Los que te ayudan a no cumplir promesas indeseables

Un juego de incentivos

Un juego de incentivos

Se trata de un tema bastante complejo y poco conocido, pero la reciente victoria de Syriza en Grecia pone el viejo tema de actualidad: cuando ganas unas elecciones, necesitas a quien te ayude a cumplir una parte de tu programa y necesitas también quién te ayude a no cumplir otra parte, con los mínimos costes, de modo que tengas a quién echarle la culpa.

Al final, la idea central reside en ese principio químico según el cual una mezcla no tiene por qué mantener la naturaleza básica de ninguno de sus componentes y acaba comportándose como una sustancia distinta.

El Nuevo primer ministro griego tiene muy claras cuales son sus prioridades: una posición fuerte para renegociar la deuda y la liberación de su país de las garras extranjeras, vestidas en esta ocasión de Troika, También tiene muy claro qué parte de su programa no puede ni quiere cumplir, por ser incompartible con el resto de sus propuestas e incluso con el sentido común: abrir completamente las fronteras y ofrecer barra libre de servicios sociales a todo extranjero que ponga sus pies en el país.

Así las cosas, es inútil buscar explicaciones ideológicas al extraño pacto entre la izquierdista Syriza y el ultraconservador ANEL: se trata de un acuerdo de intereses. Si Syriza quiere mejorar las condiciones de vida de los griegos tiene que administrar muy bien los escasos recursos del país y no se puede permitir aumentar el denominador de la división permitiendo la entrada en el país a cientos de miles de nuevos pobres. Si ANEL quiere salir de la irrelevancia, tiene que poder ofrecer algo a sus electores, y tanto le da pactar con la izquierda como con cualquier otro, siempre que pueda ver cumplida una parte fundamental de su programa.

El pacto es natural: Syriza necesita alguien a quien cargar el mochuelo de su marcha atrás en política de inmigración y ANEL necesita a alguien que le ayude a colocarse en el centro del escenario. Si además coinciden, como es el caso, en la necesidad e recuperar de un modo u otro la soberanía nacional, no hay dificultades reales para el acuerdo.

El único problema es que la fusión entre socialistas reales y nacionaliistas reales tiene un nombre muy feo. Pero ni siquiera ese peligro parece acechar el nacimiento de la nueva coalición, porque ese nombre, tan desagradable, está copado por otras siglas con las que cuidadosamente nadie quiere negociar.

Así las cosas, todos contentos.

Cuestión de incentivos.

econline

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