Los que torean toros muertos (¡y olé!)

A por las ETT, que este ya está muerto, joder...

Las movilizaciones se desinflan y el descontento con la situación actual se desintegra porque hay demasiados matadores de toros muertos entre los que se llaman a sí mismo revolucionarios. Su falta de imaginación a veces es tal que ni se molestan en identificar de manera analítica a los enemigos con los que deben enfrentarse.

Hay demasiada gente preocupada aún por luchar contra el franquismo, demasiada gente luchando contra la influencia de la Iglesia y demasiados, me parece, que por apuntarse al carro de las protestas se alistan para defender los privilegios de castas impresentables, como el estamento universitario, donde todo es opaco, soterrado y terriblemente familiar. ¿Por qué creéis que en el fondo esas protestas son tan bienvenidas? Porque desmovilizan. Porque se las puede alentar y hasta aplaudir desde el departamento de marketing de unos grandes almacenes, convirtiéndolas en productos de masas, al estilo de las camisetas del Che Guevara. Vanalización, se llama.

Cambiar las cosas empieza necesariamente por identificar a los adversarios del presente, en vez de dar por buenos los que nuestros padres y nuestros abuelos eligieron. Ellos luchaban contra el franquismo (o no) porque fue lo que les tocó, pero seguir sus pasos en vez de enfrentarnos , por ejemplo, a las deslocalizaciones de las multinacionales es batir todas las plusmarcas de ceguera. Ellos luchaban contra la influencia de la Iglesia porque padecían un país confesional, bajo palio, y con certificado de un párroco, pero lo nuestro son las Empresas de Trabajo temporal, las consultoras que ganan millones recortando plantillas y las subcontratas salvajes.

Lo que sucede, me temo, es que hay demasiado luchadores que quieren a la vez luchar y quedar bien, que quieren  conservar su imagen de revolucionarios pero sin arriesgarse a perder un empleo o una subvención. Y para eso no hay como dar palos al tigre muertos, hacer leña del árbol caído y escupir sobre la tumba del dictador, en lugar de sobre la sede de los que hoy, hoy sí, nos empujan a la pobreza.

Con semejante activismo low-cost lo que tenemos es servicios low cost, y pronto ni eso…

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