Pensáis como perdedores. Carta abierta de un comunista

Soy de izquierdas, como muchos de vosotros, y revolucionario, como decís serlo también muchos de vosotros. Trotskista, por más señas, si alguno sabe lo que realmente significa eso, o lo significó en su momento. Y lo cierto es que veo la deriva de la supuesta izquierda española y dais vergüenza: pensáis como perdedores. Toda vuestra militancia se resume en retirar símbolos franquistas, aplaudir a los que persiguen torturadores fascistas y, en general, escarbar en el pasado, como gallinas de corral que buscan gusanos en un montón de mierda.

Todo eso está muy bien en medio de la lucha, pero no después de ella. Atacando al que venció demostráis solamente resquemor por vuestra impotencia, cuando lo que la realidad exige es aprender de los que ganan, desear vencer, estudiar las razones por las que nos vencieron y enmendar nuestros errores.

Pensábais como perdedores ya durante aquella guerra y por eso hubo que eliminar a anarquistas y socialdemócratas, igual que hubo que combatirlos, con tanta y más saña que a los burgueses tras la revolución de Octubre. También a nosotros los trotskistas nos tocó el turno, es cierto, pero en el marco político de una lucha personal contra Stalin, y no por blandos, por fofos, por fríos, por apegados a la ética burguesa y cristiana del quién es el agresor, quién tiene la culpa, quién consiguió comprar más votos en unas elecciones que sabemos de sobra que no pueden ser limpias cuando todos los medios están de un sólo lado.

Olvidaos de una vez de la República. la República perdió porque no supo enfrentarse a los que sí sabían vencer y sí deseaban la victoria. ¿Qué es lo que deseáis? ¿Ser inmaculados o sacar adelante una verdadera revolución? ¿No os dais cuenta de que estáis en manos de los charlatanes que predican lo que es justo y lo que no, lo que es limpio y lo que no, lo que es ético y lo que no?

Escapáis de los curas para caer en manos de los blandos, de los viejos, de esos políticos seniles que pretenden ganar el futuro en los libros de historia y combatir en los cementerios. Maldecís a Franco como las viejas maldicen la lluvia: pensando en una cosa que viene de arriba y no se puede evitar. ¿Qué pretendéis?, ¿que los que le siguieron se avergüencen de su victoria? No seáis infantiles… ¡Aprended a vencerles y que se avergüencen de su derrota!

¿Acaso veis a los japoneses dando todo el día la murga porque lanzaron dos bombas atómicas sobre su población civil? En absoluto. Aprenden, trabajan, prosperan, y se sobreponen. Los que insisten en ello, curiosamente, son algunos de los que dicen ser de los nuestros, en teoría para atacar al imperialismo yankee, pero en realidad porque aman cualquier derrota, y la ensalzan, la cubren de flores, intentando así adornar la suya, aunque no sé muy bien si la pasada o la que prevén para el futuro.

No se puede hacer la revolución desde el victimismo. No podemos enseñar orgullo de clase a nuestros hijos desde el lloriqueo del perdedor. No podemos movilizar a los más jóvenes gritando “¡nos hicieron pupa!”. ¿Qué clase de gente pensáis que atraemos así?

Yo os lo diré: a los que aman a los perdedores porque son a su vez otros perdedores, a los que nos llevarán a una nueva derrota y una nueva esclavitud.

La única utilidad de mirar atrás es aprender de lo errores o tratar de repetir los aciertos. Lo demás, lo que estáis haciendo, es reaccionario, desmovilizador y a la postre criminal, porque sólo ayuda a fortalecer al adversario recordándole su condición de vencedor.

Con el corazón os lo digo: no necesitamos una pala para cavar más hondo en el pasado. Necesitamos un catalejo para mirar más adelante en el futuro.

 

Grabloben

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Si yo trabajo gratis, tú también

Vieja fábrica cerrada

Ya paso de meterme en disquisiciones entre bytes y ladrillos, y voy a lo que cuenta, al trabajo. El fotógrafo que hace una foto está trabajando, el escritor que escribe un libro está trabajando, el músico que compone o interpreta una canción, está trabajando, y lo mismo sucede con el actor que rueda una película, o todo el equipo que hay en torno a ella.

Y si resulta que, por razones culturales, por el bien de la cultura libre, porque ya pagas la conexión o por la cuestión que se te ocurra, entiendes que ese trabajo no debe ser retribuido y que todo tiene que ser gratis, no me voy a meter a discutir tus ideas. Trata de obtener todo lo que puedas al menor precio, vale, que es lo que haría cualquier ser racional.

Te ruego, eso sí, que no me cuentes milongas ni me embutas la cabeza de chorradas como que el precio debe ser más justo o más competitivo: con el precio cero no hay quien compita, y además, los que están trabajando, si son hombres libres, pueden vender su trabajo al precio que prefieran. ¿No te gusta ese precio? No lo compres. ¿No te gusta y lo puedes obtener gratis, ya sea robando, contando tonterías o convenciendo a alguien de que te lo regale? Genial. Haces lo propio. Nada que decir.

Lo que te advierto desde hoy, amigo de lo gratuito, es que como periodista y escritor voy a valorar tu trabajo igual que tú valoras el mío. Si yo trabajo gratis, tú también. Si te quitan la paga extra o tu patrón te da por el culo, obligándote a trabajar catorce horas por seiscientos euros, lo apoyaré. Él, como tú, está sacando todo lo que puede, apretando todo lo que le es posible y obteniendo lo que desea al menor precio.

Si eres albañil y te has quedado en el paro, da conciertos, chaval. Si eres minero y te cierran la mina, saca carbón copyleft. Si eres funcionario y te bajan el salario, pon una ventanilla Creative Commons. Lo que nos sugieres a los demás, a ti te lo deseo: una sociedad en la que el trabajo no importa tanto como la oportunidad de obtenerlo al mejor precio, sin consideración alguna de justicia ni de esfuerzo.

Así que si las condiciones laborales empeoran, que te cunda, porque es lo que buscaste. Y cuando necesites apoyo para que no cierren tu fábrica o para que no te metan en un ERE, se lo vas a pedir a Youtube, que es el que gana una pasta con los vídeos que ves, o se lo pides a Megaupload, que fue el que se hizo rico con tus descargas. No me hables luego de solidaridad entre trabajadores cuando tú, mi trabajo, te lo pasas por el forro.

¿Lo quieres todo gratis? Me place y comprendo que lo defiendas. Pero cuando te traten como a un chino, con horario de chino y salario de chino, me placerá aún más. Cuando se te acabe el paro y quieras que hablemos de tu problema o nos manifestemos en solidaridad con tu problema, te responderé con un “me gusta” en Facebook, y que te vayan dando.

www.Javier-perez.es 

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La debilidad de los revolucionarios

No dependía de la luz, ni de Facebook, ni de la cobertura del móbil, ni vivía en una ciudad de 5 millones de habitantes, donde la comida se acabaría en menos de una semana.

Cada vez veo más gente pro ahí con ganas de un estallido social, o preguntándose hasta dónde se podrá llegar antes de que se produzca, pero mucho me temo que a pesar de llamarse a sí mismos revolucionarios no han estudiado los hechos concretos ni se han enfrentado a los verdaderos desafíos que  exige una acción de este tipo.

No me voy a parar a discutir si semejante revolución es posible, deseable, o si tendrá un apoyo masivo en vez de quedarse en una simple quema de contenedores. Lo que sí sé es que las carreras por la calle no son la revolución: eso son los sanfermines. Y que las hogueras en las plazas no son la revolución: eso son las fallas. De oponerse al poder a base de hacer me gusta en Facebook, o retwitear una soflama, ya ni me molesto en hablar…

El hecho es que para una acción seria y coordinada son imprescindibles una serie de requisitos de los que carecen por completo los que suelen llamarse a sí mismos revolucionarios. Vamos a ellos:

-Una acción de esta envergadura contra el poder establecido requiere coordinación y estrategia. Para ello es necesario que haya una serie de dirigentes implicados y comprometidos con la causa. ¿Existen esos dirigentes? ¿O el carácter horizontal de los movimientos de protesta ha eliminado cualquier posibilidad de que surjan esos líderes? A mi juicio, todo lo más que se puede conseguir sin estrategia y liderazgo son tumultos y alborotos, pero ningún cambio duradero, como no sea a peor.

-En segundo lugar tenemos como obstáculo la disgregación ideológica. Mientras se trata sólo de protestar, a nadie le importa ir al lado de alguien que no cree en lo mismo que él. Por eso, en el 15M vimos en Sol a los cristianos de base junto con los anarquistas, los anarquistas con los comunistas, y todos con los hijos de familias bien que querían sentirse contestatarios por un rato, pero que tienen preparado un puesto de trabajo en la empresa familiar o un enchufe en una administración pública. Si las cosas se ponen serias de veras, es imposible creer que esa unidad se mantendrá, sobre todo en un escenario de lucha económica en que unos tratarán de arramblar con lo que puedan y otros de defender lo suyo, tal y como ha sucedido desde que el mundo es mundo. Por tanto, las fuerzas que supuestamente apoyarían una revolución son a día de hoy demasiado heterogéneas y eso las debilita hasta el extremo.

-En tercer lugar, hay que mencionar la lamentable organización de todos estos grupos, que piensan en cambiarlo todo pero cuentan, mentalmente, con que todo seguirá igual en el entreacto, sin que nadie les corte la luz, el agua, o la cobertura del móvil.. Esta debilidad es particularmente patética, pues no parecen darse cuenta de lo que sucedería si, llevada la situación al extremo, se cortaran en una tarde todos los teléfonos y todas las conexiones a internet, lo que es realmente fácil de hacer para el poder establecido. Buena parte de los que se consideran revolucionarios no tienen modo de contactar con sus correligionarios si no es mediante teléfono móvil, correo electrónico o ciertas páginas web. muchos no se conocen ni saben cómo localizarse físicamente sin esos medios tecnológicos que, insisto, se pueden eliminar o reducir drásticamente en cuestión de horas. Cualquier movimiento revolucionario lo tendría previsto y sabría cómo ponerle remedio, pero el hecho es que nadie o casi nadie en España sabría qué hacer ante semejante eventualidad. ¿Cómo se coordinarían las acciones? ¿Cuales serían los puntos de encuentro? A día de hoy, estas son preguntas sin respuesta, y los ejemplos que se ponen de los países árabes no son aplicables ni de lejos: allí hay líderes (islamistas), la población se concentra en pocas ciudades (con grandes desiertos entre ellas) y las relaciones personales son mucho más estrechas.

Así las cosas, los gobiernos, tanto el de España como el de Grecia o los de otros países europeos, respiran tranquilos, sabiendo que la estructura de la población, su dependencia de la tecnología y el individualismo son mayores obstáculos que cualquier fuerza que oponga el poder establecido. El mayor enemigo de cualquier conato de revolución son, a día de hoy, los que pretenden fomentarla.

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¿Por qué se le sigue prestando a Grecia, sabiendo que no podrá pagar?

Exposición alemana a la deuda griega. Click para agrandar

Estamos ante uno de los mayores misterios de los tiempos presentes: si sabemos que Grecia es insolvente, que es ya incapaz de pagar la deuda acumulada en todos estos años, y que su contabilidad nacional parece más el ejército de Pancho Villa que un reflejo de la realidad, ¿por qué demonios se siguen desembolsando tramos de ayuda, de cantidades multimillonarias, que no harán más que agravar los problemas de quien los presta?

Los que buscan la respuesta en la solidaridad entre países de la Unión Europea, o en la inevitable interconexión de todas las economías se olvidan de que perder dinero, así, por las buenas, no es nunca ni un buen negocio ni base de sociedad alguna que se quiera hacer duradera.

Algunos países, como el nuestro, sí pueden moverse en ese sentido, tratando de sentar un precedente de “hoy por ti y mañana por mí” que nos permita, en el futuro, reclamar una ayuda similar, pero los que pagan, los que verdadera,ente ponen la pasta, están pensando en otra cosa.

Y se trata, nada menos, que de la exposición a la deuda griega de algunos países como Alemania.Seguir prestándole a Grecia es un truco para que mantenga la deuda, o la aumente, pero cambie los acreedores. O dicho de otro modo: para que deba lo mismo o más, pero se lo deba a otro.

Esa es la clave de la jugada: trasladar la deuda hacia los propios griegos o hacia los países más interesados en evitar la bancarrota.

El gráfico que ilustra este artículo es suficientemente explícito: Grecia debía a Alemania 45.000 millones de euros en 2009. Hoy sólo le debe alrededor de unos ridículos 5000 millones. ¿Han pagado los griegos la deuda? NO. Lo que ha sucedido es que al refinanciar y renegociar esa deuda, ahora se los deben a otro. Posiblemente a los propios ahorradores griegos, al FMI o a nosotros, que tenemos 25.000 millones en Grecia esperando a ser cobrados.

¿Cómo es posible que Grecia deba 5.000 millones a Alemania y 25.000 millones a España? Pues porque somos nosotros, más que Alemania, los que tenemos el máximo interés en que a Grecia se le siga prestando dinero, los alemanes lo saben, y lo aprovechan a su favor en las negociaciones.

A medida que la deuda griega se traslade a acreedores más lejanos, veremos cómo les cuesta menos perdonarla, ¡porque no la pierden ellos! A medida que los acreedores sean otros, empezaremos a escuchar con más frecuencia la palabra solidaridad.

La diferencia entre tener gobiernos competentes o incompetentes en la defensa de los intereses de su país nunca es cosa de cuatro duros…

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La castidad de la Bernarda

Venga ya, hombre...

Que no, que se pongan como se pongan no nos creemos los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene. Que el pueblo puede ser idiota cuando piensa, pero no cuando olfatea, y hay demasiadas cosas que no cuelan porque suenan a gigantes y cabezudos con pasacalles de misa negra.
Rajoy evita el rescate no porque no nos interese y sea mejor buscar un mejor momento, sino porque un rescate significa, en realidad, que vendrán unos señores de fuera a mirar las cuentas. Y el Presidente está dispuesto a lo que sea, pasando por vender a su madre o a la nuestra, antes de permitir que nadie le mire las cuentas y vea la cantidad de mentiras y porquería que ocultamos bajo las alfombras.

Cuando se marchó Zapatero, las cuentas presentadas eran falsas y el déficit público pasó en pocos meses del 8,5 % anunciado a unas décimas por encima del 10 %. Y hablamos del porcentajes del PIB, o sea que hablamos de casi veninte mil millones de euros, o tres billones de las antiguas pesetas.

Después de ganar las elecciones, el PP cacareó esas mentiras a todo trapo, pero luego salieron las comunidades autónomas que gobernaban ellos mismos aportando más basura y más deuda a la contabilidad, hasta el momento presente en que se aprueban unos presupuestos en los que se dan por cumplidos los objetivos para 2012 (lo que es falso) y se mejoran las expectativas para el 2013, que es delirante.

Luego, por supuesto, la culpa de que España pierda credibilidad será de Artur Mas y sus payasadas independentistas. Pero lo cierto es que nadie nos cree porque cada vez mentimos más y peor: tuvieron que venir a hacer una auditoría externa de nuestros bancos porque les daban risa los informes del Banco de España, la CNMV y el Tribunal de Cuentas, nos bajan la nota crediticia porque nadie sabe cuánto gastan y cuánto deben las sanguijuelas autonómicas, y se mantienen en los presupuestos todos los gastos para pagar empresas de amigos y aliados mientras se recorta la inversión y se eluden reformas, como la del mercado de la energía, ese viejo atraco que no cesa.

No le demos vueltas. Zapatero era un inútil y Rajoy es un cobarde. Con semejantes mimbres, no podemos confiar en la castidad de la Bernarda. Tenemos demasiada experiencia como para ignorar que, cuando se habla de la Bernarda, no es la castidad lo que se espera.

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Empresa española suspende el desarrollo de un antitumoral que funcionaba pero sólo era útil para un tumor infrecuente

Chungo lo tienen los afectados por enfermedades raras...

Esta es la clase de noticias que me cabrean: Una bioteconológica española, Zeltia, estaba trabajando con un nuevo antitumoral para cáncer de esófago y descubrió que el nuevo medicamento tenía una actividad muy notable, pero en la fase II de los trabajos ha decidido suspender el desarrollo del fármaco, por ser útil sólo para un 1 % de los tumores de esófago. Para quien esté interesado en más detalles sobre el asunto, el nombre del fármaco es IRVALEC, así que lo ponéis en Google y los que tengáis la suerte de entender del tema, os informáis mejor de lo que puedo hacer yo.

En este caso, la reacción es comprensible porque se trata de una empresa pequeña que no puede permitirse de ninguna manera ese gasto sin recuperarlo luego, pero no dejo de preguntarme cuántos fármacos similares a este hay atascadaos en los archivos por curar solamente enfermedades raras o simplemente infrecuentes.

Zeltia, que posiblemente abarca ya más de lo que puede con sus medios humanos y financieros (antitumorales marinos, fármacos contra el Alzheimer etc.) ha tenido que dejar esto aparcado, pero ha informado de ello. ¿Y no hay nadie que quiera seguir adelante con el proyecto?, ¿no se gastan millonadas en las universidades en proyectos de investigación sin ningún resultado?,¿No es lo bastante interesante para que un Ministerio o una Universidad prosigan estos trabajos en uno de los centros que ya tienen abiertos? ¿No hay aquí una buena ocasión para gastar en algo realmente útil las subvenciones que a veces van al hoyo de la irrelevancia, la tontería o la simple incompetencia?

Por el lado de la iniciativa privada ya no me meto: cada cual invierte en lo que puede y quiere, pero de veras me cabrea que el sector público pase por alto estas cosas, las útiles pero no rentables a corto plazo, que es donde verdaderamente puede y debe enfocar su inversión en investigación.

Y sí, ya lo sé: deberían poner también dinero las empresas privadas, pero eso me parece ya confiar demasiado en la naturaleza humana y mi ingenuidad no llega para tanto.

Felicidades a los gallegos de Zeltia por lo que han encontrado y a ver si hay suerte, se forran con otra cosa, y siguen para delante con esto.

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La triste plaga de los edificios muertos

Vete a saber qué recibo dejaron de pagar...

Me lo contaba el otro día una amiga: cada vez hay más edificios muertos, con toda la tragedia que eso conlleva y la dificultad de solucionar un tema como ese, en el que se mezclan lo económico y social de manera inseparable.

¿Y que es un edificio muerto? Pues aquel en el que una parte sustancial de los vecinos, la mitad a veces, no puede pagar su cuota de la comunidad, con lo que no se puede pagar la calefacción, la señora de la limpieza, la revisión de los ascensores ni el seguro de la comunidad, entre otros servicios comunes. De hecho, en muchos casos ni siquiera se puede pagar ala administrador, o a un abogado que reclame estas cantidades, con lo que en poco tiempo todos, los que pueden pagar y los que no, se ven viviendo en un lugar difícilmente habitable, sin luz en la escalera, sin ascensor, sin calefacción y sin agua caliente.

Y lo pero de todo es que la solución pasa por presionar a tu vecino, que muchas veces es tu amigo. ¿Pero cómo le vas a presionar, si lo conoces de toda la vida y sabes que si no paga es porque no puede? ¿Cómo le vas a presionar si sabes que debe tres letras al banco y que está en las últimas?

Sin embargo, ya lo veis, nadie habla de esta tragedia: se habla de las personas desahuciadas y de los cholletes de los bancos, pero nadie conoce este infausto término medio donde todos, sin excepción,. pagan las consecuencias de los que compraron si poder, los que aprovechan para no pagar y los que han tenido un golpe de mala suerte, como quedarse ambos miembros de la familia en paro.

Ded estos pòlvos vendrán los lodos de los incendios al buscar calor de maneras alternativas, los robos, la inseguridad por la oscuridad en la escalera. Y lo que no imaginamos.

Por mi parte hago lo que puedo: ayudar a que se sepa.

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Los embajadores del País de las Hostias

No arde un ministerio...

En todas las sociedades y en todas las épocas hay una inmensa mayoría de personas que lo único que desean es poder vivir tranquilamente, criar a sus hijos, casarse con la persona que quieren y vivir lo mejor posible.

Sin embargo, en todas las sociedades y épocas hay también personas que prefieren la violencia o no ven otra salida a ciertas situaciones, ya sea por su propio carácter o porque consideran que las protestas pacíficas no sirven para nada. Estos son los que yo llamo embajadores del País de las Hostias.

En España, últimamente, estamos asistiendo a un renacer de este grupo, amparado en la crisis económica, el descontento general, y la lógica impopularidad de los recortes que aprueba el Gobierno. Dicen luchar contra el sistema, peor en realidad, y es incontestable, queman la furgoneta del panadero y rompen el escaparate del bar de barrio. O dicen defender el orden y se dedcan a partiurle la cara a losd que más a mano tienen, proque buscar a los verdaderos violentos es molesto y peligroso.

Los hay, por tanto, en los dos grupos: entre los manifestantes y entre los policías, y en el fondo son iguales y prácticamente intercambiables, dependiendo del turno que tengan, el pie con el que se hayan levantado o de qué vaya la protesta.

La estrategia, en ambos lados, es clara:

-Por parte de los manifestantes violentos, no se trata de conseguir nada, pues saben de sobra que quemando contenedores no se consigue nada, sino de crear un ambiente en el que se genere una especie de estado de excepción que permita saqueos y actos vandálicos. Se trata sobre todo de cainismo, ajustes de cuentas, dar rienda suelta al placer de romper y destruir cosas y en algunos casos, muy extraños, fomentar un revuelta de más alcance que consiga generalizar el expolio de sus vecinos. Porque nonos engañemos: cuando hablan de repartir loa bienes d e los ricos se refieren al coche del vecino, que lo han visto aparcado y les gusta, y no al de Emilio Botín, que no lo han visto en su vida y saben que, en todo caso, no será para ellos, sino para el Presidente de su futuro Politburó.

-Por parte de la reacción a  estas protestas, se trata de imponerse. De marcar el territorio. De demostrar quién manda. De demostrar que la autoridad consiste en imponerse y no en razonar nada. La única idea que les pasa por la cabeza es “sacudir a esos cabrones” para que espabilen. Es un juego de perros mordiendo pro marcar un territorio y demostrra quién manda en la manada. Lo demás, no interesa. En algunos casos, unos pocos, lo que intentan es generar un estado de criminalización de las protestas en el que la reacción de los que quieren vivir tranquilos sea pedir más hostias, más dureza, más control policial y más represión.

La dialéctica de la violencia callejera, en general, repugna a esa mayoría de gente que quiere vivir en paz, salir con su pareja y criar a sus hijos, y cuando se extrema, acaba produciendo fascismo en vez de revolución.

Después del suficiente número de alborotos y de incendios, ya no es la policía la que reparte estopa, sino que sale el dueño del bar al que le rompieron el escaparate, y el panadero al que le quemaron la furgoneta, y salen con una barra de hierro, sus hijos, sus amigos, para demostrar quién es en realidad la mayoría y quién da en realidad todos los palos. Como sucedió en Londres.

Y cuando eso se generaliza, tenemos el Berlín de los años 30, porque los embajadores del País de las Hostias se sorprenden luego de que los obreros se hagan fascistas y acaban por buscar razones en extrañas conspiraciones que no pueden comprender.

Y es más simple que todo eso: la revolución es otra cosa. Las carreras son los Sanfermines y las fogatas son las Fallas. Dejarse manipular por los que quieren la revolución o el fascismo, tiran la piedra y se meten en la multitud, es no haber entendido nada.

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El cambio en el rostro de los borrachos

Blues...

Vivo en una zona de paso: por aquí circulan por las noches lo que se van del Barrio Húmedo en dirección a sus casas, después de que hayan cerrado todos los bares.

Hasta hace unos años, este era un lugar de juerga, y una de mis preocupaciones consistía en cerrar bien las ventanas para que no me despertasen las hordas desaforadas con sus cánticos regionales. Y sí, lo propongo: el gobierno del Principado de Asturias debería hacer una campaña seia para que su himno oficial lo cantase de cuando en vez gente sobria.

Bromas aparte, el caso es que por aquí siguen pasando muchos borrachos, pero he observado algo que me preocupa: cada vez pasan a horas más tempranas y algo ha cambiado en su rostro. Ya no son aquellos borrachos que se tomaban la cogorza con alegría. Ya no son aquellos chavales que venían hasta el culo de vinos y cubatas, rumbo a sus pisos de estudiantes, para espantar la resaca y estudiar el puto análisis matemático.

Ahora veo cada vez a más borrachos de cierta edad, bien vestidos, con el traje ajado por el uso y las suelas carcomidas por paseos inútiles. Veo cada vez más hombres sin afeitar, entre los cuarenta y los cincuenta, con los ojos enrojecidos y la lengua trabucada por algo que no sólo es el alcohol.

Ahora, cuando veo a un hombre tambaleante, apoyándose en la verja de la catedral, o en las piedras ennegrecidas de la diputación, ya no pregunto tanto dónde habrá estado, sino de dónde habrá salido y a dónde no quiere regresar.

Cuando a las dos de la mañana apriete fuerte  la helada, muchos de ellos ya se habrán recogido a lugares igual de fríos, a silencios o a gritos, pero sin la carcajada del que quiso olvidarse de sí mismo por un rato para recobrarse después.

Nuestras ciudades se entristecen. El tópico de beber para olvidar regresa en su máxima vigencia con personas que no buscan, como hasta hace poco, el olvido existencial del que lo tiene todo y no sabe qué hacer con su vida, sino que llevan el la frente la mirada de los mil metros de los excombatientes derrotados.

Son los militantes de la desilusión, soldados del desencanto y del para qué. Son los “paraquéidistas” de esta nueva guerra que empezamos a ver perdida.

In vino veritas, decían los romanos. La verdad está en el vino. Lo malo es cuando la salida de emergencia acaba trazada en una botella.

Maldita sea.

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Maneras de mentir (I) La enumeración interesada

No suelen ser tan inocentes como este...

Nos engañan tanto y tan a los bestia, que me ha parecido buena idea hacer un pequeño recorrido por los trucos que se emplean contra nosotros, tanto en política, como a nivel comercial, o en los medios de comunicación.

Muchos de estos trucos miserables los aprendí cuando era comercial y me dedicaba a vender cosas, así que espero que os sirvan de algo, aunque sólo sea para que no os tomen el pelo, o no más de lo saludable.

La enumeración interesada es un modo de forzar al receptor del mensaje, ya sea oyente, lector o espectador, a completar una frase incompleta, creando el nexo que uno dos partes independientes. Se usa a veces para evitar las demandas judiciales y se utilizaba para cachondearse de la censura, en los tiempos en que esta era explícita, y no tácirta, como ahora.

Un ejemplo:

Conozca la verdad. Vote a Manolo.

Manolo siempre fue un embustero y no se atreve a decir que él representa la verdad, pero por ese simple procedimiento  se permite poner en nuestras calles un cartel que le vincule con la verdad sin decirlo abiertamente.

Este sistema, que parece una tontería, puede ser mucho más refinado y de hecho es el que se emplea a la hora de elegir el orden en que se ofrecen las noticias en un informativo, de manera que el espectador o el oyente vincule unas con otras, aunque no se dé cuenta.

El mecanismo fue descrito por las escuelas psicológicas austriacas a mediados del siglo XX y desde entonces se emplea profusamente tanto en política como en medios de comunicación como en publicidad. A él se debe, por ejemplo, que algunas marcas se nieguen a salir en los cortes de las películas si en el minuto anterior ha habido algún acto muy violento o desagradable.

Los ejemplos son mulktitud, pero creo que con el burdo ejemplo ofrecido se entiende de sobra.

En psicología, y más en psicología de masas, el orden de los sumandos SI altera la suma.

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