España y la cuestión de la memoria

Esta por lo menos viene con las especificaciones bien claritas...

En España, la única memoria que tiene un límite es la de Hacienda: cuatro o cinco años para la prescripción de todas las cuentas con el fisco, para poder tirar las facturas y los papeles y que nadie te pueda preguntar qué fue de aquel recibo o de aquel otro justificante.

Para el resto de asuntos nuestra memoria se alarga o se acorta según convenga, convirtiendo cualquier discusión en una batalla irracional y cualquier ofensa pasada en un intento de sacar tajada al vecino mediante una indemnización. Y el vecino, por supuesto, que nació hace treinta años y no sabe de qué puñetas le están hablando, se cabrea cuando le dicen que tiene que pagar no sé qué daños que sufrió no sé quien en la década de los cincuenta, porque los derechos de unos, inevitablemente, cargan de obligaciones a otros.

Si se tratase de un debate racional podríamos intentar hacer como Hacienda: poner un plazo, el que sea y decir que antes de eso hablamos de historia y a partir de eso hablamos de derecho. Si se tratara de pensar y vivir en sociedad como personas sensatas, delimitaríamos de algún modo la fecha última de cualquier agravio y daríamos por caducados los anteriores. Pero no se trata de eso ni hay sensatez posible.

Los mismos que exigieron memoria histórica para el franquismo dicen luego que hay que saber olvidar y perdonar por el bien de la convivencia cuando se habla de ETA. Los mismos que dicen que es mejor no remover el pasado y dejar a los muertos en paz, exigen justicia eterna en el drama terrorista. ¿A qué nos quedamos? ¿Cuántos años ponemos en una hipotética ley para que los que libran sus batallas en despachos y cementerios dejen de bucear en hemerotecas en busca de algo que les otorgue derecho a una subvención, o a un resarcimiento?

Ni lo sé ni creo que haya quien pueda contestar a esa pregunta. En un país donde aún viven miles de familias muy cómodamente porque su bisabuelo murió en Cuba y les concedieron un estanco, la tumba del bisabuelo no va a dejar de ser tan fácilmente una fuente de ingresos.

Cuando funciona el mecanismo de que hay que llorar para mamar, queda meridianamente claro que las lágrimas son un medio de vida.

Y las lágrimas, al contrario que los yogures del ministro, no caducan nunca.

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Si yo trabajo gratis, tú también

Vieja fábrica cerrada

Ya paso de meterme en disquisiciones entre bytes y ladrillos, y voy a lo que cuenta, al trabajo. El fotógrafo que hace una foto está trabajando, el escritor que escribe un libro está trabajando, el músico que compone o interpreta una canción, está trabajando, y lo mismo sucede con el actor que rueda una película, o todo el equipo que hay en torno a ella.

Y si resulta que, por razones culturales, por el bien de la cultura libre, porque ya pagas la conexión o por la cuestión que se te ocurra, entiendes que ese trabajo no debe ser retribuido y que todo tiene que ser gratis, no me voy a meter a discutir tus ideas. Trata de obtener todo lo que puedas al menor precio, vale, que es lo que haría cualquier ser racional.

Te ruego, eso sí, que no me cuentes milongas ni me embutas la cabeza de chorradas como que el precio debe ser más justo o más competitivo: con el precio cero no hay quien compita, y además, los que están trabajando, si son hombres libres, pueden vender su trabajo al precio que prefieran. ¿No te gusta ese precio? No lo compres. ¿No te gusta y lo puedes obtener gratis, ya sea robando, contando tonterías o convenciendo a alguien de que te lo regale? Genial. Haces lo propio. Nada que decir.

Lo que te advierto desde hoy, amigo de lo gratuito, es que como periodista y escritor voy a valorar tu trabajo igual que tú valoras el mío. Si yo trabajo gratis, tú también. Si te quitan la paga extra o tu patrón te da por el culo, obligándote a trabajar catorce horas por seiscientos euros, lo apoyaré. Él, como tú, está sacando todo lo que puede, apretando todo lo que le es posible y obteniendo lo que desea al menor precio.

Si eres albañil y te has quedado en el paro, da conciertos, chaval. Si eres minero y te cierran la mina, saca carbón copyleft. Si eres funcionario y te bajan el salario, pon una ventanilla Creative Commons. Lo que nos sugieres a los demás, a ti te lo deseo: una sociedad en la que el trabajo no importa tanto como la oportunidad de obtenerlo al mejor precio, sin consideración alguna de justicia ni de esfuerzo.

Así que si las condiciones laborales empeoran, que te cunda, porque es lo que buscaste. Y cuando necesites apoyo para que no cierren tu fábrica o para que no te metan en un ERE, se lo vas a pedir a Youtube, que es el que gana una pasta con los vídeos que ves, o se lo pides a Megaupload, que fue el que se hizo rico con tus descargas. No me hables luego de solidaridad entre trabajadores cuando tú, mi trabajo, te lo pasas por el forro.

¿Lo quieres todo gratis? Me place y comprendo que lo defiendas. Pero cuando te traten como a un chino, con horario de chino y salario de chino, me placerá aún más. Cuando se te acabe el paro y quieras que hablemos de tu problema o nos manifestemos en solidaridad con tu problema, te responderé con un “me gusta” en Facebook, y que te vayan dando.

www.Javier-perez.es 

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La debilidad de los revolucionarios

No dependía de la luz, ni de Facebook, ni de la cobertura del móbil, ni vivía en una ciudad de 5 millones de habitantes, donde la comida se acabaría en menos de una semana.

Cada vez veo más gente pro ahí con ganas de un estallido social, o preguntándose hasta dónde se podrá llegar antes de que se produzca, pero mucho me temo que a pesar de llamarse a sí mismos revolucionarios no han estudiado los hechos concretos ni se han enfrentado a los verdaderos desafíos que  exige una acción de este tipo.

No me voy a parar a discutir si semejante revolución es posible, deseable, o si tendrá un apoyo masivo en vez de quedarse en una simple quema de contenedores. Lo que sí sé es que las carreras por la calle no son la revolución: eso son los sanfermines. Y que las hogueras en las plazas no son la revolución: eso son las fallas. De oponerse al poder a base de hacer me gusta en Facebook, o retwitear una soflama, ya ni me molesto en hablar…

El hecho es que para una acción seria y coordinada son imprescindibles una serie de requisitos de los que carecen por completo los que suelen llamarse a sí mismos revolucionarios. Vamos a ellos:

-Una acción de esta envergadura contra el poder establecido requiere coordinación y estrategia. Para ello es necesario que haya una serie de dirigentes implicados y comprometidos con la causa. ¿Existen esos dirigentes? ¿O el carácter horizontal de los movimientos de protesta ha eliminado cualquier posibilidad de que surjan esos líderes? A mi juicio, todo lo más que se puede conseguir sin estrategia y liderazgo son tumultos y alborotos, pero ningún cambio duradero, como no sea a peor.

-En segundo lugar tenemos como obstáculo la disgregación ideológica. Mientras se trata sólo de protestar, a nadie le importa ir al lado de alguien que no cree en lo mismo que él. Por eso, en el 15M vimos en Sol a los cristianos de base junto con los anarquistas, los anarquistas con los comunistas, y todos con los hijos de familias bien que querían sentirse contestatarios por un rato, pero que tienen preparado un puesto de trabajo en la empresa familiar o un enchufe en una administración pública. Si las cosas se ponen serias de veras, es imposible creer que esa unidad se mantendrá, sobre todo en un escenario de lucha económica en que unos tratarán de arramblar con lo que puedan y otros de defender lo suyo, tal y como ha sucedido desde que el mundo es mundo. Por tanto, las fuerzas que supuestamente apoyarían una revolución son a día de hoy demasiado heterogéneas y eso las debilita hasta el extremo.

-En tercer lugar, hay que mencionar la lamentable organización de todos estos grupos, que piensan en cambiarlo todo pero cuentan, mentalmente, con que todo seguirá igual en el entreacto, sin que nadie les corte la luz, el agua, o la cobertura del móvil.. Esta debilidad es particularmente patética, pues no parecen darse cuenta de lo que sucedería si, llevada la situación al extremo, se cortaran en una tarde todos los teléfonos y todas las conexiones a internet, lo que es realmente fácil de hacer para el poder establecido. Buena parte de los que se consideran revolucionarios no tienen modo de contactar con sus correligionarios si no es mediante teléfono móvil, correo electrónico o ciertas páginas web. muchos no se conocen ni saben cómo localizarse físicamente sin esos medios tecnológicos que, insisto, se pueden eliminar o reducir drásticamente en cuestión de horas. Cualquier movimiento revolucionario lo tendría previsto y sabría cómo ponerle remedio, pero el hecho es que nadie o casi nadie en España sabría qué hacer ante semejante eventualidad. ¿Cómo se coordinarían las acciones? ¿Cuales serían los puntos de encuentro? A día de hoy, estas son preguntas sin respuesta, y los ejemplos que se ponen de los países árabes no son aplicables ni de lejos: allí hay líderes (islamistas), la población se concentra en pocas ciudades (con grandes desiertos entre ellas) y las relaciones personales son mucho más estrechas.

Así las cosas, los gobiernos, tanto el de España como el de Grecia o los de otros países europeos, respiran tranquilos, sabiendo que la estructura de la población, su dependencia de la tecnología y el individualismo son mayores obstáculos que cualquier fuerza que oponga el poder establecido. El mayor enemigo de cualquier conato de revolución son, a día de hoy, los que pretenden fomentarla.

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Los que torean toros muertos (¡y olé!)

A por las ETT, que este ya está muerto, joder...

Las movilizaciones se desinflan y el descontento con la situación actual se desintegra porque hay demasiados matadores de toros muertos entre los que se llaman a sí mismo revolucionarios. Su falta de imaginación a veces es tal que ni se molestan en identificar de manera analítica a los enemigos con los que deben enfrentarse.

Hay demasiada gente preocupada aún por luchar contra el franquismo, demasiada gente luchando contra la influencia de la Iglesia y demasiados, me parece, que por apuntarse al carro de las protestas se alistan para defender los privilegios de castas impresentables, como el estamento universitario, donde todo es opaco, soterrado y terriblemente familiar. ¿Por qué creéis que en el fondo esas protestas son tan bienvenidas? Porque desmovilizan. Porque se las puede alentar y hasta aplaudir desde el departamento de marketing de unos grandes almacenes, convirtiéndolas en productos de masas, al estilo de las camisetas del Che Guevara. Vanalización, se llama.

Cambiar las cosas empieza necesariamente por identificar a los adversarios del presente, en vez de dar por buenos los que nuestros padres y nuestros abuelos eligieron. Ellos luchaban contra el franquismo (o no) porque fue lo que les tocó, pero seguir sus pasos en vez de enfrentarnos , por ejemplo, a las deslocalizaciones de las multinacionales es batir todas las plusmarcas de ceguera. Ellos luchaban contra la influencia de la Iglesia porque padecían un país confesional, bajo palio, y con certificado de un párroco, pero lo nuestro son las Empresas de Trabajo temporal, las consultoras que ganan millones recortando plantillas y las subcontratas salvajes.

Lo que sucede, me temo, es que hay demasiado luchadores que quieren a la vez luchar y quedar bien, que quieren  conservar su imagen de revolucionarios pero sin arriesgarse a perder un empleo o una subvención. Y para eso no hay como dar palos al tigre muertos, hacer leña del árbol caído y escupir sobre la tumba del dictador, en lugar de sobre la sede de los que hoy, hoy sí, nos empujan a la pobreza.

Con semejante activismo low-cost lo que tenemos es servicios low cost, y pronto ni eso…

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Si no te atienden, grábalo

No es la oficina en cuestión pero está igual de vacía...

Lo prometido es deuda y por esta vez no publico el vídeo, pero no pienso volver a pasarme diez minutos en el Ayuntamiento esperando a que las dos funcionarias, de espaldas a mí, decidan dejar su charla sobre la vida de no sé quién después de decirme que la persona que se ocupa de ese trámite está fuera.

Me la sopla que esa persona esté fuera. Y me la sopla que se dividan el trabajo de modo que un oficinista trabaje y los otros dos se rasquen el churro. La jugada de que una vaya a tomar el café a la una me suena a triquiñuela para hacer la compra, recoger los niños y renovarse la permanente. No me meto en el derecho de nadie a sus veinte minutos o media hora de descanso, pero es curioso que a ninguna hora esté ni la mitad siquiera del personal. Y los que están, ¿para qué se quedan si no te atienden?

Y ni siquiera he ido a pedir los planos de la bomba atómica, o aún peor, los presupuestos municipales: sólo quiero cambiar lo titularidad de un recibo del agua, y si hay dos señoritas sin hacer nada, porque ni siquiera se cortaban para que no oyese que lo que hablaban, espero al menos que no se se alejen de mí y me den la espalda, como camareros bordes, para darme a entender que pasan de mí. Y espero mucho menos aún que me respondan de malos modos si renuevo mi queja a los cinco minutos.

Al final lo que funciona es sacar el teléfono móvil, grabarles la cháchara, grabar la media docena de sillas vacías y jurar por los muertos de Larra que vas a colgar el vídeo en internet y que luego ellas le expliquen a sus superiores qué coño están haciendo y por qué el ciudadano que lo grabó está tan cabreado.

Porque hablamos mucho de grabar los plenos municipales, pero a lo mejor era más gracioso aún grabar las oficinas municipales, con los ordenadores encendidos, los asientos vacíos, y la gente acumulándose al otro lado del mostrador

Y si hablamos de grabar el reloj de fichar, ya es que nos descojonamos, ¿eh guapas?

 

P.D: Y el divorcio de la otra gilipollas de la que hablabais me da por el culo, ¿vale?

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Las cifras que una vez supimos pero ya hemos olvidado. Y el miedo que dan.

Portada de Time de aquellas fechas...

El 12 de enero de este año, España colocó diez mil millones de deuda pública en una subasta del Tesoro. Ya sé que este dato se lo cree todo el mundo, pero pongo el enlace, por si acaso.

Todos sabemos que después de esta fecha, y cada dos semanas, se han ido celebrando otras subastas de deuda, con distintos montos, y que sobre estas subastas es sobre donde presionan los especuladores internacionales para encarecer nuestra financiación y apretarnos un poco más la soga al cuello.

Hasta aquí, lo conocido. Pero ahora me toca poner un enlace que a más de uno lo dejará helado. Es este, y no os lo perdáis.

Y me veo en la necesidad derepetir, en negrita, el comienzo:

Se conceden créditos para los gastos del Estado durante el año económico de mil novecientos setenta y siete hasta la suma de novecientos sesenta y siete mil doscientos cincuenta millones de pesetas, distribuidos en la forma que expresa el adjunto estado letra A. Los ingresos para el mismo ejercicio se calculan en novecientos sesenta y siete mil doscientos cincuenta millones de pesetas, según se detalla en el adjunto estado letra B.

O sea, que hace treinta y cinco años, el presupuesto total del estado era de menos de un billón. ¿Y cuánto es eso en euros? aproximadamente 6000 millones de euros. O sea, que a principios de 2012 hemos pedido prestado en el mes de enero el doble de todo el presupuesto nacional de 1977.

¿De veras somos tan ricos? ¿De veras el país ha prosperado tanto? ¿Cómo es posible que incluso con la inflación de por medio haya subido hasta este extremo el volumen de dinero que maneja el Estado? Porque seguro que alguno se agarra a la inflación y a la subida del IPC. Y no, no es tan bestial como para explicar esto. Según el Instituto Nacional de Estadística, la variación del IPC entre 1977 y 2012 ha sido del 779,7 %. Nada que ver con el billón de euros de presupuesto actual respecto al billón de pesetas de entonces…

Gastamos cada mes mucho más de lo que gastaban al año nuestros padres… ¿De veras vivimos veinte veces mejor que ellos?

Nos hemos vuelto locos. A ver si con un poco de suerte estos datos nos ayudan a recordar quienes somos, porque ni siquiera los que conocimos aquella época nos acordábamos de estas cifras…

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Inmigración libre: ayuda o neocolonialismo

Un mundo de colores

El progresivo auge de la extrema derecha en distintos países lleva a pensar que la política migratoria será uno de los temas estrellas de las próximas décadas, desequilibrando la balanza electoral y social de muchos países hasta ahora estables.

Por una parte, los países desarrollados no pueden perder su condición de refugio para los más desfavorecidos ni convertirse en zonas amuralladas, tanto por razones éticas como por motivos demográficos.

Por otra parte, parece poco razonable que alcanzar una frontera sea mérito suficiente para disfrutar de los derechos e infraestructuras que se han creado en otro país. Resulta obvio que el límite hay que ponerlo de algún modo y en alguna parte, pero no tanto cómo debe fijarse este límite ni en que´condiciones debe establecerse.

Como curiosidad en este sentido, debo decir que el más acérrimo enemigo de la inmigración que he conocido es un amigo mío de Gabón, estudiante de medicina en España, que afirmaba que nuestras facilidades para la inmigración eran un acto de neocolonialismo, robando mano de obra joven, talento, y personas emprendedoras. Le reconozco que él, al menos, regresó a su país tras estudiar medicina, pero no así muchos de sus compañeros, becados con dinero de su Gobierno, y que nunca regresaron a África a ejercer la medicina.

En aquella misma época tuve ocasión de conocer a varios ciudadanos de Mauritania, becados también, cuya única intención era concluir aquí sus estudios para irse luego a Francia, Bélgica y los Estados Unidos respectivamente. No me atrevo a juzgar la actitud de estas personas, pero da que pensar: quizás Samuel, el gabonés, tenía toda la razón y nuestros aparentes gestos humanitarios son solamente pretextos para conseguir mano de obra barata e impedir el desarrollo de otros países privándoles de lo mejor de cada generación.

Por mi parte, también quiero decirlo, no simpatizo con ninguna tesis que eche a los demás la culpa de los problemas propios, por lo que les recomendaría a los africanos que, antes de nada, arreglasen sus problemas sociales para convencer a la gente de que vale la pena quedarse. Porque no todo es economía: también se marchan muchos por la opresión, la falta de libertad y la presión de los caciques.

Tal que aquí mismo…

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Cuanto peor, peor (o cría cuervos y tendrás muchos)

Recién salida del río

A veces las conclusiones son tan obvias que, por más que nos esforcemos en darles la vuelta en busca de otro significado, no hay manera de conseguir superar la evidencia.

Hay últimamente por ahí un conjunto de gente que parece empeñada en convencernos de que cuanto peor vaya todo, mejor será al final. Son los militantes de la ruina, forofos de la crisis y amantes del tumulto, y se dividen en dos grupos bien diferenciados, al menos en teoría.

Por un lado están los que creen que a medida que las cosas empeoren la gente se volverá menos exigente y empezará a tragar con todo. Y puede que tengan razón, pero eso no incrementará sus beneficios,porque a medida que las cosas empeoren venderán menos, ganarán menos en cada venta y verán reaparecer las quejas de la pobreza, porque el que no tiene más que unos pocos euros para gastar se cuida muy mucho de que no le den gato por liebre. El capitalismo recalcitrante esperando que todo empeore es sólo una banda de idiotas que no conoce a sus trabajadores ni a sus clientes, y cuando cree que va a mejorar su posición, porque tiene algo, comparada con la de quienes tienen aún menos, se despeña a sí mismo por la senda de la pobreza, la ruina y elc ierre.

Por otro lado veo a los que creen que el empeoramiento de la situación es una puerta hacia la subversión y la revolución, que cambiará el marco económico y social del país. Buena parte de estos lo que quieren en realidad es poder quedarse gratis con tu casa, con tu moto y hasta con tu chica. La revolución, para ellos, consiste en romperle el escaparate al churrero y quemarle la furgoneta al panadero. Sin embargo, no parecen darse cuenta de que el empeoramiento de las condiciones de todos no va a resultar en ninguna mejoría, sino en purgas, cartillas de racionamiento y escasez diversa, porque buena parte de lo que consumimos viene de fuera, sobre todo la energia, y los que nos venden el petróleo no van a impresionarse un carajo por nuestras movidas sociales. La revolución que proponen conduce a la mugre, la agua  caliente que nos ale del grifo y al sindicalista convertido en comisario político, con capacidad para decidir quién vive y quién no. Y entonces, el churrero, el panadero, y todo el que quiere ducharse con agua caliente se hace fascista de pronto sin que ellos puedan comprenderlo.

Lo cierto, amigos, es que cuanto peor, peor. Lo cierto es que tenemos que buscar el modo de que las cosas vayan mejor, y de que se reparta mejor lo que se consiga. Hay ya demasiadas barajas rotas y demasiadas putas flotando en el río.

No hay sitio para más, de hecho…

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Empresa española suspende el desarrollo de un antitumoral que funcionaba pero sólo era útil para un tumor infrecuente

Chungo lo tienen los afectados por enfermedades raras...

Esta es la clase de noticias que me cabrean: Una bioteconológica española, Zeltia, estaba trabajando con un nuevo antitumoral para cáncer de esófago y descubrió que el nuevo medicamento tenía una actividad muy notable, pero en la fase II de los trabajos ha decidido suspender el desarrollo del fármaco, por ser útil sólo para un 1 % de los tumores de esófago. Para quien esté interesado en más detalles sobre el asunto, el nombre del fármaco es IRVALEC, así que lo ponéis en Google y los que tengáis la suerte de entender del tema, os informáis mejor de lo que puedo hacer yo.

En este caso, la reacción es comprensible porque se trata de una empresa pequeña que no puede permitirse de ninguna manera ese gasto sin recuperarlo luego, pero no dejo de preguntarme cuántos fármacos similares a este hay atascadaos en los archivos por curar solamente enfermedades raras o simplemente infrecuentes.

Zeltia, que posiblemente abarca ya más de lo que puede con sus medios humanos y financieros (antitumorales marinos, fármacos contra el Alzheimer etc.) ha tenido que dejar esto aparcado, pero ha informado de ello. ¿Y no hay nadie que quiera seguir adelante con el proyecto?, ¿no se gastan millonadas en las universidades en proyectos de investigación sin ningún resultado?,¿No es lo bastante interesante para que un Ministerio o una Universidad prosigan estos trabajos en uno de los centros que ya tienen abiertos? ¿No hay aquí una buena ocasión para gastar en algo realmente útil las subvenciones que a veces van al hoyo de la irrelevancia, la tontería o la simple incompetencia?

Por el lado de la iniciativa privada ya no me meto: cada cual invierte en lo que puede y quiere, pero de veras me cabrea que el sector público pase por alto estas cosas, las útiles pero no rentables a corto plazo, que es donde verdaderamente puede y debe enfocar su inversión en investigación.

Y sí, ya lo sé: deberían poner también dinero las empresas privadas, pero eso me parece ya confiar demasiado en la naturaleza humana y mi ingenuidad no llega para tanto.

Felicidades a los gallegos de Zeltia por lo que han encontrado y a ver si hay suerte, se forran con otra cosa, y siguen para delante con esto.

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Andalucía y Valencia: la trágica semejanza de dos casos diferentes

Vieja alegoría del caciquismo

No se trata de ideologías, sino de la dura mecánica de los intereses inconfesables y los incentivos perversos: tanto Andalucía como Valencia llevan décadas gobernados por el mismo partido político, y a pesar de los constantes casos de corrupción, de los saqueos, de los dineros públicos empleados en cien malversaciones diferentes, a la hora de las elecciones los votantes sigue optando por continuar con los mismos gobiernos, como si le diese todo igual y alentasen la ampliación del mamoneo.

Y al fin y al cabo es o es lo que sucede: a una parte del electorado, muy amplia y cada vez mayor, le importa sólo el mantenimiento de sus relaciones con el poder, su clientelismo, el dinero gratis o con poco esfuerzo y las concesiones administrativas ganadas pongas lo que pongas en la plica del concurso.

Esta es la expresión máxima de la vieja doctrina del 51 % consistente en repartir todos los recursos disponibles entre el 51% de los votantes y no dar nada en absoluto al resto, de tal manera que los que reciben la parte del pastel te mantengan indefinidamente en el poder mientras los otros, simple y llanamente, pagan y revientan. Por eso, en los lugares donde se ha seguido esta doctrina, cuando un candidato recibía muchos más votos de este 51 % se le sustituía, puesto que se entendía que estaba creando un exceso de gente satisfecha, o lo que es lo mismo, estaba dándole algo a gente que no tenía por qué recibir nada en absoluto. O dicho de otro modo, porque estaba quitándoselo a los propios para dárselo a quien no debía.

Aquí no somos tan explícitos, pero la situación es la misma, repetida con dos corrientes políticas distintas y en dos regiones diferentes: las redes de clientelismo, de contratación a dedo, de favores debidos y licitaciones amañadas son más poderosas que el deseo de catarsis de una parte de la población, los que son neutrales, deseosos de ver que las instituciones funcionen con un poco de limpieza y transparencia.

Aquí nos hemos encontrado con que el cacique local, que se follaba a tu hija pero te daba tierras y trabajo, ha sido sustituido por una especie de aparato al que llaman democrático pero que viene a hacer poco más o menos lo mismo, con la agravante de que no puedes echarle siquiera la culpa, porque ahora se llama voluntad popular.

Para esto prefería al cacique: por lo menos podías agarrarlo un día y colgarlo de un pino.

 

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