CARTA A UN INDIGNADO (sobre la gratitud y el cabreo)

Queremos inaugurar este blog con un artículo publicado hoy en el mundo, cuyo autor es Salvador Sostres. 

Y si no es con buen pie, al menos es con pie fuerte.

Horridoooh!

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Ahora en serio, después de todos estos años, ¿tú en serio estás indignado? Me refiero a todos estos años de prestaciones descomunales y de derecho a casi todo, sin casi trabajar, sin casi tener que dar un puñetero palo al agua. ¿Estás indignado? ¿Indignado por qué exactamente? ¿Por qué ya no te va a ser posible vivir como Dios haciendo el vago? ¿Por qué ya no vas a poder saquear el dinero de los demás y tendrás que vivir del tuyo propio? ¿Estás indignado después de tantos años de tenerlo todo pagado? ¿No crees que el agradecimiento sería un sentimiento mucho más razonable?

El agradecimiento a tantos miles de personas que trabajaron y trabajan como campeones para con sus impuestos poder pagarte tu subsidio de holgazán, tu escuela pública, tu médico gratis. Ellos trabajaron y trabajan como auténticas bestias y además de pagarte con sus impuestos –fruto de su esfuerzo- tu colegio y tu médico y tu subsidio del paro, se pagaban y se pagan su propio seguro médico, llevaban y llevan a sus hijos a un colegio privado y trabajaron sin protestar todas las horas extras que hizo falta.

¿De verdad estás indignado? ¿De verdad crees que todavía te debemos algo? ¿Cuándo llega tu turno? Tu turno de ponerte a trabajar, tu turno de crear riqueza y puestos de trabajo, tu turno de ser tan solidario con los demás como tú exiges que lo sean contigo. Perdona que te lo pregunte, pero ¿cuándo llega tu ejemplo, tu demostración personal, esforzada y sacrificada, de todo aquello en lo que tanto crees? ¿Has dado alguna vez las gracias por todo lo que has recibido? De cada cien veces que te has quejado y que te has indignado, ¿cuántas veces has dado las gracias y cuántas veces te has sentido afortunado y agradecido? ¿Cuántas veces has pensado que tal vez seas tú quien le deba algo a los demás, aunque sólo sea una pequeñísima parte de todo lo que te han dado? ¿Cuántas veces te has preguntado por qué no se te puede exigir a ti lo que tanto tú exiges a los demás?

Has vivido muchos años muy bien y has considerado normal, y un derecho adquirido, tu tren de vida alto y hasta altísimo. Y además de vivir muy bien lo has hecho sin trabajar, o trabajando muy poco, y en muchas ocasiones muy mal. La crisis es mucho más fruto de estos excesos que de los bancos o de los “poderosos” -como dicen los horteras-; pero en cualquier caso es delirante que después de todo este tiempo de vivir a cuerpo de rey y sin pegar ni sello tengas todavía la inmensa, inconmensurable jeta de llamarte a ti mismo un “indignado”.

Has sido un parásito y se ha acabado la sangre fresca a cualquier hora del día. Tendrás que trabajar, tendrás que trabajar mucho y que trabajar muy bien. ¿Estás asustado? No me extraña, porque comparado con estar todo el día echado en el sofá o buscando excusas para tu holgazanería, tengo que reconocer que el contraste te va a resultar llamativo, y brusco.

Pero sea como sea no pierdas el tiempo, ni las fuerzas, indignándote. Eso no da de comer, créeme. Mejor busca trabajo e implícate en él sin vacilar, porque si no lo haces, en poco tiempo no te va a conocer ni tu madre del hambre que vas a pasar.

econline

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