los últimos 200 años, el uso de combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo) han ampliado en gran medida la cantidad de energía disponible para los seres humanos.

Los combustibles fósiles son importantes, no sólo porque se pueden quemar directamente, sino porque permiten el uso de electricidad a partir de una amplia gama de fuentes, incluyendo fotovoltaica, hidroeléctrica, nuclear y solar.

A menudo  pensamos en estas últimas fuentes como fuentes de combustibles distintas al carbono, pero sólo están disponibles dentro de un sistema alimentado por combustibles fósiles. Pero lo cierto es que se necesitan combustibles fósiles para crear metales en la cantidad necesaria para la transmisión eléctrica, y también son necesarios combustibles fósiles para fabricar y transportar el tipo de hormigón utilizado en presas hidroeléctricas, olas turbinas de viento, o incluso para purificar silicio y otros materiales utilizados en la fabricación de energía solar fotovoltaica .

Por eso, aunque se hable de un sistema que no requiere de combustibles fósiles, no es posible en estos momentos determinar cómo podría funcionar todo este sistema en ausencia de combustibles fósiles. Lo único que nos queda es consumir con moderación estos combustibles en la etapa de transición.

La energía externa como  necesidad humana

La mayoría de los animales parecen sobrevivir perfectamente sin energía externa, aparte de los rayos del sol. Viven en las partes del mundo donde se han adaptado a las condiciones externas y eso les basta. La naturaleza les imponer el equilibrio con sus depredadores, y el número de una determinada especie puede crecer por un tiempo, pero si el número crece demasiado, la especie va a agotar los alimentos, lo que lleva a la disminución de la población por el hambre.

Los seres humanos hemos pasado a un modelo diferente. El cambio se produjo cuando los seres humanos (o predecesores de los humanos)  aprendieron a controlar el fuego, hace un millón de años . La habilidad para controlar el fuego dio a los humanos muchas ventajas sobre otros animales. Una de las principales es la capacidad de cocinar parte de su comida, lo que reduce considerablemente el tiempo de masticación y permite tener tiempo para otras actividades, como la fabricación de herramientas y ropa, además de que mejora la nutrición, pues  los alimentos son más fáciles de digerir. 

Con la ayuda de la energía externa, como el uso controlado del fuego y el uso de perros para la caza, los seres humanos fueron capaces de obtener una ventaja sobre otras especies y los humanos se extendieron a todas las áreas del mundo, de manera que la población aumento sin parar desde entonces.

Debido a esta dinámica, ha habido tendencia a necesitar más alimentos, y más suministros de energía de otros tipos. Para satisfacer la necesidad de una mayor cantidad de alimentos, los seres humanos comenzaron a utilizar la agricultura hace unos 10.000 años. Con el advenimiento de la agricultura, se incrementó en gran medida la cantidad de alimento humano disponible.

 Al igual que antes, la población tiende a aumentar, ya que el orden natural prevé muchos más nacimientos de los necesarios para el reemplazo, y porque los seres humanos, con su inteligencia, podían conseguir más alimentos de un mismo territorio. Sin embargo, esto deterioraba el medio ambiente, sobre todo por la erosión y la salinización (regadíos), con lo que el aumento de la población, combinado con el deterioro ambiental, hizo que la necesidad de un aporte de energía externa fuese mayor. En  los casos en los que no se encontró la energía adicional, las poblaciones tuvieron tendencia a derrumbarse después de muchos años de crecimiento.

Además de las dos dinámicas fundamentales del aumento de la población y la degradación de los recursos los recursos , hay otras fuerzas que tienden a aumentar la necesidad de energía externa:

a. Los recursos más baratos se usaron al principio.

 Poco después de comenzar con la agricultura, los seres humanos empezaron a utilizar  recursos de otro tipo, como la madera de los bosques y los metales como el hierro y el bronce. Con cualquiera de estos recursos, hay una tendencia a utilizar primero el “más barato” (más fácil de extraer, el más cercano a la mano, la concentración más alta de mineral) . Cuando la extracción continúa,  cada vez se necesita más energía para extraer la siguiente unidad, porque estará más lejos, será más pobre, etc.

b. El aumento de la transmisión de enfermedades cuando la población está  más concentrada. Este problema se puede superar con técnicas que matan los gérmenes  La necesidad de estas técnicas se suma a la necesidad de energía externa.

c. Deforestación . Sin combustibles fósiles, había una tendencia severa a acabar con los bosques por sobreexplotación.. La deforestación se produjo ya en 4000 aC, según Sing Chew, y El historiador Norman Cantor escribe : “En 1500 Europa estaba al borde de un desastre de combustible y elementos nutricionales que se logró detener  en el siglo XVI sólo por la quema de carbón suave y el cultivo de la patata y el maíz.”. El uso del carbón permitió disponer de más energía por persona, y alivió la presión sobre los recursos forestales.

d. Uso de la tecnología. La disponibilidad de combustibles fósiles, a partir de  1800, ha permitido gran parte de lo que ahora llamamos “tecnología.” Sin combustibles fósiles, nuestra capacidad para fabricar materiales como los metales y el vidrio está muy restringida. Sin combustibles fósiles, también se carece de los elementos básicos para plásticos, telas sintéticas y medicamentos. 

Economías de cazadores-recolectores

En los días de los cazadores-recolectores, la economía no era demasiado complicada. No había necesidad de “ahorrar para el mañana”, porque era difícil de llevar nada en los viajes. La cantidad de alimentos que una persona podía comer era más o menos limitado por el apetito, por lo que disponer de más comida para una persona  no era de gran ayuda.

Cuando la comida abundaba, crecía la población, y si la comida escaseaba se llegaba a una crisis en la que se producía una mortandad. Todo muy simple..

Una economía agrícola simple

Pensar en una sociedad agrícola sencilla nos da una idea de cómo deben haber operado aquellas primeras economías.

Considere una economía simple en la que algunos miembros producen cebada, mientras que otros producen peces. El pescado  se sala y se seca, por lo tanto el pescado y la cebada se pueden almacenar, si se desea.  Si a fin de alimentar el grupo, la mitad  debe trabajar a tiempo completo en cultivar cebada, y la mitad debe trabajar a tiempo completo en la captura, salazón y secado de pescado, entonces no importa qué tipo de sistema económico tengamos: el resultado simplemente será un comercio de pescado por cebada. 

Supongamos ahora que que los productores de cebada y pescado son mucho más eficientes. Supongamos que el 10% de la población trabaja en la producción de cebada y 10% de la población activa en la producción de peces, y ellos solos pueden proporcionar alimentos suficientes para toda la población, dejando el 80% de la población tiempo suficiente  para dedicarse a otras actividades. Así resultaría que un porcentaje se dedicaría a tejer ropa, construir casas, fabricar muebles o cortar el pelo. 

Si la economía funciona sin combustibles fósiles, la cantidad producida está limitada por la velocidad con la que vuelve a crecer la biomasa. Por lo tanto, a menos que la comunidad está dispuesta a vivir con la deforestación, no puede usar mucha madera cada año. Esto pone un límite severo en la cantidad de bienes producidos. Y , desde luego, imprimir más dinero no arregla el probleema.

En el ejemplo anterior, sugerí una economía eficiente que podría necesitar sólo un 20% de su población para la producción de alimentos. De hecho, el porcentaje de la población dedicada a la producción de alimentos es muy variable entre las distintas economías . Antes del uso de combustibles fósiles, lo normal era que el 80% de la población de un país se dedicase a la agricultura. Con tantos involucrados en la agricultura, el número de los que se dedicaban a otras actividades (incluidos los servicios públicos) era necesariamente muy limitado. Echemos un vistazo al gráfico:

Figura 1.  Porcentaje de mano de obra en la agricultura basada en la CIA World Factbook datos, en comparación con el consumo de energía per cápita sobre la base de 2012 datos de la EIA.

Figura 1. Porcentaje de mano de obra en la agricultura basada en la CIA World Factbook datos, en comparación con el consumo de energía per cápita sobre la base de 2012 datos de la EIA.

Si, en nuestra comunidad hipotética, la población aumenta debido a que más niños viven hasta la madurez, esto añade una nueva dinámica. Hay necesidad de más alimentos, ropa y vivienda para la población en crecimiento. A menos que la superficie de las tierras siga aumentando, es necesario cultivar más cebada por hectárea. En un mundo sin combustibles fósiles, el aumento de los rendimientos de grano se vuelve difícil, porque agregar más agricultores a la misma tierra no va a servir de gran cosa.

 Esta dinámica tiende a conducir a  la caída del salario del trabajador común, y se produce cuando la población es muy grande con relación a los recursos disponibles. Hay gente, pero no hay mucho que hacer y resulta muy difícil encontrar en el mercado un nicho al que aplicar la fuerza productiva excedente. Así es como bajan los salarios, y así es como los Estados se ven en dificultades para prestar servicios, pues la bajada de salarios mengua la recaudación de los Gobiernos.

La dinámica es similar si los suministros energéticos (por ejemplo, petróleo y carbón) no se eleva más rápido que la población. La cantidad de bienes producidos con estas fuentes de energía tenderá a caer, a menos que los avances tecnológicos sean capaces de compensar la disminución en el consumo de energía per cápita.  Y hay un hecho cierto: aunque puede mejorarse la distribución de lo que se produce, es imposible completamente repartir MÁS de lo que se produce.

Adición de los combustibles fósiles

Figura 2.  Consumo mundial de energía por fuente, Basado en Vaclav Smil estima de transiciones de energía: Historia, necesidades y perspectivas, y junto con BP datos estadísticos sobre 1965 y la posterior

Figura 2. Consumo mundial de energía por fuente, Basado en Vaclav Smil y  BP. Datos estadísticos sobre 1965 y la posterior

Figura 3.  Cápita el consumo de energía mundial per, calculado dividiendo el consumo mundial de energía (basado en Vaclav Smil estima de transiciones de energía: Historia, necesidades y perspectivas, junto con BP datos estadísticos para 1965 y posterior) de las estimaciones de población, con base en datos de Angus Maddison.

 

Está claro que un tractor produce más que una reja o que un labrador que siembra con un palo, pero el problema es que el tractor también cuesta mucho más.

Por tanto, el secreto de añadir a la economía los combustibles fósiles (o cualquier tipo de fuente de energía que pueda mejorar la eficiencia y permitir que menos gente tenga que dedicarse a producir los bienes y servicios esenciales) es  la deuda . Un tractor no se puede pagar con la cosecha de un solo año, pero la energía que mueve y la producción que consigue permite rentabilizar el esfuerzo entre muchos y dilatado en el tiempo.

Los salarios de los trabajadores

En mi economía simplificada imaginaria, sólo hay un país. En ese país, el monto de los salarios que reciben los trabajadores  está estrechamente relacionado con la cantidad de bienes y servicios que produce la economía. Habrá parte de la producción que se destina a los dueños de las fábricas, granjas y otras fuentes de producción, pero no se puede comer más de lo que hay, ni dormir en más de un lugar al mismo tiempo. 

Si los trabajadores no reciben salarios adecuados para pagar los impuestos, los impuestos tendrán que venir de alguna otra fuente, posiblemente de los propietarios de las fuentes de producción.

Para ver cómo un aumento en los precios del petróleo afectará a la economía, vamos a considerar lo que se puede esperar que suceda a una empresa manufacturera. Supongamos que para un fabricante en particular, los costes se distribuyen de la siguiente manera (los porcentajes reales no son importantes, sólo el punto de que los salarios tienden a ser un gran pedazo del total):

  •  Salarios 40%
  • Derivados de petróleo 10%
  • Electricidad 5%
  • Materias primas distintas de los hidrocarburos 20%
  • Alquiler 15%
  • Beneficio 10%

Si el precio del petróleo se duplica y el fabricante no está en condiciones de subir los precios, el mayor costo acabará con los beneficios. De hecho, es probable que aumente también el costo de otras materias primas, ya que el petróleo se utiliza en la extracción y transporte de materias primas. Esto hará que el impacto en el beneficio sea aún peor que la simple subida del petróleo.

Para “arreglar” el problema, el fabricante tiene que hacer algún tipo de ajuste, y el ajuste se centrará seguramente en el mayor coste, que son los salarios. Al mismo tiempo, el productor verá que se vende un poco menos, con lo que reducirá también el consumo de petróleo, y de todos los demás elementos productivos. A esto, normalmente, se le llama recesión.

Por lo tanto, un aumento en los precios del petróleo, como ha sucedido desde la década de 2000, se espera que afecte a los circuitos de retroalimentación para los países que utilizan mucho petróleo

La Figura 4.  La producción mundial de crudo Brent y el precio del petróleo in situ, tanto en base a datos de la EIA.

Figura 4. La producción mundial de crudo Brent y el precio del petróleo in situ, tanto en base a datos de la EIA.

El bucle de retroalimentación positiva-

¿Cuando puede crecer una economía? Una economía crece cuando aumenta la eficiencia, es decir, cuando cada vez se necesita a menos personas para producir lo básico y quedan más personas para generar productos o servicios discrecionales. Históricamente, esto ha sucedido al aumentar la cantidad de energía de combustibles fósiles que se agrega como complemento a la energía humana.

Si una economía puede aumentar su deuda, y que la deuda puede financiar equipos o infraestructura que permitirán una mayor eficiencia en la producción de servicios básicos, esto también permitirá que la economía crezca.

En los análisis económicos, el aumento de población se cuentan como parte del crecimiento económico. El problema con el crecimiento de la población es que conduce a una mayor población por hectárea disponible para el cultivo, y más población con respecto a las fuentes externas de energía que se pueden utilizar.

Las economías de escala son también importantes en la generación de circuitos de retroalimentación positiva. Una vez que se ha hecho una inversión de energía, tal como una carretera,  se puede utilizar para una población cada vez más grande, a menudo sin mucho coste adicional. Y esto permite a las empresas producir más mercancías y transportarlas a menor coste.

La combinación de todas estas evaluaciones favorables lleva al patrón de crecimiento que los economistas parecen pensar siempre ocurre. Pero…

¿Qué puede salir mal?

Las cosas se tuercen cuando empezamos a estrellarnos contra los límites naturales:

1. El costo de extracción de petróleo sube, porque el fácil de extraer ya lo sacamos hace tiempo.  Esto significa que los trabajadores empiezan a tener menos ingresos, en lugar de más, porque ahora deben gastar más en los desplazamientos al trabajo y en la comida. Los salarios tienden a estancarse o a disminuir, por las razones descritas anteriormente. Un porcentaje mayor de la población tiene que trabajar en la extracción de petróleo, y más combustibles fósiles de varios tipos debe ser utilizado en la extracción de petróleo, dejando menos trabajadores y menos suministros de energía para otros fines.

2. Las economías de los países que consumen grandes cantidades de petróleo se ven desproporcionadamente afectadas por la subida de los precios y el consumo de petróleo comienza a disminuir en estos países, a pesar de que el consumo mundial de petróleo en total sigue aumentando.

Figura 5.  El consumo de petróleo sobre la base de 2013 Statistical Review of World Energy de BP.

Figura 5. El consumo de petróleo sobre la base de 2013 Statistical Review of World Energy de BP.

3.  La deuda contraída para producir petróleo se vuelve problemática, ya que cada vez se van a producir menos barriles de petróleo por dólar invertido, pues ha subido el coste de la extracción de petróleo. Con un menor número de barriles de petróleo producido por cada dólar de inversión, también se transportan menos bienes por cada dólar invertido. Esto se traslada, por ejemplo, a los metales y su producción, se reducen las unidades producidas por dolar invertido. Así es como se genera más deuda; cuando todo iba bien, el aumento de la producción pagaba los intereses, pero como la producción se reduce, no se pueden pagar esos intereses ni tampoco la deuda, con lo que aumentan los impagos y la inseguridad económica.

4. A medida que las economías de los distintos países mejoraron, la tendencia natural fue añadir más servicios públicos. Las pensiones y la asistencia sanitaria se creó sobre la base de lo que parecía posible cuando la economía estaba creciendo rápidamente. Ahora, la economía no está creciendo tan rápidamente, y esos servicios son difíciles de pagar con los impuestos  Reducir los servicios perjudica a la gente y aumentar los impuestos  reduce la producción, causando una nueva vuelta de tuerca en los costes antes expuestos.

5. Todo el tiempo, las fuerzas naturales se están erosionando la enorme cantidad de infraestructura que se ha construido. Los huracanes y terremotos causan destrucción que se debe corregir. En general, todo se deteriora, pero cada vez es más difícil y costoso repararlo, porque el Estado tiene menos dinero y los inversores están enm una situación similar.

Como resultado de estas influencias, el bucle de realimentación natural está ahora encaminado a la contracción. En lugar de la continua adición de un incremento positivo, vemos que poco a poco se van restando infraestructuras y servicios.. Esta es una situación desconocida en relación a lo que estamos acostumbrados. No hay una “marcha atrás” en la economía.

Sabemos que en el pasado, las economías que han afectado a estos ciclos de retroalimentación adversos tienden a colapsar.

La situación es realmente preocupante.

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Este artículo es una traducción más o menos libre de de:

http://ourfiniteworld.com/2013/07/22/energy-and-the-economy-basic-principles-and-feedback-loops-2/

Lo tradujo:

www.javier-perez.es 

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España y la cuestión de la memoria

Esta por lo menos viene con las especificaciones bien claritas...

En España, la única memoria que tiene un límite es la de Hacienda: cuatro o cinco años para la prescripción de todas las cuentas con el fisco, para poder tirar las facturas y los papeles y que nadie te pueda preguntar qué fue de aquel recibo o de aquel otro justificante.

Para el resto de asuntos nuestra memoria se alarga o se acorta según convenga, convirtiendo cualquier discusión en una batalla irracional y cualquier ofensa pasada en un intento de sacar tajada al vecino mediante una indemnización. Y el vecino, por supuesto, que nació hace treinta años y no sabe de qué puñetas le están hablando, se cabrea cuando le dicen que tiene que pagar no sé qué daños que sufrió no sé quien en la década de los cincuenta, porque los derechos de unos, inevitablemente, cargan de obligaciones a otros.

Si se tratase de un debate racional podríamos intentar hacer como Hacienda: poner un plazo, el que sea y decir que antes de eso hablamos de historia y a partir de eso hablamos de derecho. Si se tratara de pensar y vivir en sociedad como personas sensatas, delimitaríamos de algún modo la fecha última de cualquier agravio y daríamos por caducados los anteriores. Pero no se trata de eso ni hay sensatez posible.

Los mismos que exigieron memoria histórica para el franquismo dicen luego que hay que saber olvidar y perdonar por el bien de la convivencia cuando se habla de ETA. Los mismos que dicen que es mejor no remover el pasado y dejar a los muertos en paz, exigen justicia eterna en el drama terrorista. ¿A qué nos quedamos? ¿Cuántos años ponemos en una hipotética ley para que los que libran sus batallas en despachos y cementerios dejen de bucear en hemerotecas en busca de algo que les otorgue derecho a una subvención, o a un resarcimiento?

Ni lo sé ni creo que haya quien pueda contestar a esa pregunta. En un país donde aún viven miles de familias muy cómodamente porque su bisabuelo murió en Cuba y les concedieron un estanco, la tumba del bisabuelo no va a dejar de ser tan fácilmente una fuente de ingresos.

Cuando funciona el mecanismo de que hay que llorar para mamar, queda meridianamente claro que las lágrimas son un medio de vida.

Y las lágrimas, al contrario que los yogures del ministro, no caducan nunca.

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Si yo trabajo gratis, tú también

Vieja fábrica cerrada

Ya paso de meterme en disquisiciones entre bytes y ladrillos, y voy a lo que cuenta, al trabajo. El fotógrafo que hace una foto está trabajando, el escritor que escribe un libro está trabajando, el músico que compone o interpreta una canción, está trabajando, y lo mismo sucede con el actor que rueda una película, o todo el equipo que hay en torno a ella.

Y si resulta que, por razones culturales, por el bien de la cultura libre, porque ya pagas la conexión o por la cuestión que se te ocurra, entiendes que ese trabajo no debe ser retribuido y que todo tiene que ser gratis, no me voy a meter a discutir tus ideas. Trata de obtener todo lo que puedas al menor precio, vale, que es lo que haría cualquier ser racional.

Te ruego, eso sí, que no me cuentes milongas ni me embutas la cabeza de chorradas como que el precio debe ser más justo o más competitivo: con el precio cero no hay quien compita, y además, los que están trabajando, si son hombres libres, pueden vender su trabajo al precio que prefieran. ¿No te gusta ese precio? No lo compres. ¿No te gusta y lo puedes obtener gratis, ya sea robando, contando tonterías o convenciendo a alguien de que te lo regale? Genial. Haces lo propio. Nada que decir.

Lo que te advierto desde hoy, amigo de lo gratuito, es que como periodista y escritor voy a valorar tu trabajo igual que tú valoras el mío. Si yo trabajo gratis, tú también. Si te quitan la paga extra o tu patrón te da por el culo, obligándote a trabajar catorce horas por seiscientos euros, lo apoyaré. Él, como tú, está sacando todo lo que puede, apretando todo lo que le es posible y obteniendo lo que desea al menor precio.

Si eres albañil y te has quedado en el paro, da conciertos, chaval. Si eres minero y te cierran la mina, saca carbón copyleft. Si eres funcionario y te bajan el salario, pon una ventanilla Creative Commons. Lo que nos sugieres a los demás, a ti te lo deseo: una sociedad en la que el trabajo no importa tanto como la oportunidad de obtenerlo al mejor precio, sin consideración alguna de justicia ni de esfuerzo.

Así que si las condiciones laborales empeoran, que te cunda, porque es lo que buscaste. Y cuando necesites apoyo para que no cierren tu fábrica o para que no te metan en un ERE, se lo vas a pedir a Youtube, que es el que gana una pasta con los vídeos que ves, o se lo pides a Megaupload, que fue el que se hizo rico con tus descargas. No me hables luego de solidaridad entre trabajadores cuando tú, mi trabajo, te lo pasas por el forro.

¿Lo quieres todo gratis? Me place y comprendo que lo defiendas. Pero cuando te traten como a un chino, con horario de chino y salario de chino, me placerá aún más. Cuando se te acabe el paro y quieras que hablemos de tu problema o nos manifestemos en solidaridad con tu problema, te responderé con un “me gusta” en Facebook, y que te vayan dando.

www.Javier-perez.es 

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La debilidad de los revolucionarios

No dependía de la luz, ni de Facebook, ni de la cobertura del móbil, ni vivía en una ciudad de 5 millones de habitantes, donde la comida se acabaría en menos de una semana.

Cada vez veo más gente pro ahí con ganas de un estallido social, o preguntándose hasta dónde se podrá llegar antes de que se produzca, pero mucho me temo que a pesar de llamarse a sí mismos revolucionarios no han estudiado los hechos concretos ni se han enfrentado a los verdaderos desafíos que  exige una acción de este tipo.

No me voy a parar a discutir si semejante revolución es posible, deseable, o si tendrá un apoyo masivo en vez de quedarse en una simple quema de contenedores. Lo que sí sé es que las carreras por la calle no son la revolución: eso son los sanfermines. Y que las hogueras en las plazas no son la revolución: eso son las fallas. De oponerse al poder a base de hacer me gusta en Facebook, o retwitear una soflama, ya ni me molesto en hablar…

El hecho es que para una acción seria y coordinada son imprescindibles una serie de requisitos de los que carecen por completo los que suelen llamarse a sí mismos revolucionarios. Vamos a ellos:

-Una acción de esta envergadura contra el poder establecido requiere coordinación y estrategia. Para ello es necesario que haya una serie de dirigentes implicados y comprometidos con la causa. ¿Existen esos dirigentes? ¿O el carácter horizontal de los movimientos de protesta ha eliminado cualquier posibilidad de que surjan esos líderes? A mi juicio, todo lo más que se puede conseguir sin estrategia y liderazgo son tumultos y alborotos, pero ningún cambio duradero, como no sea a peor.

-En segundo lugar tenemos como obstáculo la disgregación ideológica. Mientras se trata sólo de protestar, a nadie le importa ir al lado de alguien que no cree en lo mismo que él. Por eso, en el 15M vimos en Sol a los cristianos de base junto con los anarquistas, los anarquistas con los comunistas, y todos con los hijos de familias bien que querían sentirse contestatarios por un rato, pero que tienen preparado un puesto de trabajo en la empresa familiar o un enchufe en una administración pública. Si las cosas se ponen serias de veras, es imposible creer que esa unidad se mantendrá, sobre todo en un escenario de lucha económica en que unos tratarán de arramblar con lo que puedan y otros de defender lo suyo, tal y como ha sucedido desde que el mundo es mundo. Por tanto, las fuerzas que supuestamente apoyarían una revolución son a día de hoy demasiado heterogéneas y eso las debilita hasta el extremo.

-En tercer lugar, hay que mencionar la lamentable organización de todos estos grupos, que piensan en cambiarlo todo pero cuentan, mentalmente, con que todo seguirá igual en el entreacto, sin que nadie les corte la luz, el agua, o la cobertura del móvil.. Esta debilidad es particularmente patética, pues no parecen darse cuenta de lo que sucedería si, llevada la situación al extremo, se cortaran en una tarde todos los teléfonos y todas las conexiones a internet, lo que es realmente fácil de hacer para el poder establecido. Buena parte de los que se consideran revolucionarios no tienen modo de contactar con sus correligionarios si no es mediante teléfono móvil, correo electrónico o ciertas páginas web. muchos no se conocen ni saben cómo localizarse físicamente sin esos medios tecnológicos que, insisto, se pueden eliminar o reducir drásticamente en cuestión de horas. Cualquier movimiento revolucionario lo tendría previsto y sabría cómo ponerle remedio, pero el hecho es que nadie o casi nadie en España sabría qué hacer ante semejante eventualidad. ¿Cómo se coordinarían las acciones? ¿Cuales serían los puntos de encuentro? A día de hoy, estas son preguntas sin respuesta, y los ejemplos que se ponen de los países árabes no son aplicables ni de lejos: allí hay líderes (islamistas), la población se concentra en pocas ciudades (con grandes desiertos entre ellas) y las relaciones personales son mucho más estrechas.

Así las cosas, los gobiernos, tanto el de España como el de Grecia o los de otros países europeos, respiran tranquilos, sabiendo que la estructura de la población, su dependencia de la tecnología y el individualismo son mayores obstáculos que cualquier fuerza que oponga el poder establecido. El mayor enemigo de cualquier conato de revolución son, a día de hoy, los que pretenden fomentarla.

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Los que torean toros muertos (¡y olé!)

A por las ETT, que este ya está muerto, joder...

Las movilizaciones se desinflan y el descontento con la situación actual se desintegra porque hay demasiados matadores de toros muertos entre los que se llaman a sí mismo revolucionarios. Su falta de imaginación a veces es tal que ni se molestan en identificar de manera analítica a los enemigos con los que deben enfrentarse.

Hay demasiada gente preocupada aún por luchar contra el franquismo, demasiada gente luchando contra la influencia de la Iglesia y demasiados, me parece, que por apuntarse al carro de las protestas se alistan para defender los privilegios de castas impresentables, como el estamento universitario, donde todo es opaco, soterrado y terriblemente familiar. ¿Por qué creéis que en el fondo esas protestas son tan bienvenidas? Porque desmovilizan. Porque se las puede alentar y hasta aplaudir desde el departamento de marketing de unos grandes almacenes, convirtiéndolas en productos de masas, al estilo de las camisetas del Che Guevara. Vanalización, se llama.

Cambiar las cosas empieza necesariamente por identificar a los adversarios del presente, en vez de dar por buenos los que nuestros padres y nuestros abuelos eligieron. Ellos luchaban contra el franquismo (o no) porque fue lo que les tocó, pero seguir sus pasos en vez de enfrentarnos , por ejemplo, a las deslocalizaciones de las multinacionales es batir todas las plusmarcas de ceguera. Ellos luchaban contra la influencia de la Iglesia porque padecían un país confesional, bajo palio, y con certificado de un párroco, pero lo nuestro son las Empresas de Trabajo temporal, las consultoras que ganan millones recortando plantillas y las subcontratas salvajes.

Lo que sucede, me temo, es que hay demasiado luchadores que quieren a la vez luchar y quedar bien, que quieren  conservar su imagen de revolucionarios pero sin arriesgarse a perder un empleo o una subvención. Y para eso no hay como dar palos al tigre muertos, hacer leña del árbol caído y escupir sobre la tumba del dictador, en lugar de sobre la sede de los que hoy, hoy sí, nos empujan a la pobreza.

Con semejante activismo low-cost lo que tenemos es servicios low cost, y pronto ni eso…

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Si no te atienden, grábalo

No es la oficina en cuestión pero está igual de vacía...

Lo prometido es deuda y por esta vez no publico el vídeo, pero no pienso volver a pasarme diez minutos en el Ayuntamiento esperando a que las dos funcionarias, de espaldas a mí, decidan dejar su charla sobre la vida de no sé quién después de decirme que la persona que se ocupa de ese trámite está fuera.

Me la sopla que esa persona esté fuera. Y me la sopla que se dividan el trabajo de modo que un oficinista trabaje y los otros dos se rasquen el churro. La jugada de que una vaya a tomar el café a la una me suena a triquiñuela para hacer la compra, recoger los niños y renovarse la permanente. No me meto en el derecho de nadie a sus veinte minutos o media hora de descanso, pero es curioso que a ninguna hora esté ni la mitad siquiera del personal. Y los que están, ¿para qué se quedan si no te atienden?

Y ni siquiera he ido a pedir los planos de la bomba atómica, o aún peor, los presupuestos municipales: sólo quiero cambiar lo titularidad de un recibo del agua, y si hay dos señoritas sin hacer nada, porque ni siquiera se cortaban para que no oyese que lo que hablaban, espero al menos que no se se alejen de mí y me den la espalda, como camareros bordes, para darme a entender que pasan de mí. Y espero mucho menos aún que me respondan de malos modos si renuevo mi queja a los cinco minutos.

Al final lo que funciona es sacar el teléfono móvil, grabarles la cháchara, grabar la media docena de sillas vacías y jurar por los muertos de Larra que vas a colgar el vídeo en internet y que luego ellas le expliquen a sus superiores qué coño están haciendo y por qué el ciudadano que lo grabó está tan cabreado.

Porque hablamos mucho de grabar los plenos municipales, pero a lo mejor era más gracioso aún grabar las oficinas municipales, con los ordenadores encendidos, los asientos vacíos, y la gente acumulándose al otro lado del mostrador

Y si hablamos de grabar el reloj de fichar, ya es que nos descojonamos, ¿eh guapas?

 

P.D: Y el divorcio de la otra gilipollas de la que hablabais me da por el culo, ¿vale?

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Las cifras que una vez supimos pero ya hemos olvidado. Y el miedo que dan.

Portada de Time de aquellas fechas...

El 12 de enero de este año, España colocó diez mil millones de deuda pública en una subasta del Tesoro. Ya sé que este dato se lo cree todo el mundo, pero pongo el enlace, por si acaso.

Todos sabemos que después de esta fecha, y cada dos semanas, se han ido celebrando otras subastas de deuda, con distintos montos, y que sobre estas subastas es sobre donde presionan los especuladores internacionales para encarecer nuestra financiación y apretarnos un poco más la soga al cuello.

Hasta aquí, lo conocido. Pero ahora me toca poner un enlace que a más de uno lo dejará helado. Es este, y no os lo perdáis.

Y me veo en la necesidad derepetir, en negrita, el comienzo:

Se conceden créditos para los gastos del Estado durante el año económico de mil novecientos setenta y siete hasta la suma de novecientos sesenta y siete mil doscientos cincuenta millones de pesetas, distribuidos en la forma que expresa el adjunto estado letra A. Los ingresos para el mismo ejercicio se calculan en novecientos sesenta y siete mil doscientos cincuenta millones de pesetas, según se detalla en el adjunto estado letra B.

O sea, que hace treinta y cinco años, el presupuesto total del estado era de menos de un billón. ¿Y cuánto es eso en euros? aproximadamente 6000 millones de euros. O sea, que a principios de 2012 hemos pedido prestado en el mes de enero el doble de todo el presupuesto nacional de 1977.

¿De veras somos tan ricos? ¿De veras el país ha prosperado tanto? ¿Cómo es posible que incluso con la inflación de por medio haya subido hasta este extremo el volumen de dinero que maneja el Estado? Porque seguro que alguno se agarra a la inflación y a la subida del IPC. Y no, no es tan bestial como para explicar esto. Según el Instituto Nacional de Estadística, la variación del IPC entre 1977 y 2012 ha sido del 779,7 %. Nada que ver con el billón de euros de presupuesto actual respecto al billón de pesetas de entonces…

Gastamos cada mes mucho más de lo que gastaban al año nuestros padres… ¿De veras vivimos veinte veces mejor que ellos?

Nos hemos vuelto locos. A ver si con un poco de suerte estos datos nos ayudan a recordar quienes somos, porque ni siquiera los que conocimos aquella época nos acordábamos de estas cifras…

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Inmigración libre: ayuda o neocolonialismo

Un mundo de colores

El progresivo auge de la extrema derecha en distintos países lleva a pensar que la política migratoria será uno de los temas estrellas de las próximas décadas, desequilibrando la balanza electoral y social de muchos países hasta ahora estables.

Por una parte, los países desarrollados no pueden perder su condición de refugio para los más desfavorecidos ni convertirse en zonas amuralladas, tanto por razones éticas como por motivos demográficos.

Por otra parte, parece poco razonable que alcanzar una frontera sea mérito suficiente para disfrutar de los derechos e infraestructuras que se han creado en otro país. Resulta obvio que el límite hay que ponerlo de algún modo y en alguna parte, pero no tanto cómo debe fijarse este límite ni en que´condiciones debe establecerse.

Como curiosidad en este sentido, debo decir que el más acérrimo enemigo de la inmigración que he conocido es un amigo mío de Gabón, estudiante de medicina en España, que afirmaba que nuestras facilidades para la inmigración eran un acto de neocolonialismo, robando mano de obra joven, talento, y personas emprendedoras. Le reconozco que él, al menos, regresó a su país tras estudiar medicina, pero no así muchos de sus compañeros, becados con dinero de su Gobierno, y que nunca regresaron a África a ejercer la medicina.

En aquella misma época tuve ocasión de conocer a varios ciudadanos de Mauritania, becados también, cuya única intención era concluir aquí sus estudios para irse luego a Francia, Bélgica y los Estados Unidos respectivamente. No me atrevo a juzgar la actitud de estas personas, pero da que pensar: quizás Samuel, el gabonés, tenía toda la razón y nuestros aparentes gestos humanitarios son solamente pretextos para conseguir mano de obra barata e impedir el desarrollo de otros países privándoles de lo mejor de cada generación.

Por mi parte, también quiero decirlo, no simpatizo con ninguna tesis que eche a los demás la culpa de los problemas propios, por lo que les recomendaría a los africanos que, antes de nada, arreglasen sus problemas sociales para convencer a la gente de que vale la pena quedarse. Porque no todo es economía: también se marchan muchos por la opresión, la falta de libertad y la presión de los caciques.

Tal que aquí mismo…

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Cuanto peor, peor (o cría cuervos y tendrás muchos)

Recién salida del río

A veces las conclusiones son tan obvias que, por más que nos esforcemos en darles la vuelta en busca de otro significado, no hay manera de conseguir superar la evidencia.

Hay últimamente por ahí un conjunto de gente que parece empeñada en convencernos de que cuanto peor vaya todo, mejor será al final. Son los militantes de la ruina, forofos de la crisis y amantes del tumulto, y se dividen en dos grupos bien diferenciados, al menos en teoría.

Por un lado están los que creen que a medida que las cosas empeoren la gente se volverá menos exigente y empezará a tragar con todo. Y puede que tengan razón, pero eso no incrementará sus beneficios,porque a medida que las cosas empeoren venderán menos, ganarán menos en cada venta y verán reaparecer las quejas de la pobreza, porque el que no tiene más que unos pocos euros para gastar se cuida muy mucho de que no le den gato por liebre. El capitalismo recalcitrante esperando que todo empeore es sólo una banda de idiotas que no conoce a sus trabajadores ni a sus clientes, y cuando cree que va a mejorar su posición, porque tiene algo, comparada con la de quienes tienen aún menos, se despeña a sí mismo por la senda de la pobreza, la ruina y elc ierre.

Por otro lado veo a los que creen que el empeoramiento de la situación es una puerta hacia la subversión y la revolución, que cambiará el marco económico y social del país. Buena parte de estos lo que quieren en realidad es poder quedarse gratis con tu casa, con tu moto y hasta con tu chica. La revolución, para ellos, consiste en romperle el escaparate al churrero y quemarle la furgoneta al panadero. Sin embargo, no parecen darse cuenta de que el empeoramiento de las condiciones de todos no va a resultar en ninguna mejoría, sino en purgas, cartillas de racionamiento y escasez diversa, porque buena parte de lo que consumimos viene de fuera, sobre todo la energia, y los que nos venden el petróleo no van a impresionarse un carajo por nuestras movidas sociales. La revolución que proponen conduce a la mugre, la agua  caliente que nos ale del grifo y al sindicalista convertido en comisario político, con capacidad para decidir quién vive y quién no. Y entonces, el churrero, el panadero, y todo el que quiere ducharse con agua caliente se hace fascista de pronto sin que ellos puedan comprenderlo.

Lo cierto, amigos, es que cuanto peor, peor. Lo cierto es que tenemos que buscar el modo de que las cosas vayan mejor, y de que se reparta mejor lo que se consiga. Hay ya demasiadas barajas rotas y demasiadas putas flotando en el río.

No hay sitio para más, de hecho…

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