La triste plaga de los edificios muertos

Vete a saber qué recibo dejaron de pagar...

Me lo contaba el otro día una amiga: cada vez hay más edificios muertos, con toda la tragedia que eso conlleva y la dificultad de solucionar un tema como ese, en el que se mezclan lo económico y social de manera inseparable.

¿Y que es un edificio muerto? Pues aquel en el que una parte sustancial de los vecinos, la mitad a veces, no puede pagar su cuota de la comunidad, con lo que no se puede pagar la calefacción, la señora de la limpieza, la revisión de los ascensores ni el seguro de la comunidad, entre otros servicios comunes. De hecho, en muchos casos ni siquiera se puede pagar ala administrador, o a un abogado que reclame estas cantidades, con lo que en poco tiempo todos, los que pueden pagar y los que no, se ven viviendo en un lugar difícilmente habitable, sin luz en la escalera, sin ascensor, sin calefacción y sin agua caliente.

Y lo pero de todo es que la solución pasa por presionar a tu vecino, que muchas veces es tu amigo. ¿Pero cómo le vas a presionar, si lo conoces de toda la vida y sabes que si no paga es porque no puede? ¿Cómo le vas a presionar si sabes que debe tres letras al banco y que está en las últimas?

Sin embargo, ya lo veis, nadie habla de esta tragedia: se habla de las personas desahuciadas y de los cholletes de los bancos, pero nadie conoce este infausto término medio donde todos, sin excepción,. pagan las consecuencias de los que compraron si poder, los que aprovechan para no pagar y los que han tenido un golpe de mala suerte, como quedarse ambos miembros de la familia en paro.

Ded estos pòlvos vendrán los lodos de los incendios al buscar calor de maneras alternativas, los robos, la inseguridad por la oscuridad en la escalera. Y lo que no imaginamos.

Por mi parte hago lo que puedo: ayudar a que se sepa.

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¿Qué es el sistema austriaco de indemnización por despido?

Cosas de austriacos...

Ahora que Rajoy ha mencionado su interés por el sistema austriaco, y ante las posibilidades cada vez más cercanas de que llegue  a poder implementarlo, no está de más echar un vistazo a este método de protección social, o desprotección, según a quién se pregunte.

En primer lugar, vamos a ver lo que es eso:

En Austria, y con acuerdo entre patronal, Gobierno y sindicatos, se implantó en 2002 un sistema que sustituyó la indemnización por despido por una contribución mensual de las empresas del 1,53% del salario. Esta cantidad, en el caso austriaco, equivalía  al coste medio del despido del sistema anterior. La contribución patronal se deposita en una cuenta a nombre del trabajador, que puede disponer de ese dinero cuando es despedido o en el momento de la jubilación si no hubiese podido aprovecharla antes. En el caso de que cambie de empresa, no pasa nada, porque la cuenta es a nombre del trabajador, pro lo que se la lleva a su nuevo empleo.

Lo curioso del asunto es que este acuerdo se produjo en un momento político delicado, cuando los socialistas perdieron las elecciones y la derecha hubo de gobernar con el partido de Haider. ¿Os acordáis de él? Se decía de su partido que era uiltraderechista, pero en realidad era filonazi, que no es ni parecido, al menos a efectos sociales y laborales.

Y no menciono esto como anécdota, sino porque quizás sea la clave de que fuese aprobado en su momento y de que aún hoy se siga discutiendo sobre su conveniencia y su complejísima ambigüedad. La complejidad ideológica del Gobierno, partidario de sistemas mixtos, permitió este extraño engendro.

Por un lado, tenemos que el trabajador sabe en todo momento lo que va a cobrar por su despido, sin incertidumbres legalistas, y puede hacer sus propias cuentas. Por otro, tenemos que al empresario le cuesta lo mismo despedir a un trabajador que lleva seis meses que a uno que lleva cinco años, con lo que los jóvenes tienen más posibilidades de encontrar un empleo estable sin sufrir marginación porque echarlos sea más barato.

Sin embargo, en el lado contrario, tenemos a los empresarios, muy contentos también de saber lo que le cuesta el despido, sin incertidumbres ni riesgos ante los jueces, y con la posibilidad de despedir a quien les parezca, en cualquier momento, sin que eso sea un doloroso coste, porque el despido lo llevan pagando mes a mes durante años.

¿Cuales son los efectos, pro tanto, de este sistema? En principio, que hay más despidos, pero también más contrataciones. El empleo se vuelve más inestable, pero no excluye a los jóvenes. Y además, los trabajadores, al cambiar de empresa, no pierden los derechos de antigüedad, con lo que tiene menos problemas en coger la puerta si las condiciones empeoran.

Y además, tiene truco: el fondo lo gestiona la Seguridad Social, con lo que hay algo más de dinero en caja…

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