La triste plaga de los edificios muertos

Vete a saber qué recibo dejaron de pagar...

Me lo contaba el otro día una amiga: cada vez hay más edificios muertos, con toda la tragedia que eso conlleva y la dificultad de solucionar un tema como ese, en el que se mezclan lo económico y social de manera inseparable.

¿Y que es un edificio muerto? Pues aquel en el que una parte sustancial de los vecinos, la mitad a veces, no puede pagar su cuota de la comunidad, con lo que no se puede pagar la calefacción, la señora de la limpieza, la revisión de los ascensores ni el seguro de la comunidad, entre otros servicios comunes. De hecho, en muchos casos ni siquiera se puede pagar ala administrador, o a un abogado que reclame estas cantidades, con lo que en poco tiempo todos, los que pueden pagar y los que no, se ven viviendo en un lugar difícilmente habitable, sin luz en la escalera, sin ascensor, sin calefacción y sin agua caliente.

Y lo pero de todo es que la solución pasa por presionar a tu vecino, que muchas veces es tu amigo. ¿Pero cómo le vas a presionar, si lo conoces de toda la vida y sabes que si no paga es porque no puede? ¿Cómo le vas a presionar si sabes que debe tres letras al banco y que está en las últimas?

Sin embargo, ya lo veis, nadie habla de esta tragedia: se habla de las personas desahuciadas y de los cholletes de los bancos, pero nadie conoce este infausto término medio donde todos, sin excepción,. pagan las consecuencias de los que compraron si poder, los que aprovechan para no pagar y los que han tenido un golpe de mala suerte, como quedarse ambos miembros de la familia en paro.

Ded estos pòlvos vendrán los lodos de los incendios al buscar calor de maneras alternativas, los robos, la inseguridad por la oscuridad en la escalera. Y lo que no imaginamos.

Por mi parte hago lo que puedo: ayudar a que se sepa.

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Los embajadores del País de las Hostias

No arde un ministerio...

En todas las sociedades y en todas las épocas hay una inmensa mayoría de personas que lo único que desean es poder vivir tranquilamente, criar a sus hijos, casarse con la persona que quieren y vivir lo mejor posible.

Sin embargo, en todas las sociedades y épocas hay también personas que prefieren la violencia o no ven otra salida a ciertas situaciones, ya sea por su propio carácter o porque consideran que las protestas pacíficas no sirven para nada. Estos son los que yo llamo embajadores del País de las Hostias.

En España, últimamente, estamos asistiendo a un renacer de este grupo, amparado en la crisis económica, el descontento general, y la lógica impopularidad de los recortes que aprueba el Gobierno. Dicen luchar contra el sistema, peor en realidad, y es incontestable, queman la furgoneta del panadero y rompen el escaparate del bar de barrio. O dicen defender el orden y se dedcan a partiurle la cara a losd que más a mano tienen, proque buscar a los verdaderos violentos es molesto y peligroso.

Los hay, por tanto, en los dos grupos: entre los manifestantes y entre los policías, y en el fondo son iguales y prácticamente intercambiables, dependiendo del turno que tengan, el pie con el que se hayan levantado o de qué vaya la protesta.

La estrategia, en ambos lados, es clara:

-Por parte de los manifestantes violentos, no se trata de conseguir nada, pues saben de sobra que quemando contenedores no se consigue nada, sino de crear un ambiente en el que se genere una especie de estado de excepción que permita saqueos y actos vandálicos. Se trata sobre todo de cainismo, ajustes de cuentas, dar rienda suelta al placer de romper y destruir cosas y en algunos casos, muy extraños, fomentar un revuelta de más alcance que consiga generalizar el expolio de sus vecinos. Porque nonos engañemos: cuando hablan de repartir loa bienes d e los ricos se refieren al coche del vecino, que lo han visto aparcado y les gusta, y no al de Emilio Botín, que no lo han visto en su vida y saben que, en todo caso, no será para ellos, sino para el Presidente de su futuro Politburó.

-Por parte de la reacción a  estas protestas, se trata de imponerse. De marcar el territorio. De demostrar quién manda. De demostrar que la autoridad consiste en imponerse y no en razonar nada. La única idea que les pasa por la cabeza es “sacudir a esos cabrones” para que espabilen. Es un juego de perros mordiendo pro marcar un territorio y demostrra quién manda en la manada. Lo demás, no interesa. En algunos casos, unos pocos, lo que intentan es generar un estado de criminalización de las protestas en el que la reacción de los que quieren vivir tranquilos sea pedir más hostias, más dureza, más control policial y más represión.

La dialéctica de la violencia callejera, en general, repugna a esa mayoría de gente que quiere vivir en paz, salir con su pareja y criar a sus hijos, y cuando se extrema, acaba produciendo fascismo en vez de revolución.

Después del suficiente número de alborotos y de incendios, ya no es la policía la que reparte estopa, sino que sale el dueño del bar al que le rompieron el escaparate, y el panadero al que le quemaron la furgoneta, y salen con una barra de hierro, sus hijos, sus amigos, para demostrar quién es en realidad la mayoría y quién da en realidad todos los palos. Como sucedió en Londres.

Y cuando eso se generaliza, tenemos el Berlín de los años 30, porque los embajadores del País de las Hostias se sorprenden luego de que los obreros se hagan fascistas y acaban por buscar razones en extrañas conspiraciones que no pueden comprender.

Y es más simple que todo eso: la revolución es otra cosa. Las carreras son los Sanfermines y las fogatas son las Fallas. Dejarse manipular por los que quieren la revolución o el fascismo, tiran la piedra y se meten en la multitud, es no haber entendido nada.

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La tragedia de los niños adoptados y devueltos

Afortunadamente ya no existe este tipo de orfanatos...

A menudo se habla de la cantidad de animales abandonados que vemos por nuestras calles, perros sobre todo, y de cómo aumenta la incidencia de esta canallada en ciertas épocas del año, cuando no se puede llevar al perro de vacaciones, o cuando el animal, por haber crecido, deja de ser un juguete peludo para convertirse en una obligación para sus dueños.

Sin embargo, se habla muy poco, o casi nada, de la tragedia de los niños que son devueltos a las instituciones de acogida después de haber sido adoptados, y es un problema real y más frecuente de lo que parece.El silencio que cae sobre este fenómeno se debe a toda clase de intereses y también, hay que decirlo, a una especie de vergüenza a la hora de hablar sobre un tema tan doloroso y tan complejo.

Aunque hay toda clase de datos al respecto, y a veces resultan bastante heterogéneos, en España son devueltos entre un ocho y un doce por ciento de los niños que son recibidos en adopción o en acogida. La incidencia de este fenómeno es muy dispar, según la edad y circunstancias de los niños adoptados.

Según distintas instituciones de acogida, la máxima incidencia de las devoluciones se da en los niños que son adoptados con más de sis años, y la mínima, con los bebés de menos de un año. Los dos momentos críticos para las devoluciones de estos niños son los seis primeros meses después de la adopción y el momento en que cumplen trece años, o sea, en la adolescencia.

Las causas, por supuesto, son muy dispares, pero apuntamos tres que nos han transmitido:

-Falta de preparación de los padres adoptivos, que no tenían realmente claro lo que significaba adoptar un niño. El caso más típico es el de la mujer sola que quiere adoptar un niño y luego, cuando lo tiene, se siente incapaz de compatibilizar su horario y sus obligaciones laborales (o intereses personales) con la atención que este niño requiere.

-Incapacidad de los padres para asumir el pasado traumático del niño. Los niños, sobre todo a partir de cierta edad, traen consigo un pasado doloroso y a veces muy rtraumático, ya que proceden de familias desestructuradas o de verdaderas tragedias. Esto, a menudo, es muy difícil de comprender por los padres adoptivos, que quieren partir de cero sin llegara  interiorizar este fenómeno.

-El abandono psicológico. Se le llama a sí, de manera eufemística, al hartazgo, la falta de ganas, el haber cambiado de opinión, el haberse hartado del niño, la poca coincidencia entre lo que se esperaba y lo que obtuvieron de la paternidad y una serie de problemas de todo tipo entre los que se incluye, por supuesto, el hecho de que los padres tengan verdaderos problemas de pareja o personales, ya que la ruptura d elso matrimionios con hijos adoptados es una de las causas que concluye con cierta frecuencia en la devolución de estos niños.

Por último, y como curiosidad, para quién no lo sepa, hay que decir que en España el 80% de las adopciones son internacionales (procedentes especialmente de China y Suramérica), pero en los casos en que estos niños son devueltos, se hace cargo de ellos de todos modos el Estado Español o la administración pública correspondiente, sin que lleguen a devolverse nunca a su país de origen.

He hecho cuanto he podido para evitar el amarillismo fácil de la tragedia humana, pero en realidad quería escribir sobre eso.  Abandonar un perro es una canallada. Devolver un niño, un horror.

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El cambio en el rostro de los borrachos

Blues...

Vivo en una zona de paso: por aquí circulan por las noches lo que se van del Barrio Húmedo en dirección a sus casas, después de que hayan cerrado todos los bares.

Hasta hace unos años, este era un lugar de juerga, y una de mis preocupaciones consistía en cerrar bien las ventanas para que no me despertasen las hordas desaforadas con sus cánticos regionales. Y sí, lo propongo: el gobierno del Principado de Asturias debería hacer una campaña seia para que su himno oficial lo cantase de cuando en vez gente sobria.

Bromas aparte, el caso es que por aquí siguen pasando muchos borrachos, pero he observado algo que me preocupa: cada vez pasan a horas más tempranas y algo ha cambiado en su rostro. Ya no son aquellos borrachos que se tomaban la cogorza con alegría. Ya no son aquellos chavales que venían hasta el culo de vinos y cubatas, rumbo a sus pisos de estudiantes, para espantar la resaca y estudiar el puto análisis matemático.

Ahora veo cada vez a más borrachos de cierta edad, bien vestidos, con el traje ajado por el uso y las suelas carcomidas por paseos inútiles. Veo cada vez más hombres sin afeitar, entre los cuarenta y los cincuenta, con los ojos enrojecidos y la lengua trabucada por algo que no sólo es el alcohol.

Ahora, cuando veo a un hombre tambaleante, apoyándose en la verja de la catedral, o en las piedras ennegrecidas de la diputación, ya no pregunto tanto dónde habrá estado, sino de dónde habrá salido y a dónde no quiere regresar.

Cuando a las dos de la mañana apriete fuerte  la helada, muchos de ellos ya se habrán recogido a lugares igual de fríos, a silencios o a gritos, pero sin la carcajada del que quiso olvidarse de sí mismo por un rato para recobrarse después.

Nuestras ciudades se entristecen. El tópico de beber para olvidar regresa en su máxima vigencia con personas que no buscan, como hasta hace poco, el olvido existencial del que lo tiene todo y no sabe qué hacer con su vida, sino que llevan el la frente la mirada de los mil metros de los excombatientes derrotados.

Son los militantes de la desilusión, soldados del desencanto y del para qué. Son los “paraquéidistas” de esta nueva guerra que empezamos a ver perdida.

In vino veritas, decían los romanos. La verdad está en el vino. Lo malo es cuando la salida de emergencia acaba trazada en una botella.

Maldita sea.

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Internet es una república socialista

El socialismo nunca llegó a calar en norteamérica.

A veces, para entender ciertos conflictos, hay que reducirlos al absurdo, como se hacía con las demostraciones matemáticas, y sólo así podemos comprender las causas más profundas que los originan.

La guerra abierta por los contenidos de internet tiene mucho que ver con la economía, los derechos de autor, la necesidad de retribuir a los que crean esos contenidos, el significado que cada cual le dé a la palabra libertad y a la palabra propiedad y muchos otros conceptos, a menudo escurridizos o poco consensuados en su definición.

Sin embargo, me parece a mí que la mejor manera de acercarse al problema es constatar la tremenda lucha ideológica que este medio ha suscitado. Porque al final las grandes luchas tienen carácter ideológico, como la campaña rusa, nuestra guerra civil o las guerras de religión.

El colectivismo, casi barrido del mapa en el mundo real, ha encontreado un nuevo nicho en el mundo virtual y se defiende desde este ámbito con uñas y dientes. Su idea es clara: el producto es de quien lo demanda y no de quien lo produce. El proletariado digital tiene todo el derecho a imponer su dictadura, e incluso a incautarse de los medios de producción en aras del bien colectivo. La única producción ética es aquella abierta, gratuita y para todos, en el que cada cual aporte según su capacidad y consuma según su necesidad.

Las fronteras desaparecen y sólo se mantiene la lucha de clases entre los distintos estamentos productivos, pero nunca entre grupos nacionales. El lucro individual es condenable y lo único que se puede aceptar es el enriquecimiento común, como sociedad.

Pura dialéctica marxista.

Por tanto, para mí está claro que internet se comporta como una república socialista y ese hecho, sobre todo, es lo que le crea enemigos entre los adversarios del socialismo. Y lo que le crea adeptos y defensores entre los partidarios del socialismo. Si se fijan en la distribución de los apoyos a una y otra actitud, la división ideológica está clara, aunque sus motivos sean diversos. O sus pretextos.

Por un lado tenemos a los que buscan razones para oponerse a la mecánica del intercambio de archivos, citando lo visible y lo invisible para apoyar sus tesis. Son, en general, los grupos conservadores más adeptos al capitalismo. Sus razones, al final, son lo de menos.

Por otro tenemos a los que defienden el libre funcionamiento de internet y su esencia cooperativa, con predominio de los deseos del que quiere consumir sobre los deseos del que quiere producir o lucrarse con lo que produce. Sus razones también son lo de menos, y coinciden, al milímetro, con el espectro político de izquierdas.

El enfrentamiento, por tanto, es estético e ideológico, aunque aparezca a menudo disfrazado por consideraciones éticas o económicas. Los partidarios del socialismo defenderán este estado con el mismo encono con el que lo atacarán sus detractores. Por eso no es de extrañar que EEUU lidere el ataque contra internet.

Quizás estemos ante el último coletazo de la guerra fría. O ante el primero de la siguiente…

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El olor de la desgracia

A los perros no les gusta la pesca...

Tiempo atrás me gustaba la caza, pero no tanto por lo que pudiera traer a casa como por el placer de recorrer el campo, con el perro, antes urbano, afilando las orejas mientras pega su nariz al suelo en busca de una pista que nunca ha olfateado pero  invoca en su ancestral archivo de cosas que sabe sin haber experimentado nunca.

A nosotros nos pasa algo parecido. Necesitamos el campo igual que las cabras, pero nos aventajan en que ellas lo saben a ciencia cierta y nosotros jugamos a ignorarlo.

Un buen día, pensé que la virtud que necesitaba cultivar no era la acción, sino más bien la paciencia, y como Blops, mi pobre perro, se frustraba  con mis constantes fallos al apretar el gatillo, decidí dejar el merodeo campestre a su buen criterio y comprarme una caña de pescar.

Para aprender a lanzar el anzuelo hacia donde yo quería, cosa que parece más fácil de lo que es, me empeñé en fijar objetivos en medio del río, hasta que logré cierta destreza. Entonces fue cuando en un lugar complicado, protegido por las ramas de un chopo casi anfibio, divisé un pequeño barco de papel.Nada más atractivo que un barquito de papel flotando en el remanso de un río, entre pequeños despojos de la naturaleza y el descuido, en brava lucha contra palitos desprendidos de los árboles y los sargazos de las hojas arrancadas por un otoño demasiado temprano.

Como siempre me sucede, traté de imaginar al niño que lo había arrojado al agua, metros o kilómetros atrás, y en cierto modo me sentí unido a él. Siempre he creído que hay un nexo invisible en los objetos esperando a unir a las personas, así que me pareció un buen reto capturar aquel barquito para llevármelo a casa. Sería mi primer pez.

Ni que decir tiene que tardé toda la tarde, que enredé el sedal hasta media docena de veces en las ramas y que tuve que improvisar una montaña de voluntad para no acercarme el barquichuelo con la caña cada vez que iba a desenredar la tanza. Pero un reto es un reto, y si vas a hacer deporte se supone que te gustan esa clase de pruebas.

Blops, fatigado ya de correr por entre los juncos y los matorrales volvió a mi lado, arriesgándose a que mi primer pez fuera su pobre pellejo, y allí se quedó, tratando de comprender qué diablos hacía frente al agua, cuando todo el mundo sabe que no hay conejos en el río.

Ya empezaba a oscurecer cuando en un golpe de fortuna conseguí enganchar el barquito. Lo celebré con un rugido de alegría y lo arrastré pacientemente hacia mí, con algunas hojas de chopo que se adhirieron al papel.Nada más tenerlo en mi mano me di cuenta de que en aquel barquito había algo raro. El papel era demasiado duro y los pliegues dejaban ver partes impresas que no me parecieron normales.

Sin pensar en que era mi primer pez, deshice el barco y me encontré con una esquela, con el anuncio del funeral de un hombre joven.También con las esquelas se pueden hacer barco de papel y lanzarlas al río, pero mi instinto, el mismo que al perro hacía recordar un olor que no conocía, me hizo pensar en una desgracia oculta, en algún crimen siniestro celebrado discretamente con esta esquela sobre el río.

Quien lanza una esquela al río no es alguien que llora por el muerto.

Aquel papel debería oler a humedad, pero olía a desgracia. Y no hay peor desgracia que la que se mantiene a flote, a la vista, aparentando inocencia.

Blops olfateó el papel y gimió. Pensaba lo mismo que yo.

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¿Por qué algunos pobres hablan bien de los ricos? Modos de mentir (II)

Vendedor de alfombras...

Todos conocemos la vieja figura antropológica del Tonto del Pueblo, y todos recordamos a algún personaje, motejado con este título, cambiando de equipo cada año para aplaudir al que va primero.

En principio, puede que nos haga gracia, pero las normas estadísticas y electorales obligan a pensar que todos tenemos algo de tonto del pueblo, cuando se prohíbe publicar encuestas unos días antes de las elecciones. ¿Y por qué se hace esto? Porque está demostrado que hay un grupo importante de población que quiere votar al que va a ganar. O sea, que les da igual quien gane, pero quieren haber votado a ese para sentirse vencedores.

La necesidad de vencer, o la necesidad de pertenencia a un grupo de éxito, lleva a reacciones muy curiosas, incluso en contra de los propios intereses. No me voy a meter ahora a analizar los orígenes de esta manía, más que nada por no extenderme dos folios y porque es imposible explicarlo sin resultar ofensivo, pero lo ciuerto es que se puede encontrar en casi todos los ámbitos de la vida, y no sólo en el deporte.

En el mundo cultural, por ejemplo, es muy habitual encontrarse con personajes que dedican la mitad de sus entrevistas a ensalzar la inteligencia, la estética, y la exclusividad de las élites, y no tanto porque realmente crean en esos valores, sino porque desean que se les incluya entre los estetas, los inteligentes y las élites.

Este es el truco contrario: el oyente tiende a asimilar el grupo defendido con aquel al que pertenece el que habla, con lo que si un sujeto alaba la inteligencia se le supone que es inteligente, lo mismo que si alaba a la libre empresa se le supone que es empresario.

El mayor refinamiento de este engaño, casi estafa, consiste en alabar a los ricos, hablar mal de las subidas de impuestos, pedir libertad de empresa y recortes sociales para hacerse pasar por una persona de alto novel económico y así, después, tratar de explotar alguno de los privilegios que se suponen a esta gente. Lo normal con quienes practican este método es que después te pidan prestado, o te digan que tienen una idea en la que al final tienes que poner tú el dinero porque ellos ponen los contactos, o la idea, o vete a saber…

Por eso, por mucho que Marx postule lo contrario, la verdadera lucha de clases no se plantea entre las clases a las que la gente pertenece, sino más bien entre las clases a las que la gente le gustaría pertenecer o a las que simula pertenecer.

Porque no hay rencor de clase más grande que el rencor a la clase propia.

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Maneras de mentir (I) La enumeración interesada

No suelen ser tan inocentes como este...

Nos engañan tanto y tan a los bestia, que me ha parecido buena idea hacer un pequeño recorrido por los trucos que se emplean contra nosotros, tanto en política, como a nivel comercial, o en los medios de comunicación.

Muchos de estos trucos miserables los aprendí cuando era comercial y me dedicaba a vender cosas, así que espero que os sirvan de algo, aunque sólo sea para que no os tomen el pelo, o no más de lo saludable.

La enumeración interesada es un modo de forzar al receptor del mensaje, ya sea oyente, lector o espectador, a completar una frase incompleta, creando el nexo que uno dos partes independientes. Se usa a veces para evitar las demandas judiciales y se utilizaba para cachondearse de la censura, en los tiempos en que esta era explícita, y no tácirta, como ahora.

Un ejemplo:

Conozca la verdad. Vote a Manolo.

Manolo siempre fue un embustero y no se atreve a decir que él representa la verdad, pero por ese simple procedimiento  se permite poner en nuestras calles un cartel que le vincule con la verdad sin decirlo abiertamente.

Este sistema, que parece una tontería, puede ser mucho más refinado y de hecho es el que se emplea a la hora de elegir el orden en que se ofrecen las noticias en un informativo, de manera que el espectador o el oyente vincule unas con otras, aunque no se dé cuenta.

El mecanismo fue descrito por las escuelas psicológicas austriacas a mediados del siglo XX y desde entonces se emplea profusamente tanto en política como en medios de comunicación como en publicidad. A él se debe, por ejemplo, que algunas marcas se nieguen a salir en los cortes de las películas si en el minuto anterior ha habido algún acto muy violento o desagradable.

Los ejemplos son mulktitud, pero creo que con el burdo ejemplo ofrecido se entiende de sobra.

En psicología, y más en psicología de masas, el orden de los sumandos SI altera la suma.

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Una encuesta incómoda

Manifestante a favor del aborto

Las cenas de navidad tienen la desventaja de que acabas yendo a más de las que queires, pero a veces son también ocasiones para plantear cuestiones que sólo pueden plantearse con tres copas y unas buenas risas.

Ahora que ha ganado las elecciones el PP vuelve a estar de actualidad el debate sobre el aborto, pero se no es un tema que se pueda plantear en tono festivo, lo primero porque siempre es una tragedia (nadie aborta por diversión) y lo segundo porque es lo bastante controvertido para armmar una buena bronca en cualquier circunstancia, así que la cosa se planteó de otro modo. Y lo repito aquí:

¿Cuántos de los presentes no estarían aquí si en el momento de su nacimiento hubiese estado aprobada la actual ley del aborto?

Tened en cuenta que el aborto de despenalizó por primera vez en España en 1985, así que los menores de 26 años lo tienen mucho más fácil. Pero el resto, por favor, que piense en sí mismo, y si alguno se atreve, en plan anónimo,m que se sume a la lista.

No se trata de discutir sobre los derechos de los fetos ni los de las mujeres, ni de entrar en el tema bizantino de sí es buena suerte o no que nuestras madres tuviesen menos derechos que las mujeres actuales. Se trata sólo de preguntarse: ¿estaría yo aquí si entonces hubiese existido una ley como la actual?

Razones hay muchas: embarazos indeseados, embarazos con padres demasiado jóvenes, madres solteras, malas condiciones socioeconómicas, peligro para la salud… ¡lo que queráis! No importa la razón, sino pasar lista, simplemente.

Os avanzo un dato: en nuestra mesa éramos 15 y hubiesen faltado cuatro. Más los que no lo reconocieron, o nunca lo supusieron, añado yo…

Venga, animaos… ¿Cuántos no estaríais leyendo esto?

 

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