Minar Keith y la United Fruit Company. Una historia bananera

CUANDO Minar C. Keith murió todos los periódicos publicaron su fotografía: un hombre de ojos brillantes con nariz de águila, vientre respetable y una mirada de desasosiego.
Minar C. Keith, hijo de un hombre rico, nació en una familia que apreciaba el olor del dinero; eran capaces de oler dinero en cualquier punto del globo.
Su tío era Henry Meiggs, el Don Enrique de la Costa Oeste. Su padre tenía grandes empresas madereras y propiedades en Brooklyn;
el joven Keith era una astilla de ese palo.
(En el cuarenta y nueve Don Enrique había llegado a San Francisco con la fiebre del oro. No se lanzó a buscarlo en las colinas ni se murió de sed revolviendo el polvo de álcali de Death Valley. Él les vendía equipos a los demás. Se quedó en San Francisco y jugó a la política y a las altas finanzas hasta que se embarró demasiado y tuvo que embarcarse de apuro.
El barco lo llevó a Chile. En Chile olió dinero.
Era un capitalista yanqui. Construyó el ferrocarril de Santiago a Valparaíso. En las islas Chincha había depósitos de guano. Meiggs sintió que el guano olía a dinero. Con el guano hizo una fortuna, se convirtió en una potencia de la Costa Oeste, manejó cifras, ferrocarriles, ejércitos, la política de los caciques: todos eran para él fichas de una partida de póquer. Cuando la suerte le daba buenas cartas, acumulaba dólares.
Financió los increíbles ferrocarriles de los Andes).
Cuando Tomás Guardia llegó a ser dictador de Costa Rica, le escribió a Don Enrique para pedirle que le construyera un ferrocarril;
Meiggs estaba trabajando en los Andes, pero un contrato de 75.000 dólares valía la pena,
así que mandó llamar a su sobrino Minar Keith.
Donde pisaba esta familia no crecía la hierba.
A los dieciséis años Minar Keith vendía cuellos y corbatas por su cuenta en una sastrería.
Después de eso fue capataz de un aserradero y propietario de otro.
Cuando su papaíto compró Padre Island, cerca de Corpus Christi, Texas, mandó a Minar a explotar la zona.
En Padre Island, Minar se dedicó a la ganadería y a la pesca, pero con eso no se hacía dinero suficientemente rápido, de modo que compró cerdos y los alimentó con carne de novillos y pescado, pero los cerdos no daban dinero fácil, así que cuando lo enviaron a Limón se alegró.
Limón era uno de los peores focos de peste del Caribe, hasta los nativos se morían de malaria, fiebre amarilla, disentería.
Keith subió hasta Nueva Orleans en el vapor John G. Meiggs a contratar mano de obra para la construcción del ferrocarril. Ofreció un dólar por día además de la comida y contrató setecientos hombres. Algunos habían sido filibusteros en las épocas de William Walker.
Sólo sobrevivieron veinticinco.
Los esqueletos húmedos de whisky de los demás se pudrieron en los pantanos.
En un segundo viaje se llevó mil quinientos. Murieron todos, para demostrar quizá que sólo los negros de Jamaica eran capaces de vivir en Limón. Minar Keith no murió.
En 1882 había instalados treinta kilómetros de ferrocarril y Keith debía un millón de dólares;
el ferrocarril no tenía nada que transportar.
Keith hizo plantar plátanos para que el ferrocarril tuviera algo que transportar; para comercializar los plátanos tuvo que meterse en el negocio del transporte;
así empezó el comercio de frutas del Caribe.
Ni un momento los trabajadores dejaban de morirse de malaria, fiebre amarilla y disentería.
Hasta los tres hermanos de Minar Keith murieron.
Pero Minar Keith no murió.
Él construyó ferrocarriles, abrió tiendas de ultramarinos en Bluefields, Belice, Limón, compró y vendió caucho, vainilla, carey, zarzaparrilla, compraba todo lo que costara poco y vendía todo lo que pudiese cobrar caro.
En 1898, en colaboración con la Boston Fruit Company, fundó la United Fruit Company, que desde entonces pasó a ser uno de los consorcios industriales más poderosos del mundo.
En 1912 incorporó a su emporio el Ferrocarril Internacional de Centroamérica;
todo empezó con los plátanos;
en Europa y Estados Unidos la gente había empezado a comerlos, de modo que talaron las selvas de Centroamérica para plantar más y construyeron ferrocarriles para transportarlos, y todos los años más y más barcos de la Gran Flota Blanca partían hacia el norte cargados de plátanos
y ésta es la historia del imperio americano del Caribe y del Canal de Panamá y del futuro Canal de Nicaragua y de los marines y los destructores y las bayonetas.

 

John Dos Passos. Paralelo 42

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Woody Allen y la honestidad pública

Que pensaba yo que éramos muy modernos y muy sesudos con eso de discutir si un hombre puede o no casarse con la hija de su esposa (sin ser hija suya), y resulta que eso que hizo Woody Allen y que lo dejó retocado de imagen para ciertos grupos, ya está contemplado en el derecho romano primero y luego por el canónico, con profusión de citas, casos, ejemplos y jurisprudencia.

Y que resulta que lo tratan mejor que nosotros, con más atención a la naturaleza humana y, puede que con menos argumentos humanistas, pero con menos sensacionalismo.

Os dejo con ello:


El impedimento por pública honestidad es un impedimento matrimonial que consiste en una relación surgida de un matrimonio válido, y que es nulo.


Huellas de tal impedimento se encuentran, bajo otro nombre, en el derecho romano. Según Modestino (D. XXIII, II, 42, De ritu nuptiarum), las personas al casarse no sólo deben poner atención a lo que es legal, sino también a lo que es eminentemente conveniente. De ahí que en el derecho romano la afinidad surgida de un matrimonio válido, consumado o no, constituía un impedimento dirimente entre los afines de todos los grados en línea directa, y en segundo grado (según el método civil de calcular los grados) en línea indirecta u oblicua. Además había una cuasi afinidad que, para salvaguardar la moral pública, hacía nulo el matrimonio realizado: (1) entre un varón y su hija adoptiva o una mujer y su hijo adoptivo; (2) entre una mujer y el hijo o padre de su esposo, o, recíprocamente, entre un varón y la hija o madre de su esposa (D.XXIII, II, 12 y 14); (3) por último, entre personas afines por concubinato (bc. Cit. 14 y D. XXIII, X, 7).

La Iglesia, siguiendo esta legislación, hace suyo un impedimento que, a sus ojos, es algo exigido por la decencia pública y la moral correcta. La relación carnal, según el derecho canónico, lícito o no, es el principio de la afinidad. En el derecho romano este principio lo constituye el matrimonio válido, consumado o no. Es por ello que la honestidad pública a veces coincide con la afinidad de los romanos y a veces con su cuasi afinidad.  El impedimento de honestidad pública surge de unos esponsales válidos entre un varón y las parientes consanguíneas de primer grado (madre, hijas, hermanas) de la mujer y, respectivamente, entre una mujer y los parientes consanguíneos del mismo grado del varón (padre, hermanos, hijos). (El canon 1093 del Código de Derecho Canónico, promulgado por Juan Pablo II en 1983, dice: “El impedimento de pública honestidad surge del matrimonio inválido después de instaurada la vida en común o del concubinato notorio o público; y dirime el matrimonio en el primer grado de línea recta entre el varón y las consanguíneas de la mujer y viceversa”). Una vez que surge, ese impedimento subsiste siempre, aunque el matrimonio sea declarado legalmente disuelto (Cfr. Esponsales). Conviene hacer hincapié en que, para que sean válidos, los esponsales deben (Cfr. “Ne temere” de Pío X) quedar registrados por escrito, y estar firmados por ambos contrayentes y por el ordinario, o por un párroco dentro de su territorio, o por dos testigos. Si alguno de los contrayentes está incapacitado para escribir, debe añadirse un testigo más. Si las nupcias se celebran condicionalmente, el impedimento no tiene vigencia hasta que no se realice la condición.

Segundo, por una razón mayor, este impedimento surge a partir del contrato de matrimonio, aunque no quede perfeccionado por la relación carnal, y aunque el matrimonio quede invalidado, a menos que la invalidez se deba a falta de consentimiento legal. La decencia pública da paso a la afinidad a partir de la relación carnal y, si bien hay quien niegue esto, todos admiten que basta que en una solicitud de dispensa se exprese el impedimento de afinidad, mientras que se sobreentiende la decencia pública, si aún existe.

Este impedimento no se origina en el matrimonio civil (S.C.C 17 de marzo, 1879), ni la honestidad pública puede dar lugar a un segundo impedimento que perjudique un matrimonio anterior. O sea, un matrimonio contraído (a menos que haya sido consumado) con la madre, hermana o hija de un cónyuge no impide que uno guarde su promesa a esa persona. Como el impedimento de afinidad es de origen eclesiástico, la Iglesia puede dispensarlo, y no afecta a las personas no bautizadas, aunque ellas puedan después hacerse cristianas. La dispensa de “disparidad de culto” también incluye la de honestidad pública, pues la parte bautizada lo requiere. Por último, es evidente que este impedimento puede afectar a la misma persona varias veces cuando, por ejemplo, algún varón fuera a contraer matrimonio con varias mujeres emparentadas consanguíneamente en primer grado.

GASPARRI, De Matrimonio (París, 1904); SLATER, A Manual of Moral Theology, II (Nueva York, 1908), 306; y todos los manuals de Derecho Canónico.

A.B. MEEHAN
Transcrito por el Instituto Claremont
Traducido por Javier Algara Cossío

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El sueño de conquistar Egipto

conquistaEl reino de Jerusalén era, o así se consideraba, una potencia de primer orden en el tablero de Oriente Próximo. Continuó, mientras pudo, la política de alianzas con los emiratos musulmanes disidentes como Damasco y, cuando esto no era posible, se convirtió en promotor de proyectos fantásticos. Amalrico (1162-1174), rey de Jerusalén, intentó cinco veces la conquista de Egipto.

Para coronar su sueño, tejió un intrincado sistema de alianzas políticas que implicaron a las fuerzas militares del Oriente latino, a Occidente –convocando una nueva cruzada– y al Imperio Bizantino. Lo extraordinario no es tanto la grandiosidad de su idea –que retomó san Luis con ocasión de la VII cruzada, de 1248-50– como el hecho de que estuvo a punto de hacerla realidad, tanto que obligó a Egipto a pagarle tributos y su ejército puso sitio, con escaso éxito, a Alejandría (1167), El Cairo (1168) y Damieta (1169). Amalrico no era un insensato. Su proyecto no trataba tanto de la conquista de Egipto como de evitar la formación de un Imperio musulmán que comprendiese Siria y Egipto y en el que se empeñaron, primero, Nured- Din y luego Saladino (1174-1193).

Las campañas egipcias de Amalrico pusieron fin a una época. Tras ellas, los Estados francos cayeron en una progresiva debilidad político-militar. Por eso, tras su victoria en Hattin (4 de julio de 1187), a Saladino no le resultó muy difícil situarse a un paso del triunfo definitivo. La toma de Jerusalén por Saladino, el 2 de octubre de 1187, constituye uno de los momentos culminantes de la historia del Oriente latino. En poco tiempo, el reino de Jerusalén, el principado de Antioquía y el condado de Trípoli fueron casi borrados del mapa, pero lo sorprendente fue que, en el transcurso de pocos años, se inició un proceso de reconquista, aunque el nuevo reino de Jerusalén no alcanzaría las antiguas fronteras y tendría que contentarse con un territorio limitado entre Jaffa y Beirut, privado de la antigua capital –ocupada de nuevo sólo por breve tiempo (1229-1244) – y además sin un auténtico dominio del interior. Los otros dos principados padecieron un reajuste similar.

El Oriente latino se transformó en un mundo más complejo, que proyectó sus intereses hacia el reino armenio de Cilicia –llamado Pequeña Armenia– y hacia el rico reino de Chipre. Por una parte, las ayudas de Occidente, en forma de nuevas expediciones militares y, por otra, la renovada unidad de las fuerzas más emprendedoras del mundo oriental habían dado nuevo vigor a la iniciativa cruzada. Si la bizantina Chipre había sido una  conquista, esencialmente, del inglés Ricardo Corazón de León (1191) –que después de la Tercera Cruzada había considerado oportuno cederla a una familia del lugar, los Lusignan– en el caso del nuevo reino de Cilicia. Fue decisiva la decisión del soberano armenio León de reconocer la supremacía del emperador de Occidente (1198), para formar con los francos un frente común contra musulmanes y bizantinos.

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Las Play Pump, ese invento tan bienintecionadamente nefasto.

Uno de esos artefactos

Uno de esos artefactos

A alguien, a mediados de los noventa, se le ocurrió la feliz idea de combinar la ayuda a los adultos con el desarrollo de los niños, y así surgió la Play Pump.

¿Y eso qué es? Se trata de una bomba de agua conectada a un profundo pozo que en vez de ser accionada manualmente par sacar agua se accionaba jugando en un tiovivo infantil, con caballitos y otros juguetees. Así, además de jugar los niños, sacaban agua en las zonas más necesitadas de África,, liberando de ese trabajo a las mujeres, que eran las que tradicionalmente realizaban la tarea.

Fueron varios los países beneficiarios de esas Play Pump, pero se instalaron sobre todo en Malawi y la República del Congo.

¿Y qué pasó? Que para nosotros, en nuestra sociedad, era una idea muy buena, pero allí resultó que los niños jugaban sólo algunos ratos al día, y que el resto del tiempo lo dedicaban a otras tareas. Y resultó que las mujeres y los niños, cada vez que necesitaban agua, en vez de tener que mover con su esfuerzo una bomba manual, tenían que mover todo un artefacto de Micky Mouses, caballitos y demás chorradas, con todo su peso, para poder beber.

Y resultó que no sólo era más trabajoso, mucho más trabajoso, sino también terriblemente humillante y que los hombres, que antes rara vez participaban en esta tarea, dejaron por completo de hacerlo. El único momento en que lso niños jugaban en el tiovivo y sacaban agua era cuando llegaban los europeos a hacerles fotos, así que durante mucho tiempo el proyecto pareció un éxito.

Hasta  que a alguien, un buen día, se le ocurrió preguntar en una aldea si querían que la nueva bomba fuese de las de siempre, o un tiovivo, y la respuesta fue clara: 100% en contra del tiovivo. A un pedagogo desconfiado se le ocurrió pensar que se estaba marginando a los niños, y les preguntó aparte: 100% también en contra del tiovivo, para que no les obligasen a pasarse el día entera dándole vueltas, como si fuesen asnos.

O sea, un exitazo.

La conclusión, pro si alguien la quiere, es que no podemos arreglar los problemas de otras sociedades pensando que funcionan como la nuestra: con gente sana, alegre y con ganas de jugar para pasar el rato. Porque lo cierto es que allí, sacar agua, no es una cosa de juego, no una necesidad que se pueda cubrir mientras se pasa el rato.

 

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La ginebra. Características y elaboración tradicional.

No tiene mucho que ver, peor es la foto que venía...

No tiene mucho que ver, peor es la foto que venía…

Se da el nombre de ginebra á una bebida muy alcohólica que se obtiene mediante el alcohol procedente de cereales y destilado con bayas de enebro y otras materias aromáticas. Según el Real decreto del 17 de Septiembre de 1920, debe entenderse en España por ginebra el producto de la destilación del mosto fermentado de cereales en presencia de bayas de enebro.

Behrend obtuvo de 128 kg. de bayas de enebro un vino que dio por fermentación 18,75 litros de alcohol de 64 volúmenes por 100, y 20 litros de alcohol de 10 volúmenes por 100.

Según König, la composición media de la ginebra, deducido de cuatro análisis, es la siguiente: alcohol en volumen, 46 por 100; extracto seco, 27,1 mgr.; ácido, 51,1; aldehi­do, 11; furfurol, 0,9, y alcoholes su­periores, 181,5 mgr. en 100 cm.s; los éteres contenidos en 100 cm.* corerspondían a 119,2 centímetros cúbi­cos de solución dédmonormal de pota­sa cáustica.

Las principales variedades de gi­nebra son la inglesa y la holande­sa. La primera suele recibir el nom­bre de gin y la segunda Hollands ó Schnapps y también Geneva. Estas des variedades se distinguen una de otra principalmente por su aroma; además,debe tenerse en cuenta que los diferentes fabricantes tienen fórmulas que mantienen secretas.

Prescindiendo de las bayas de ene­bro, se emplean, al parecer, en la fa­bricación de esta bebida alcohólica diversas materias aromáticas, por ejemplo, las raíces de angélica y de cálamo, las semillas de cardamomo y de cilantro, las yemas de casia, el hinojo, etc. Para la obtención del alcohol que entra en la fabricación de la ginebra se acostumbra á emplear una mezcla de maíz, malta y centeno. Parece preferible no rectificar el alcohol hasta el extremo de hacerle perder el aroma característico procedente de los cereales de que procede. Las materias aromáticas se añaden directamente ó se destilan por separado, mezclando en este último caso el destilado al alcohol que debe ser aromatizado. También se em­plea otro método que algunos consideran preferible, consistente en redestilar el alcohol después de haberle añadido las substancias aromáticas en un aparato destilatorio cuya cucúrbita tiene un capitel largo.

En Holanda se obtiene sobre todo la ginebra en Schiedam, operándose por lo regular con alambique de cucúrbita y sometiendo el alcohol á tres ó cuatro rectificaciones posteriores; los fabricantes de ginebra adquieren este alcohol y lo aromatizan. Parece que la ginebra holandesa de superior calidad se prepara par­tiendo de una mezcla de 2 partes de centeno molido y 1 de malta también molida; luego se mezclan cada 10 ó 12 kg. de la mezcla con 100 litros de agua. Después de lograr una mezcla bien uniforme, se añade á ella agua fría hasta que el líquido resultante tenga una densidad comprendida entre 1,033 y 1,038; se hace fermentar este liquido y se somete á la destilación el producto alco­hólico resultante. A la primera fracción destilada, que recibe el nombre de low wines, se le añade la porción que se cree necesaria de bayas de enebro y un poco de sal y se procede á una nueva destilación. Cuando se opera de este modo la ginebra contiene el aroma co­rrespondiente á las bayas de enebro y al centeno y á la cebada empleadas en la fabricación.

La ginebra dulce se prepara añadiendo jarabe á la ordinaria. El jarabe usado es una solución de azúcar refinado en su peso de agua. La ginebra llamada de Plymouth tiene un aroma especial que parece ser debido á.la adición de algo de ácido sulfúrico al al­cohol que se ha de rectificar. La adición de agua á la ginebra es fácil de descubrir determinando su grado alcohólico. Las demás falsificaciones no parecen ser frecuentes; sin embargo, se dice que, en algunos casos, se han encontrado en ella carbonatos alcalinos y aun alumbre y sales de plomo y de zinc. En substitución del aroma debido al empleo de las bayas de enebro, se ha añadido á veces la esencia de leño de enebro y la esencia de trementina. La riqueza alcohólica de la ginebra no debe ser inferior á unos 37° centesimales.

Enciclopedia Espasa, 1924

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La RDA antes y después del comunismo. (Enviado por un amigo de Rostock)

Fotógrafo Stefan Koppelkamm, quien ha recopilado los cambios urbanos sufridos antes y después de que Alemania del Este se uniera al resto del país germano, en la reunificación firmada en 1990.
Las fotos fueron tomadas en 1991 y 2003 respectivamente.

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El olor de la desgracia

A los perros no les gusta la pesca...

Tiempo atrás me gustaba la caza, pero no tanto por lo que pudiera traer a casa como por el placer de recorrer el campo, con el perro, antes urbano, afilando las orejas mientras pega su nariz al suelo en busca de una pista que nunca ha olfateado pero  invoca en su ancestral archivo de cosas que sabe sin haber experimentado nunca.

A nosotros nos pasa algo parecido. Necesitamos el campo igual que las cabras, pero nos aventajan en que ellas lo saben a ciencia cierta y nosotros jugamos a ignorarlo.

Un buen día, pensé que la virtud que necesitaba cultivar no era la acción, sino más bien la paciencia, y como Blops, mi pobre perro, se frustraba  con mis constantes fallos al apretar el gatillo, decidí dejar el merodeo campestre a su buen criterio y comprarme una caña de pescar.

Para aprender a lanzar el anzuelo hacia donde yo quería, cosa que parece más fácil de lo que es, me empeñé en fijar objetivos en medio del río, hasta que logré cierta destreza. Entonces fue cuando en un lugar complicado, protegido por las ramas de un chopo casi anfibio, divisé un pequeño barco de papel.Nada más atractivo que un barquito de papel flotando en el remanso de un río, entre pequeños despojos de la naturaleza y el descuido, en brava lucha contra palitos desprendidos de los árboles y los sargazos de las hojas arrancadas por un otoño demasiado temprano.

Como siempre me sucede, traté de imaginar al niño que lo había arrojado al agua, metros o kilómetros atrás, y en cierto modo me sentí unido a él. Siempre he creído que hay un nexo invisible en los objetos esperando a unir a las personas, así que me pareció un buen reto capturar aquel barquito para llevármelo a casa. Sería mi primer pez.

Ni que decir tiene que tardé toda la tarde, que enredé el sedal hasta media docena de veces en las ramas y que tuve que improvisar una montaña de voluntad para no acercarme el barquichuelo con la caña cada vez que iba a desenredar la tanza. Pero un reto es un reto, y si vas a hacer deporte se supone que te gustan esa clase de pruebas.

Blops, fatigado ya de correr por entre los juncos y los matorrales volvió a mi lado, arriesgándose a que mi primer pez fuera su pobre pellejo, y allí se quedó, tratando de comprender qué diablos hacía frente al agua, cuando todo el mundo sabe que no hay conejos en el río.

Ya empezaba a oscurecer cuando en un golpe de fortuna conseguí enganchar el barquito. Lo celebré con un rugido de alegría y lo arrastré pacientemente hacia mí, con algunas hojas de chopo que se adhirieron al papel.Nada más tenerlo en mi mano me di cuenta de que en aquel barquito había algo raro. El papel era demasiado duro y los pliegues dejaban ver partes impresas que no me parecieron normales.

Sin pensar en que era mi primer pez, deshice el barco y me encontré con una esquela, con el anuncio del funeral de un hombre joven.También con las esquelas se pueden hacer barco de papel y lanzarlas al río, pero mi instinto, el mismo que al perro hacía recordar un olor que no conocía, me hizo pensar en una desgracia oculta, en algún crimen siniestro celebrado discretamente con esta esquela sobre el río.

Quien lanza una esquela al río no es alguien que llora por el muerto.

Aquel papel debería oler a humedad, pero olía a desgracia. Y no hay peor desgracia que la que se mantiene a flote, a la vista, aparentando inocencia.

Blops olfateó el papel y gimió. Pensaba lo mismo que yo.

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