Por qué las personas sanas son una puñetera ruina.

La cueva de Alí Babá...

Desde hace tiempo, bastante tiempo, parece haber florecido una preocupación por la salud y la vida sana que en principio parece muy loable, pero que creo que se está convirtiendo en algo sospechoso. De hecho, en los últimos veinte años, hemos visto aparecer más enfermedades que remedios, y no sólo porque se hayan descrito algunos males nuevos, como el SIDA, sino porque se han convertido en problemas de salud algunos casos que simplemente lo son de conducta, educación, o hábitos.

Y lo malo del asunto es que cualquier mención expresa a uno de estos males daría lugar a una avalancha de quejas, porque hay personas que lo sufren en sus carnes con verdadera virulencia, pero lo cierto es que algunos males, o la extensión de algunos males a gente que antes simplemente no se encontraba bien, es una estrategia de la industria farmacéutica para esquilmar nuestros bolsillos.

El gasto farmacéutico se ha multiplicado por seis desde 1980, y si nos paramos a analizar ese incremento económico, vemos que tiene dos vertientes: por un lado, se han inventado medicamentos de nueva generación, que son mucho más caros que los anteriores, y de eso no nos quejamos (aunque podríamos, por su eficacia y otras razones) y por otra, y aquí está el asunto del que nadie habla, se han convertido en enfermedades medicables un montón, una lista enorme de males que antes no se medicaban y no suponían gasto.

La fiebre del Prozac, por ejemplo, no obedece solamente a un aumento vertiginoso de los casos clínicos de depresión, sino también a un cambio de hábitos de los ciudadanos que, ahora, en vez de estar tristes se han convencido de que están deprimidos y comienzan a consumir medicamentos. La enorme incidencia del TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) no se debe solamente a que nuestra sociedad enferme más a los niños, sino a que muchos niños sin atención ni educación alguna se encuadran en este síndrome para  desviarlos de la responsabilidad paterna a la del sistema sanitario.

¿Y quién promueve todo esto? Para mí, el que sale ganando. Las farmacéuticas y las grandes empresas sanitarias. Para una famacéutica, una persona sana es una ruina, y no produce ingresos. Tanto es así, que si no enferma, hay que venderle vacunas para que no enferme, aunque sea contra enfermedades tan peregrinas (y de ficción) como la gripe aviar y la gripe porcina.

Una persona sana no genera ingresos, no se preocupa, no se hace análisis y no consume. La clave de su jugada está en cronificar cualquier enfermedad, antes que curarla, y convertir en enfermo medicable a cualquiera que no se sienta absolutamente perfecto, y a ser posible, en enfermo medicable, con tratamiento de larga duración.

Esperar, en estas circunstancias, que estas industrias busquen remedios contra las enfermedades es una utopía. Lo que buscarán, como mucho, será productos que las alarguen, las enquisten, las encarezcan y las eternicen. Lo que harán será crear enfermo donde no los haya y mantener a toda costa, sin curación definitiva, a los que realmente lo estén.

Su lógica económica no nos permite pensar otra cosa.

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