Trump y la estrategia de la crispación preventiva

Es socialmente repugnante, pero funciona, al menos durante un tiempo. La estrategia de la crispación preventiva pone a los tuyos en guardia y los moviliza contra cualquier medida que el otro bando, porque se trata de bandos, pueda tomar contra tus intereses. Es como llamar machista a alguien antes de que abra la boca. Es como llamar racista a alguien antes de que abra la boca: lo que importa es que no abra la boca, no lo que vaya a decir.

Con la dilación en la entrega de Poderes, Donald Trump sigue esa estrategia: son ilegítimos, quieren cambiar nuestra sociedad y van a por nuestra libertades. Ya lo sabéis. Ya lo veréis.

Una vez creado el prejuicio, la otra parte tiene que combatirlo antes de actuar, lo que desgasta sus energías antes incluso de dar el primer paso. En los últimos tiempos, es una estrategia utilizada por todo tipo de activismos para sacar temas incómodos de la agenda.

Lo peor de todo es que se trata de una estrategia racional. Tan racional como robar, porque lo que se roba siempre sale barato. Tan racional como abusar del débil, porque el débil genera pocos riesgos. Tan racional como pedir a los demás lo que nunca estaría dispuesto a dar uno mismo, porque eso genera un margen de beneficio completamente envidiable.

¿Qué puede perder, a estas alturas, un personaje como Trump, al dilatar al máximo la pacífica entrega de poderes. desde el punto de vista de una persona sensata, su prestigio, su credibilidad, todo. Desde el punto de vista de alguien a quien la opinión de los demás le acaricia la entrepierna como un viento caribeño, no hay nada que perder. Ya le llaman psicópata. Ya le llaman gilipollas. Ya le llaman dictador. ¿qué más pueden llamarle?

Ese es el problema de cargar las tintas contra alguien a la menor oportunidad: que lo inmunizas. Que le da igual. Que la segunda bofetada ya no añade ni ofensa ni dolor, igual que la segunda bofetada que el maltratador da a la maltratada ya no añade pena de cárcel y sale gratis.

A Trump ya le da igual. No le queda nada que perder. No podemso esperar decisiones racionales de alguien a quien no le queda nada que perder.

Sería bueno estar más atentos a ese modo de calcular las cosas. Sería bueno estar más atento, como los antiguos, a sabes construir puentes de plata.

 

econline

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