La triste plaga de los edificios muertos

Vete a saber qué recibo dejaron de pagar...

Me lo contaba el otro día una amiga: cada vez hay más edificios muertos, con toda la tragedia que eso conlleva y la dificultad de solucionar un tema como ese, en el que se mezclan lo económico y social de manera inseparable.

¿Y que es un edificio muerto? Pues aquel en el que una parte sustancial de los vecinos, la mitad a veces, no puede pagar su cuota de la comunidad, con lo que no se puede pagar la calefacción, la señora de la limpieza, la revisión de los ascensores ni el seguro de la comunidad, entre otros servicios comunes. De hecho, en muchos casos ni siquiera se puede pagar ala administrador, o a un abogado que reclame estas cantidades, con lo que en poco tiempo todos, los que pueden pagar y los que no, se ven viviendo en un lugar difícilmente habitable, sin luz en la escalera, sin ascensor, sin calefacción y sin agua caliente.

Y lo pero de todo es que la solución pasa por presionar a tu vecino, que muchas veces es tu amigo. ¿Pero cómo le vas a presionar, si lo conoces de toda la vida y sabes que si no paga es porque no puede? ¿Cómo le vas a presionar si sabes que debe tres letras al banco y que está en las últimas?

Sin embargo, ya lo veis, nadie habla de esta tragedia: se habla de las personas desahuciadas y de los cholletes de los bancos, pero nadie conoce este infausto término medio donde todos, sin excepción,. pagan las consecuencias de los que compraron si poder, los que aprovechan para no pagar y los que han tenido un golpe de mala suerte, como quedarse ambos miembros de la familia en paro.

Ded estos pòlvos vendrán los lodos de los incendios al buscar calor de maneras alternativas, los robos, la inseguridad por la oscuridad en la escalera. Y lo que no imaginamos.

Por mi parte hago lo que puedo: ayudar a que se sepa.

Share

La izquierda deprimida se vuelve deprimente

El preso nº 9En general frecuento foros y blogs de izquierdas, no tanto por afinidad política, aunque la sienta muy a menudo, como por el hecho de que la mayoría de las páginas web y espacios conservadores son un pestiño infumable.

La derecha de este país, en general, es inculta y profundamente filistea, manteniendo a lo largo de los años el desprecio a la cultura y al pensamiento original una de sus señas de identidad.

La izquierda, en cambio, aunque sólo sea por la indomable voluntad de cobrar subvenciones y esquilmar las arcas públicas con libros, películas y documentales prepagados procura mantenerse un poco más tono, y es de agradecer.La pagas tú, sí, pero pagas pro algo…

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y muy en especial desde la victoria de Rajoy en las urnas, observo que la izquierda ha caído en un estado depresivo en el que su discurso se despeña por los derroteros del insulto al votante medio, repitiendo de cien maneras distintas que los españoles son imbéciles, irresponsables o simplemente hijos de puta por votar a la derecha. En estas últimas fechas la izquierda mediática está cayendo en todos los síntomas de la depresión: falta de ideas, falta de voluntad., dejadez, desidia, abandono y un cierto tufo de intento de suicidio, demasiado visible en el enfrentamiento en Rubalcaba y Chacón para molestarme en buscar otros ejemplos.

Mientras la izquierda fue novedad, resistencia, combate y argumentación, valió la pena pagarle los cafés, las copas y los puros a sus titiriteros. Mientras la izquierda fue preocupación social, voluntad de igualdad y búsqueda de oportunidades, era más rentable pagar sus estafas que los trajes de Camps o los caprichos faraónicos de Aguirre y Gallardón. Pero por este camino de la descalificación fácil, de renegar de la democracia, de insultar al votante y de llorar por las esquinas, invocando a Franco o a cualquier otro espectro para acabar escupiendo bilis, resuilta que acaban resultando deprimentes.

Y esa es la única baza que no se pueden permitir jugar los izquierdistas: convertirse en más tristes, más casposos, más deprimentes que la derecha del registrador de la Propiedad y sus mariachis con sordina.

Pero llevan camino. ¿quién lo diría…?

 

 

Share