Un modo retorcido de echar a los pequeños del mercado

Modernidad

Por mucho que se trate de buenas intenciones o de proyectos interesantes, lo cierto es que el trabajo gratuito se ha introducido poco a poco en nuestras vidas y parece que ha llegado para quedarse.

Porque es eso lo que hacemos y lo que parece que se nos pide desde muchos foros: trabajar gratis, o por una limosna, pero nos lo han disfrazado tan bien, nos han vendido tan bien la píldora, que además lo hacemos encantados.

¿Qués es un blog? Información gratuita. O una columna de opinión escrita gratis, como esta. O un medio informativo, gratuito, escrito por gente que saca once céntimos de publicidad después de tener ochocientos lectores.

¿qué es un proyecto de software libre? Un grupo de gente que trabaja gratis mientras echa currículums para pedir empleo a las empresas que podrían estar haciendo ese mismo proyecto con gente asalariada y que no van a contratarte porque hay quien está ofreciendo el mismo producto por nada.

¿Qué es el voluntariado? Otro tanto de lo mismo. Reducir el presupuesto de asuntos sociales porque hay gente que mantiene el sombrajo en pie a fuerza de regalar horas, desvelos y mano de obra.

Y no estoy en contra de todas estas cosas, por supuesto que no, ni de desarrollar una sociedad más enlazada, en la que la aportación de cada cual sume para todos y genere una sinergia, pero es que tengo al impresión de que estamos ante un movimiento dirigido de algún modo, porque allí donde hay verdadero dinero no llega lo gratis, porque no hay bancos que den hipotecas gratis, ni promotoras que construyan pisos gratis, ni siquiera operadoras de teléfono gratuito. Parece a veces que lo gratis sólo alcanza a donde puede abaratar la mano de obra y que la intención real es achicar el mercado de trabajo, dejando menos puestos, menos huecos y en resumen, menos oportunidades de encontrar su espacio a la gente que empieza.

Si en España tenemos un paro juvenil tan vergonzosamente alto no es por esto, claro que no, pero no me negaréis que también ayuda, y no poco, esta barrera de entrada contra el emprendedor de pocos recursos. Porque para hacer un proyecto grande se necesita mucho dinero y donde no se necesita un gran capital para empezar hay que competir contra los que lo hacen gratis.

¿Y quién se beneficia de esto? El gran capital, por supuesto, que elimina a los que quieren empezar, ve abaratarse el talento y se queda con las tajadas que realmente valen la pena mientras los pequeños abandonan o se enfrentan al que se da por pagado saliendo en unos títulos de crédito.

Una pena y un engaño. Me parece.

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¿Qué es el sistema austriaco de indemnización por despido?

Cosas de austriacos...

Ahora que Rajoy ha mencionado su interés por el sistema austriaco, y ante las posibilidades cada vez más cercanas de que llegue  a poder implementarlo, no está de más echar un vistazo a este método de protección social, o desprotección, según a quién se pregunte.

En primer lugar, vamos a ver lo que es eso:

En Austria, y con acuerdo entre patronal, Gobierno y sindicatos, se implantó en 2002 un sistema que sustituyó la indemnización por despido por una contribución mensual de las empresas del 1,53% del salario. Esta cantidad, en el caso austriaco, equivalía  al coste medio del despido del sistema anterior. La contribución patronal se deposita en una cuenta a nombre del trabajador, que puede disponer de ese dinero cuando es despedido o en el momento de la jubilación si no hubiese podido aprovecharla antes. En el caso de que cambie de empresa, no pasa nada, porque la cuenta es a nombre del trabajador, pro lo que se la lleva a su nuevo empleo.

Lo curioso del asunto es que este acuerdo se produjo en un momento político delicado, cuando los socialistas perdieron las elecciones y la derecha hubo de gobernar con el partido de Haider. ¿Os acordáis de él? Se decía de su partido que era uiltraderechista, pero en realidad era filonazi, que no es ni parecido, al menos a efectos sociales y laborales.

Y no menciono esto como anécdota, sino porque quizás sea la clave de que fuese aprobado en su momento y de que aún hoy se siga discutiendo sobre su conveniencia y su complejísima ambigüedad. La complejidad ideológica del Gobierno, partidario de sistemas mixtos, permitió este extraño engendro.

Por un lado, tenemos que el trabajador sabe en todo momento lo que va a cobrar por su despido, sin incertidumbres legalistas, y puede hacer sus propias cuentas. Por otro, tenemos que al empresario le cuesta lo mismo despedir a un trabajador que lleva seis meses que a uno que lleva cinco años, con lo que los jóvenes tienen más posibilidades de encontrar un empleo estable sin sufrir marginación porque echarlos sea más barato.

Sin embargo, en el lado contrario, tenemos a los empresarios, muy contentos también de saber lo que le cuesta el despido, sin incertidumbres ni riesgos ante los jueces, y con la posibilidad de despedir a quien les parezca, en cualquier momento, sin que eso sea un doloroso coste, porque el despido lo llevan pagando mes a mes durante años.

¿Cuales son los efectos, pro tanto, de este sistema? En principio, que hay más despidos, pero también más contrataciones. El empleo se vuelve más inestable, pero no excluye a los jóvenes. Y además, los trabajadores, al cambiar de empresa, no pierden los derechos de antigüedad, con lo que tiene menos problemas en coger la puerta si las condiciones empeoran.

Y además, tiene truco: el fondo lo gestiona la Seguridad Social, con lo que hay algo más de dinero en caja…

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