¿Por qué algunos pobres hablan bien de los ricos? Modos de mentir (II)

Vendedor de alfombras...

Todos conocemos la vieja figura antropológica del Tonto del Pueblo, y todos recordamos a algún personaje, motejado con este título, cambiando de equipo cada año para aplaudir al que va primero.

En principio, puede que nos haga gracia, pero las normas estadísticas y electorales obligan a pensar que todos tenemos algo de tonto del pueblo, cuando se prohíbe publicar encuestas unos días antes de las elecciones. ¿Y por qué se hace esto? Porque está demostrado que hay un grupo importante de población que quiere votar al que va a ganar. O sea, que les da igual quien gane, pero quieren haber votado a ese para sentirse vencedores.

La necesidad de vencer, o la necesidad de pertenencia a un grupo de éxito, lleva a reacciones muy curiosas, incluso en contra de los propios intereses. No me voy a meter ahora a analizar los orígenes de esta manía, más que nada por no extenderme dos folios y porque es imposible explicarlo sin resultar ofensivo, pero lo ciuerto es que se puede encontrar en casi todos los ámbitos de la vida, y no sólo en el deporte.

En el mundo cultural, por ejemplo, es muy habitual encontrarse con personajes que dedican la mitad de sus entrevistas a ensalzar la inteligencia, la estética, y la exclusividad de las élites, y no tanto porque realmente crean en esos valores, sino porque desean que se les incluya entre los estetas, los inteligentes y las élites.

Este es el truco contrario: el oyente tiende a asimilar el grupo defendido con aquel al que pertenece el que habla, con lo que si un sujeto alaba la inteligencia se le supone que es inteligente, lo mismo que si alaba a la libre empresa se le supone que es empresario.

El mayor refinamiento de este engaño, casi estafa, consiste en alabar a los ricos, hablar mal de las subidas de impuestos, pedir libertad de empresa y recortes sociales para hacerse pasar por una persona de alto novel económico y así, después, tratar de explotar alguno de los privilegios que se suponen a esta gente. Lo normal con quienes practican este método es que después te pidan prestado, o te digan que tienen una idea en la que al final tienes que poner tú el dinero porque ellos ponen los contactos, o la idea, o vete a saber…

Por eso, por mucho que Marx postule lo contrario, la verdadera lucha de clases no se plantea entre las clases a las que la gente pertenece, sino más bien entre las clases a las que la gente le gustaría pertenecer o a las que simula pertenecer.

Porque no hay rencor de clase más grande que el rencor a la clase propia.

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Somalia como ejemplo de paraíso neoliberal

Somalia

La escuela neoliberal, y su exagerado ejemplo literario de Ayn Rand, defienden la idea de que el Estado debe reducirse a su mínima expresión, llegando con el tiempo a desaparecer, ya que se trata de una superestructura que genera toda clase de incentivos perversos tendentes a fortalecerse y alimentarse a sí mismo, detrayendo recursos del verdadero sistema productivo para nutrir sus propios apetitos, incrementar su fuerza y perpetuar su dominio sobre los individuos.

En principio, y por nuestra lamentable experiencia, todos sabemos que hay algo de verdad en todo esto, pero se trata de una verdad parcial, semejante a afirmar que la democracia es un sistema lento, mediocre, que promueve las soluciones de compromiso en vez de las mejores y que conduce al poder a cobardes y mediocres. Si, vale, ¿pero hay una alternativa mejor?

Tanto en el caso de la democracia como en el del Estado, la respuesta, de momento, es negativa.

Para un neoliberal, los individuos son agentes suficientes para generar, mediante acuerdos tácitos o explícitos, las estructuras que se necesiten. Si uno tiene una fábrica y otros necesita el producto, ambos se pondrán d acuerdo para construir la carretera. El pago de esa carretera correrá a cargo de quienes transiten por ella, y la sanidad, por ejemplo, a cargo de quienes deseen usarla. Lo mismo sucede con la seguridad, pagada a escote pro quienes quieran evitar ser asaltados, y así sucesivamente con todos los productos y servicios, permitiendo que se desarrollen los necesarios y forzando a desaparecer a los inútiles.

Pero el caso es que eso mismo es lo que sucede en Somalia: el estado ha desaparecido y son los individuos los que tienen que buscarse la vida, pactando entre ellos para cubrir sus necesidades. No hay impuestos, no hay autoridades, no hay trabas al comercio ni al emprendimiento de actividad alguna. ¿Y qué sucede? Pues lo obvio, que nunca tienen en cuenta los neoliberales: que en ausencia de Estado, lo más barato es conseguir armas, y también lo más eficaz, porque las armas otorgan el mayor poder de negociación al menor coste. Aunque sea triste, el caso es que siguiendo la lógica neoliberal de intereses y costes, siempre sale más barato encañonar a una persona con un fusil que convencerla de algo, o que hacer que se interese por nuestro proyecto, o que pagarle un salario incluso.

El caso de Somalia ilustra perfectamente las consecuencias de un liberalismo a ultranza;: desaparición de las sinergias del automatismo social, violencia, señores de la guerra, desaparición de infraestructuras básicas, intento de aprovechar al máximo lo preexistente para no invertir en crear nada nuevo, inseguridad jurídica, inseguridad económica, y finalmente catástrofe económica y desastre humano.

El neoliberalismo funcionaría si no existiesen la codicia o la violencia, lo mismo que el comunismo funcionaría si no existiesen el oportunismo o la vagancia. Por tanto, estos dos sistemas hay que reservarlos para otra dimensión, o para otro bicho. Con humanos, no funcionan.

 

 P.S.:Como siempre que se habla de estas cosas aparece la odiosa comparación, advierto desde ya que no voy a hablar de Corea del Norte y las maravillas de los paraísos socialistas. Por mi parte, está sobradamente demostrado el tipo de estercolero al que lleva el comunismo, y soy un férreo partidario de la idea de que las porquerías no se compensan unas con otras, sino que simplemente se suman a la hora de destruir la vida de las personas.

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La Hawala, ¿banca de inmigrantes o tapadera criminal?

La Hawala es una red económica informal...

Después de hablar de cómo veía un marroquí residente el Libia la vida en aquel país, y de lo que desean los inmigrantes al llegar a España, cierro hoy la serie de artículos nacidos de una charla con inmigrantes en un bar hablando de la Hawala.

Confieso que en mi vida había oído hablar de semejante cosa, y confieso también que tras investigarlo un poco más y preguntar a por la Hawala a algunas personas, me he quedado verdaderamente sorprendido de su alcance e implicaciones.

Pero en primer lugar, vamos a ver qué puñetas es eso de la Hawala:

Según nos cuenta la Wikipedia, la Hawala, también conocida como hundi es un término bancario árabe que significa transferencia de fondos. La palabra española AVAL procede de es este término.

Wikipedia, sin embargo, no nos explica cómo funciona, así que volveremos luego a ella, cuando hablemos de las impensables consecuencias de este sistema.

La Hawala se basa únicamente en el prestigio de una serie de hombres importantes y que avalan con su palabra y su nombre las operaciones. Se les llama Hawaladars. Y el funcionamiento del asunto, es mejor explicarlo con un ejemplo:

Cuando un inmigrante indio residente en Madrid quiere enviar mil euros a Calcuta, se dirige al Hawaladar de Madrid y le da el dinero y la dirección de su madre, por ejemplo. El Hawaladar de Madrid llama por teléfono al un Hawaladar de Calcuta y este, sin demora, le da la cantidad equivalente a mil euros a la madre del inmigrante indio.   Limpio, rápido, barato y absolutamente seguro.

Para el inmigrante, las ventajas está claras:

-Su madre tiene el dinero en pocas horas. Es casi impensable que el plazo sea mayor de 24 horas, porque estaría socialmente mal visto. (Según me dijeron, daría pie a dudar de la solvencia del Halawadar de Calcuta, y eso no lo permitiría él en ningún caso).

-No hay comisión de transferencia, salvo el favor que se le debe a ambos Hawaladares, o la pequeña cantidad que estos cobran algunas veces.

-No hay comisión de cambio de moneda.

-No hay que pagar sobornos no hay riesgo de que te roben: ya se ocupa el Hawaladar de Calcuta de que la madre reciba el dinero como es debido.

-No hay recibos, pruebas ni documentación de ningún tipo, ya sea de cara al fisco o a cualquier otro organismo.

Ahora viene la parte que más cuesta entender, o al menos la que más me costó a mí: ¿y qué pasa con los negocios entre los dos Hawaladars? Pues el de Madrid debe 1000 euros al de Calcuta, y se los paga en mercancías, por ejemplo, que simplemente le envía como regalo, o sin explicación alguna.

El Hawaladar de Calcuta tiene mil euros en Madrid y los puede gasta en loq ue quiera: en mandar a estudiar a un hijo, en pagar los estudios de alguien que viva en Calcuta y así se lo pida o en pedir que le envíen tres lavadoras. En lo que quiera, porque son suyos, y el Hawaladar de Madrid se los hará llegar en el modo que acuerden de modo que sea beneficioso para ambos.

Además del beneficio de las comisiones, que insisto en que son pequeñas, los Hawaladars obtiene toda una red de favores, eluden cualquier impuesto y pueden fginanciar de forma opaca cualquier tipo, cualquiera, de actividad que se propongan. Nadie dudará, por tanto, que el beneficio final esmuy grande.

Por ello, y ahí volvemos a Wikipedia, este sistema preocupa tanto a los gobiernos occidentales: porque además de ayudar a los inmigrantes, la Hawala es un magnífico sistema, invisible y casi indetectable, de financiar toda clase de actividades criminales, incluido el terrorismo, de blanqueo de dinero y de fraude fiscal.

Y es que, añado yo, lo que más molesta a un Gobierno es una red social en la que no puede entrar de ningún modo…

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