Gastar cuando no se debe. La espada, la pared y su p… madre.

Ir a pedir por ahí no mejora las cosas...

Está claro: gastar cuando no se debe significa dejar de gastar, también cuando no se debe. Ahora sería el momento de aumentar el gasto, pero resulta que no tenemos con qué. ¿Y qué hacemos?

Sigo bastantes debates en los que se discute si la austeridad va a sacarnos de la crisis, y lo cierto es que creo que la contracción del gasto va a empeorar las cosas. El camino es sencillo de entender: si en un momento de escasa demanda el Estado no pone dinero a circular, tanto los negocios como los empresarios verán aún más reducida la demanda, habrá más paro y aún menos recaudación de impuestos, por lo que la recesión se agravará.

Lo que casi nadie hace es analizar la premisa contraria. Si estamos de acuerdo en que recortar gastos agrava la crisis, ¿qué sucede si mantenemos los gastos o los aumentamos?

Pues lo cierto es que parece todavía peor. Si pudiésemos imprimir dinero y devaluar la moneda, sería una salida viable (aunque muy mala), pero como lo cierto es que no podemos hacer tal cosa, la pregunta que hay que plantearse es de dónde sacamos ese dinero para seguir gastando lo que no tenemos.

Hay varias posibilidades:

-Pedir prestado: eso es lo que se ha hecho hasta ahora, pero como la cosa se ha puesto fea, los que tienen el dinero no lo quieren prestar o piden unos intereses apabullantes, que convierten la deuda en una esclavitud. Además, si no les dejamos claro cual va a ser el momento en que se les devolverá el dinero, es normal que no quieran prestar, porque empiezan a  vernos como el amigo yonky que siempre pide pero nunca devuelve, porque se mete al cuerpo todo Euro que pilla. Y nos ven así porque eso es exactamente lo que hemos hecho en los buenos tiempos, cuando teníamos pasta.

-Subir los impuestos: esto estaba muy bien cuando los gobiernos mandaban algo, pero como ahora el dinero se puede marchar a otro lado y los gobiernos no pueden salir de sus fronteras, resulta que cualquier subida de impuestos termina en una pedorreta de los ricos desde el otro lado de la frontera. Nos guste o no, es lo que hay: nuestros votos sólo pueden elegir al Gobierno de nuestro país, peor el dinero puede cambiar de país con un click de ordenador. En esas circunstancias, hay que tratar a los billetes como si fuesen aves migratorias. O sea, tocarles poco los huevos…

Obviamente, lo que se tenía que haber hecho era ahorrar en los buenos tiempos y gastar en los malos, pero como se gastó cuando no se tenía que gastar, ahora no hay modo de seguir gastando, y ahora es cuando hace falta. La solución es tragarse la crisis o convencer a los que nos pueden prestar de que tenemos serias intenciones de devolver los préstamos. Por ejemplo, dejando de ser el yonky del que hablaba antes y metiéndonos en algún programa de rehabilitación…

Desde luego, las manifas pidiendo el derecho a seguir gastando lo que no tenemos no van a ayudar gran cosa, me temo…

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¿Qué es el sistema austriaco de indemnización por despido?

Cosas de austriacos...

Ahora que Rajoy ha mencionado su interés por el sistema austriaco, y ante las posibilidades cada vez más cercanas de que llegue  a poder implementarlo, no está de más echar un vistazo a este método de protección social, o desprotección, según a quién se pregunte.

En primer lugar, vamos a ver lo que es eso:

En Austria, y con acuerdo entre patronal, Gobierno y sindicatos, se implantó en 2002 un sistema que sustituyó la indemnización por despido por una contribución mensual de las empresas del 1,53% del salario. Esta cantidad, en el caso austriaco, equivalía  al coste medio del despido del sistema anterior. La contribución patronal se deposita en una cuenta a nombre del trabajador, que puede disponer de ese dinero cuando es despedido o en el momento de la jubilación si no hubiese podido aprovecharla antes. En el caso de que cambie de empresa, no pasa nada, porque la cuenta es a nombre del trabajador, pro lo que se la lleva a su nuevo empleo.

Lo curioso del asunto es que este acuerdo se produjo en un momento político delicado, cuando los socialistas perdieron las elecciones y la derecha hubo de gobernar con el partido de Haider. ¿Os acordáis de él? Se decía de su partido que era uiltraderechista, pero en realidad era filonazi, que no es ni parecido, al menos a efectos sociales y laborales.

Y no menciono esto como anécdota, sino porque quizás sea la clave de que fuese aprobado en su momento y de que aún hoy se siga discutiendo sobre su conveniencia y su complejísima ambigüedad. La complejidad ideológica del Gobierno, partidario de sistemas mixtos, permitió este extraño engendro.

Por un lado, tenemos que el trabajador sabe en todo momento lo que va a cobrar por su despido, sin incertidumbres legalistas, y puede hacer sus propias cuentas. Por otro, tenemos que al empresario le cuesta lo mismo despedir a un trabajador que lleva seis meses que a uno que lleva cinco años, con lo que los jóvenes tienen más posibilidades de encontrar un empleo estable sin sufrir marginación porque echarlos sea más barato.

Sin embargo, en el lado contrario, tenemos a los empresarios, muy contentos también de saber lo que le cuesta el despido, sin incertidumbres ni riesgos ante los jueces, y con la posibilidad de despedir a quien les parezca, en cualquier momento, sin que eso sea un doloroso coste, porque el despido lo llevan pagando mes a mes durante años.

¿Cuales son los efectos, pro tanto, de este sistema? En principio, que hay más despidos, pero también más contrataciones. El empleo se vuelve más inestable, pero no excluye a los jóvenes. Y además, los trabajadores, al cambiar de empresa, no pierden los derechos de antigüedad, con lo que tiene menos problemas en coger la puerta si las condiciones empeoran.

Y además, tiene truco: el fondo lo gestiona la Seguridad Social, con lo que hay algo más de dinero en caja…

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