Lo que más codician los inmigrantes al cruzar nuestra frontera

Anciano moro, obra de Horacio Obaya.

El otro día os contaba lo que hablé con un marroquí que había pasado varios años en Libia y cómo veía él la situación en aquel país cuando gobernaba Gadafi, pero de aquella conversación salieron más cosas.

Mus vive ahora en España, en un bario con fuerte presencia de inmigrantes, sobre todo magrebíes, y cuando hablé con él había otros hombres (ninguna mujer) en el bar donde nos encontramos. La conversación sobre Gadafi derivó en otras y acabamos hablando de qué es lo que buscan los inmigrantes cuando viene a España.

Las primeras respuestas fueron en broma y hablaron de las chicas, que aquí no se tapan tanto. Mi respuesta fue que eso se arreglaba destapando un poco las suyas, o dejándolas salir a la calle, y terminamos en risas porque no era momento de terminar en lágrimas.

Sin embargo, siguiendo ese mismo hilo, llegué a un par de conclusiones que nunca se me habían ocurrido. Porque resulta que lo que más codician la mayoría de inmigrantes africanos que vienen a España no es la libertad ni la prosperidad, sino otra cosa.

La mayoría de los que vienen viven bajo regímenes más o menos opresores, pero eso no parece preocuparles mucho. Mientras no sean gobiernos que prohíban la emigración, todo tiene fácil arreglo, a su ver. Y si no te quieres ir, basta con no meterte en política, una cosa que, aunque nos disguste pensarlo, tampoco le importa mayormente a la mayoría de la gente.

Todos los que viene, sin excepción, vienen a ganar dinero. Quieren mejorar su vida, y enviar dinero a casa, y tener mejores oportunidades, y propsrar, y tener algunas de las cosas que ven por televisión y que nunca conseguirían en su país. Es legítimo y es hasta positivo para todos, pero tampoco es eso lo que más despierta su codicia.

Lo que realmente les impulsa a cruzar el estrecho jugándose el pellejo, son los treinta años, ¡treinta años! de diferencia de esperanza de vida, porque en buena parte de los países del Norte de África ya se es viejo a los 45, muy viejo a los 55 y casi nadie, menos de un 1 % llega a los 70 años de edad.

Lo que más quieren es que no mueran sus mujeres en los partos, y que los operen si están enfermos, y que su vida pueda durar razonablemente setenta o setenta y cinco años, sin pensar que a los cincuenta ya tienes que dar gracias por lo que has vivido porque tienes un pie en la sepultura.

Yo me quedé espantado, pero lo comprobé y es cierto. Hay más o menos treinta años de diferencia en la esperanza de vida entre los dos lados del Mediterráneo. ¿Y sabéis lo que son treinta años? Una vida entera. Para el que cruza  y para los suyos, si consiguen el reagrupamiento.

Por eso se arriesgan a cruzar: porque juegan al doble o nada. Al triple o nada. Al quíntuple o nada. Y a medida que aumenta su familia allí, el riesgo vale cada vez más la pena.

Como me dijo uno, para evitar la inmigración descontrolada en Europa quizás valiese más la pena invertir allí en hospitales que en fábricas. Porque a la gente de allí, de veras, no le importa vivir con un poco menos con tal de poder vivir. Con tal de no ser ancianos a los cincuenta años.

 

Share