La izquierda deprimida se vuelve deprimente

El preso nº 9En general frecuento foros y blogs de izquierdas, no tanto por afinidad política, aunque la sienta muy a menudo, como por el hecho de que la mayoría de las páginas web y espacios conservadores son un pestiño infumable.

La derecha de este país, en general, es inculta y profundamente filistea, manteniendo a lo largo de los años el desprecio a la cultura y al pensamiento original una de sus señas de identidad.

La izquierda, en cambio, aunque sólo sea por la indomable voluntad de cobrar subvenciones y esquilmar las arcas públicas con libros, películas y documentales prepagados procura mantenerse un poco más tono, y es de agradecer.La pagas tú, sí, pero pagas pro algo…

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y muy en especial desde la victoria de Rajoy en las urnas, observo que la izquierda ha caído en un estado depresivo en el que su discurso se despeña por los derroteros del insulto al votante medio, repitiendo de cien maneras distintas que los españoles son imbéciles, irresponsables o simplemente hijos de puta por votar a la derecha. En estas últimas fechas la izquierda mediática está cayendo en todos los síntomas de la depresión: falta de ideas, falta de voluntad., dejadez, desidia, abandono y un cierto tufo de intento de suicidio, demasiado visible en el enfrentamiento en Rubalcaba y Chacón para molestarme en buscar otros ejemplos.

Mientras la izquierda fue novedad, resistencia, combate y argumentación, valió la pena pagarle los cafés, las copas y los puros a sus titiriteros. Mientras la izquierda fue preocupación social, voluntad de igualdad y búsqueda de oportunidades, era más rentable pagar sus estafas que los trajes de Camps o los caprichos faraónicos de Aguirre y Gallardón. Pero por este camino de la descalificación fácil, de renegar de la democracia, de insultar al votante y de llorar por las esquinas, invocando a Franco o a cualquier otro espectro para acabar escupiendo bilis, resuilta que acaban resultando deprimentes.

Y esa es la única baza que no se pueden permitir jugar los izquierdistas: convertirse en más tristes, más casposos, más deprimentes que la derecha del registrador de la Propiedad y sus mariachis con sordina.

Pero llevan camino. ¿quién lo diría…?

 

 

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